Nunca debí abrir ese chat

Capítulo 26 - La primera persona que intentó ayudarme

No fui a casa después de salir de la cafetería.

No quería encerrarme otra vez con el silencio, las luces encendidas y la sensación constante de que algo me observaba incluso cuando estaba sola.

Caminé durante más de una hora.

Sin rumbo.

Solo intentando cansarme lo suficiente para dejar de pensar.

No funcionó.

Las marcas seguían ahí.

Una en la muñeca.
Otra más arriba, sobre el antebrazo.

Dos líneas finas.

Demasiado precisas para parecer accidentes.

Demasiado reales para seguir negándolo.

Cada vez que las miraba, sentía la misma sensación incómoda:
como si no pertenecieran del todo a mi cuerpo.

El celular vibró dentro de mi bolsillo.

No lo saqué.

Seguí caminando.

Otra vibración.

Más fuerte.

Más larga.

Me detuve frente a una farmacia cerrada y finalmente miré la pantalla.

Mensaje nuevo.

No deberías estar sola ahora.

Fruncí el ceño.

¿Por qué?

La respuesta llegó rápido.

Porque ya empezaron a notarlo.

Sentí un escalofrío.

¿Quiénes?

Los puntos aparecieron lentamente.

Los que saben reconocer las marcas.

Guardé el celular de inmediato.

No quería leer más.

No quería seguir alimentando lo que fuera esto.

Crucé la calle.

El semáforo acababa de cambiar cuando escuché una voz detrás de mí.

—Espera.

Me congelé.

No porque reconociera la voz.

Sino porque ya no confiaba en ninguna.

Giré lentamente.

Era una chica.

Más o menos de mi edad.

Cabello oscuro recogido.
Sudadera gris.
Mirada nerviosa.

La había visto antes.

Tardé unos segundos en recordar dónde.

La tienda.

La chica que había visto la primera marca.

Ella también me reconoció.

Lo noté enseguida.

Su mirada bajó directamente a mi brazo.

Y cambió.

Como si confirmara algo que esperaba encontrar.

—Tienes otra —dijo en voz baja.

Sentí el corazón golpeándome el pecho.

Di un paso atrás.

—¿Cómo sabes eso?

La chica miró alrededor antes de responder.

—Porque no eres la primera.

El mundo pareció quedarse quieto.

—¿Qué...?

—Escúchame —interrumpió rápido—. No tengo mucho tiempo.

Eso empeoró todo.

—¿Quién eres?

Ella tragó saliva.

—Alguien que cometió el mismo error que tú.

La frase me heló.

La había escuchado antes.

Demasiado parecida.

—¿Tú también respondiste?

La chica no contestó de inmediato.

Y ese silencio fue suficiente.

Miré sus manos.

Sus mangas largas.

Demasiado largas para el calor que hacía.

Ella notó hacia dónde miraba y bajó los brazos enseguida.

—No las mires —dijo rápido.

—¿Las marcas?

Su expresión cambió apenas.

Miedo.

Miedo real.

—Mientras más las miras... más rápido avanzan.

Sentí un vacío en el estómago.

Eso no tiene sentido.

—Nada de esto lo tiene.

La gente seguía caminando alrededor de nosotras como si nada estuviera pasando.

Como si esa conversación no estuviera rompiendo algo dentro de mí.

—¿Qué son? —pregunté finalmente.

Ella dudó.

Mucho.

Como si responder fuera peligroso.

—No lo sé completo —admitió—. Pero sé lo que hacen.

Mi respiración se volvió más corta.

—¿Qué hacen?

La chica me miró directamente por primera vez.

—Te vuelven visible.

El celular vibró en mi bolsillo.

Las dos miramos hacia abajo.

La chica palideció.

—No respondas.

—¿Por qué?

—Porque ya saben que hablé contigo.

Sentí frío inmediatamente.

Saqué el celular.

Mensaje nuevo.

Aléjate de ella.

Levanté la mirada lentamente.

—¿Quién eres tú realmente?

La chica dio otro paso atrás.

—No importa.

—Sí importa.

Ella negó con la cabeza.

—No tienes que confiar en mí. Solo tienes que escuchar esto:

Miró directamente mis marcas.

Y dijo algo que hizo que el aire desapareciera de mis pulmones.

—La tercera es la peor.

Sentí el corazón detenerse un segundo.

—¿Por qué?

La chica abrió la boca...

pero nunca respondió.

Porque alguien la llamó desde el otro lado de la calle.

—¡Lena!

Ella giró de inmediato.

Y el miedo en su rostro fue instantáneo.

Real.

Desesperado.

Volvió a mirarme.

—No dejes que aparezca la tercera —susurró.

Y se fue.

La vi alejarse entre la gente hasta desaparecer.

Me quedé inmóvil.

El celular vibró otra vez.

No debiste hablar con ella.

Miré la pantalla con la respiración temblando.

¿Por qué?

La respuesta apareció lentamente.

Porque ahora vas a empezar a hacer las preguntas correctas.

Y por primera vez...

eso me asustó más que las marcas.



#1225 en Fantasía
#298 en Fanfic

En el texto hay: misterio, haccion

Editado: 26.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.