No volví a responder ningún mensaje ese día.
Ni uno.
Guardé el celular en el fondo del bolso como si alejarlo pudiera detener algo.
Como si ignorarlo fuera suficiente.
Pero había un problema.
Ahora sabía demasiado.
Y cuando sabes demasiado...
el silencio deja de sentirse seguro.
Llegué al apartamento casi cuando estaba anocheciendo.
El pasillo del edificio se veía igual.
Las mismas paredes.
La misma luz amarilla.
El mismo sonido lejano del ascensor subiendo y bajando.
Normal.
Todo normal.
Y ya no confiaba en lo normal.
Entré.
Cerré la puerta.
Seguro.
Dos veces.
Dejé el bolso sobre la mesa.
Me quité la chaqueta.
Y durante unos segundos...
me obligué a respirar.
—Nada está pasando —susurré.
Mentira.
El problema era que ya podía reconocer cuándo me estaba mintiendo.
Fui al baño.
Abrí la llave del agua.
Me mojé la cara.
Fría.
Necesitaba sentir algo real.
Algo que no viniera de mensajes.
Ni números desconocidos.
Ni marcas.
Las marcas.
Sentí un vacío inmediato.
Miré mi muñeca.
Primera línea.
Segunda línea.
Seguían ahí.
Pero había algo distinto.
Algo pequeño.
Algo que no estaba antes.
Subí lentamente la manga.
Y sentí que el aire desaparecía.
No.
No.
No.
Más arriba.
Cerca del codo.
Una tercera línea.
Mucho más tenue.
Como una sombra.
Como si todavía estuviera decidiendo aparecer.
Sentí el corazón golpeándome tan fuerte que me mareé.
La tercera.
La peor.
Las palabras de Lena explotaron dentro de mi cabeza.
"No dejes que aparezca la tercera."
Demasiado tarde.
Demasiado tarde.
Corrí hacia la sala.
Tomé el celular.
Lo encendí.
Diecisiete mensajes.
Diecisiete.
Todos distintos.
Todos números desconocidos.
Abrí el primero.
"Ya apareció."
Segundo.
"No la mires demasiado."
Tercero.
"Todavía puedes frenarlo."
Cuarto.
"No escuches a nadie."
Quinto.
"Escúchalos a todos."
—No...
Mi respiración empezó a romperse.
Abrí otro.
"Lena habló de más."
Se me heló el cuerpo.
Otro.
"No vuelvas a verla."
Otro.
"Ya saben que la viste."
Sentí algo peor que miedo.
Culpa.
Como si hubiera puesto a Lena en peligro.
Como si esto fuera mi culpa.
Mi celular vibró.
Número desconocido.
Uno nuevo.
Abrí.
"Mira la ventana."
No.
No iba a hacerlo.
"Mírala."
Cerré los ojos.
"Ahora."
Me levanté lentamente.
Demasiado lento.
Cada paso hacia la sala se sintió más pesado.
Más difícil.
Llegué.
Las cortinas seguían cerradas.
Todo tranquilo.
Todo silencioso.
Mi mano tembló.
Abrí apenas un espacio.
Y sentí que algo dentro de mí se rompía.
Al otro lado.
En el edificio de enfrente.
Séptimo piso.
Una ventana.
Abierta.
Y alguien...
observando.
No podía ver su rostro.
Solo la silueta.
Quieta.
Inmóvil.
Como si llevara mucho tiempo ahí.
El celular vibró.
"Ya puede verte."
Retrocedí de golpe.
No.
No.
No.
Mi respiración ya no salía bien.
Sentía el pecho demasiado apretado.
Demasiado aire.
Demasiado poco.
"No cierres la cortina."
Leí.
"Si la cierras..."
El siguiente mensaje llegó.
Y esta vez...
sentí miedo de verdad.
"...va a acercarse.
Editado: 26.05.2026