Nunca debí abrir ese chat

Capítulo 25 - La segunda marca

No volví a casa de inmediato.

Caminé sin rumbo, como si moverme evitara que algo me alcanzara. Como si quedarme quieta fuera exactamente lo que esperaban de mí.

El aire de la calle estaba frío, pero no lograba calmarme.
Las personas pasaban a mi lado sin mirarme.
Los carros seguían su ritmo.
Todo parecía... normal.

Y eso era lo que más me incomodaba.

Porque yo ya no lo estaba.

Bajé la mirada.

Mi muñeca.

La línea seguía ahí.

Más marcada que antes.

No dolía, pero se sentía.

No como una herida.

Sino como una presencia.

Apreté la mano, como si eso pudiera borrarla.

No desapareció.

Entré a una cafetería.

No la misma de antes.

Otra.

Distinta.

Como si cambiar de lugar pudiera cambiar lo que estaba pasando.

El sonido de la máquina de café, las tazas chocando, las voces bajas... todo me envolvió en una falsa sensación de seguridad.

Pedí algo sin pensar.

Me senté en una mesa cerca de la pared.

Un lugar donde pudiera ver todo.

Donde nadie estuviera detrás de mí.

Apoyé los brazos sobre la mesa.

Respiré.

Una vez.

Dos.

Tres.

Intenté concentrarme en algo simple.

El vaso.
La servilleta.
El borde de la mesa.

Cosas reales.

Cosas que podía tocar.

Pero mi mirada volvía siempre al mismo lugar.

La marca.

El celular vibró.

No lo saqué.

Mi respiración se tensó.

Otra vibración.

Más larga.

Más insistente.

Lo tomé.

Pantalla encendida.

Mensaje nuevo.

No era para que salieras.

Fruncí el ceño.

Entonces, ¿para qué?

Los puntos aparecieron con calma.

Como si no hubiera ninguna prisa.

Para ver hasta dónde ibas a llegar.

Apreté el celular.

¿Y hasta dónde llegué?

Miré alrededor sin querer.

La gente seguía en lo suyo.

Nadie mirando.

Nadie sospechando.

La respuesta llegó.

Lo suficiente.

Esa frase me incomodó más de lo que debía.

Como si hubiera cruzado algo sin darme cuenta.

El celular vibró otra vez.

¿Ya lo sentiste?

Mi cuerpo se tensó.

¿Sentir qué?

Los puntos tardaron.

El siguiente.

El corazón me dio un golpe seco.

Bajé la mirada de inmediato.

Mi muñeca.

La primera línea seguía ahí.

Pero no era eso.

Era otra cosa.

Más arriba.

Giré el brazo lentamente.

Ahí.

Una segunda línea.

Más tenue.

Más reciente.

Como si acabara de aparecer en ese instante.

Como si hubiera estado esperando que yo la mirara para hacerse visible.

Se me erizó la piel.

No...

No puede ser.

Pasé el dedo por encima.

No dolía.

Pero estaba.

Real.

Imposible de negar.

El celular vibró.

Ahora sí estás prestando atención.

Sentí que la respiración se me cortaba.

Esto no es normal.

La respuesta fue fría.

Nunca lo fue.

Miré la segunda marca.

Más clara ahora.

Más presente.

¿Van a seguir apareciendo?

Escribí con los dedos tensos.

La respuesta tardó más.

Demasiado.

Como si la pregunta importara.

Cuando llegó, no fue directa.

Depende.

Apreté la mandíbula.

¿De qué?

Los puntos aparecieron lentamente.

De cuánto sigas respondiendo.

Cerré los ojos un segundo.

Eso no tiene sentido.

Para ti no.
Para nosotros sí.

Ese "nosotros" me golpeó.

¿Quiénes son ustedes?

Silencio.

Largo.

Pesado.

El tipo de silencio que no evita una respuesta...

la construye.

Miré mis manos.

Las dos marcas.

Una más profunda.

La otra naciendo.

Como un proceso.

Como algo que apenas empezaba.

El mensaje llegó.

Los que ya dejaron marca.

Sentí un frío lento recorrerme la espalda.

Eso significa que...

No terminé la frase.

No hizo falta.

El celular vibró de nuevo.

Significa que ya empezaste a pertenecer.

Me quedé completamente quieta.

Las voces alrededor se volvieron lejanas.

Como si el sonido se hubiera alejado de mí.

Como si estuviera en otro lugar.

¿Pertenecer a qué?

Escribí.

La respuesta tardó.

Más que todas las anteriores.

Cuando llegó...

no fue completa.

Todavía no lo quieres saber.

Apreté el celular.

No quiero esto.

Los puntos aparecieron.

No funciona así.

Miré mi brazo otra vez.

Las líneas no parecían aleatorias.

Parecían... ordenadas.

Como si siguieran un patrón.

Como si alguien estuviera dibujando algo.

¿Esto termina?

Pregunté.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Tres.

La respuesta llegó despacio.

Demasiado segura.

No en la parte en la que estás.

Sentí un vacío en el pecho.

Miré el reflejo en la ventana.

No era diferente.

Pero ya no se sentía igual.

El celular vibró una última vez.

Esto apenas empieza a notarse.

Solté el teléfono.

Cayó sobre la mesa.

No lo recogí.

Me quedé mirando mi brazo.

Las dos marcas.

Y entendí algo que me dejó sin aire:

no era un accidente.

No era algo externo.

Era un proceso.

Y yo...

ya estaba dentro.



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En el texto hay: misterio, haccion

Editado: 26.05.2026

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