Nunca fui tuya

Vacía.

Capítulo 1.

—Señora Novak, el señor está por irse —anuncia Angie desde la puerta de la habitación.

—Gracias.

Me levanto del tocador suspirando. Supongo que será otro día en el que desayunaré sola. Al bajar por las escaleras de esta casa que cada jornada se siente más enorme, vacía y silenciosa, lo veo salir de la oficina donde se encierra en cada oportunidad que tiene. Está colocándose el abrigo, con la vista fija en el celular y el ceño fruncido mientras mensajea de forma frenética.

Hacerle reclamos a estas alturas es inútil.

—¿Vendrás temprano, verdad? Tenemos que terminar de armar las maletas —digo mientras me acerco para ayudarlo a acomodarse la ropa. De una manera indiferente, me aparta las manos—. ¿No tienes tiempo aún? Podríamos desayunar antes de que te vayas.

—Estoy muy ocupado buscando a los nuevos socios para la inversión del resort, Regina, así que debo irme ya —responde con frialdad sin concederme una sola mirada—. ¿Qué harás en el día?

Me sorprende su pregunta. La sola idea de que sugiera algún plan fuera de la casa me anima.

—Lo tengo libre. ¿Pensabas en algo? —musito con una sonrisa.

Levanta los ojos para verme.

—¿Y el gimnasio? ¿Lo abandonaste?

De pronto mi sonrisa, lentamente, decae.

—En fin, si no tienes nada que hacer, después de ir a entrenar deberías pasar por la doctor. Se está hablando de una nueva medicación para regular el apetito. —hace una pausa— Escucha, no sé a qué hora volveré. Que Angie prepare mi maleta. Existe una alta posibilidad de que primero te vayas tú al viaje y después yo me tome otro avión, aunque sea comercial, para alcanzarte.

Me quedo escuchando sus indicaciones mientras pasa por mi lado, sin apartar la vista del celular. No hay un adiós, un "nos vemos luego" o un beso. No hay gesto de su parte más que órdenes mecánicas y profesionales, como si fuera su empleada.

Ladeo la cabeza para ver el cuadro de mis padres colgado en el recibidor. Jóvenes, enamorados, con un matrimonio casi perfecto que acabó de un día para otro, dejándome completamente sola después de un inesperado accidente que terminó con sus vidas. Lo único que quedó fue el legado de la empresa de mi papá, que estaba creciendo y que hoy en día es un éxito gracias a Paul, quien se ha dedicado fielmente a mantener eso, año tras año.

—El café está enfriándose, señora.

Camino hacia el comedor para sentarme a la mesa. Sí, mi esposo es un hombre dedicado, trabajador, efusivo, que podría renunciar a sus propios placeres para dedicarse a mantener todo como se debe. Lástima que todo ese compromiso le ocupa tanto espacio que el tiempo para enfocarse en nuestro matrimonio, lentamente, se reduce hasta convertirlo en un invitado más de la casa.

—¿Tres de azúcar? —pregunta Angie con suavidad.

Detengo su mano.

—No, y quita todo esto. Solo desayunaré una tostada y el café.

—Pero señor...

—Angie, es demasiada comida para mí.

—¿Un medicamento que reduce el apetito? ¿Es su forma considerada de decir que sigo gorda?

Saco mi celular para entrar a Instagram mientras bebo café. Mi cuenta es privada. Mis ojos se detienen en la foto de una conocida: Dolce, la chica famosa de la escuela que ahora es influencer. Su foto es frente al espejo. No me importa eso.

Bajo la taza.

Hay una reacción de Paul. Su nombre está ahí, resaltando: "Le gusta a Paul Novak..." No puedo evitar sentir una sensación en el pecho que me oprime y ganas de lagrimear. Es una tontería, es una estupidez. Sin embargo, esa chica había sido su novia. Esa chica formaba parte de su pasado. O eso creía hasta ahora.

Le saco una captura y hago lo que nunca hice: enviársela en un mensaje. No hay texto, solo la imagen. El "leído" llega rápidamente. No responde. Pasan los minutos y no hay nada. Y lo sé. Me acaba de ignorar por completo.

Tiro el celular sobre la mesa. Prefiero discutir antes que este silencio absoluto.

***

Lo llamo varias veces mientras observo cómo guardan la maleta en la cajuela. Llevo cinco horas esperándolo. No he tenido ninguna señal de él durante todo el día. Estoy avergonzada y humillada frente a los empleados, que me lanzan miradas furtivas. Porque se sabía que había planeado este viaje íntimo para los dos. Una escapada de fin de semana para sacarlo de la rutina de su trabajo y tener algo romántico en nuestro frío matrimonio.

Y aquí estoy.

Esperándolo como si no supiera de esto desde hace meses. Dios ¿Por qué sigo insistiendo tanto? ¿Por qué estoy esperando que realmente pueda fijarse en mí? ¿Tomarme como su prioridad? Me ha cancelado cenas, me observa con indiferencia, no se disculpa en absoluto por nada. Un adorno de está casa parece ser más importante para él y eso que ni siquiera sabe que llena o no su propio hogar.

—Señora, ¿desea que cancele el viaje?

Mis mejillas se encienden, tomo aire y niego con la cabeza.

—No. Iré sola.

No era la idea original con los ojos húmedos, entro al coche y lo llamo por última vez, preguntándome dónde estará y si su plan nunca fue acompañarme con un mensaje habría sido suficiente.

El auto arranca y la casa se hace pequeña en la ventanilla.

Sostengo el celular en la mano, mirando la pantalla cada segundos. Nada, ni una llamada perdida, ni un mensaje breve, solo el "leído" de esta mañana, congelado en el tiempo.

El paisaje empieza a desdibujarse tras el cristal, el camino al aeropuerto se ha reducido y me doy cuenta de que he pasado todo el trayecto con el teléfono apretado contra el muslo, esperando por él, una vez más.




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