Nunca debí abrir ese chat

Capítulo 28 - Romper el patrón

No cerré la cortina.

No porque obedeciera.

Porque tenía miedo.

Me quedé inmóvil frente a la ventana, con la respiración rota y las manos temblando tanto que apenas podía sostener el celular.

La figura seguía ahí.

Séptimo piso.

Ventana abierta.

Sin moverse.

Como si supiera que la estaba mirando.

Como si hubiera estado esperando exactamente eso.

El celular vibró.

"No la mires demasiado."

Demasiado tarde.

No podía apartar la vista.

Intentaba encontrar algo.

Una cara.

Una señal.

Un error.

Algo que me demostrara que estaba imaginando todo.

Pero la silueta seguía ahí.

Quieta.

Paciente.

Esperando.

Mi celular vibró otra vez.

"Todavía puedes romper el patrón."

Fruncí el ceño.

¿Qué patrón?

La respuesta llegó casi de inmediato.

"El mismo que repites siempre."

No entendía.

"Miedo."

Tragué saliva.

"Miras."

Otro mensaje.

"Dudas."

Otro.

"Respondes."

Mi respiración se quedó quieta.

No.

No.

No iba a responder.

No esta vez.

Miré el teléfono.

Lo desbloqueé.

Abrí el chat.

Y lo bloqueé.

El número.

Por primera vez.

Silencio.

Nada.

Esperé.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Nada.

Una sensación extraña me atravesó el pecho.

¿Ya estaba?

¿Así de fácil?

Mi celular vibró.

Sentí el frío recorrerme completo.

Número desconocido.

Otro.

"Eso no cambia nada."

Lo bloqueé.

Otro.

"No funciona así."

Bloquear.

Otro.

"Ya aprendimos cómo encontrarte."

Bloquear.

Uno más.

"No nos gusta que cambies las reglas."

Sentí las manos heladas.

No.

No.

No iba a hacer esto otra vez.

Apagué el celular.

Completamente.

Pantalla negra.

Oscura.

Silencio.

—Ya está... —susurré.

Silencio.

—Ya está.

Me obligué a respirar.

Una vez.

Dos.

Tres.

Entonces...

toc.

Mi cuerpo entero se congeló.

No.

No.

No otra vez.

Toc.

Toc.

La puerta.

Mi puerta.

Sentí el aire desaparecer.

No podía moverme.

No podía respirar.

No podía pensar.

El celular apagado vibró sobre la mesa.

Lo miré.

No.

No.

No.

Apagado.

Estaba apagado.

Y aun así...

vibró otra vez.

Me acerqué lentamente.

Demasiado lento.

Lo tomé.

Pantalla negra.

Pero una frase apareció.

Sin abrir nada.

Sin desbloquear nada.

"Romper el patrón duele."

Un golpe más.

Más fuerte.

Toc.

Toc.

Toc.

Ya no eran dos.

Ahora eran tres.

Las tres marcas.

Los tres golpes.

Las tres voces.

Sentí algo helado recorrerme la espalda.

Y entonces...

lo entendí.

La tercera.

No era peor por aparecer.

Era peor...

porque cambiaba las reglas.

Y afuera...

al otro lado de la puerta...

alguien acababa de aprender las nuevas.



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En el texto hay: misterio, haccion

Editado: 26.05.2026

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