Nunca Fuimos Nosotros

COMPLETAMENTE OPUESTOS

CAPITULO 1

Cuando el celular vibró sobre mi escritorio, ni siquiera necesité mirar la pantalla para saber quién era.

Luriel.

Otra vez.

Observé el nombre durante unos segundos antes de dejar que la llamada terminara sola.

Huir había sido la mejor decisión que tomé.

Al menos eso intentaba repetirme.

Lo absurdo era que hubo un tiempo en el que Luriel no era nada más que otro nombre en una larga lista.

La primera vez que hablamos fue durante la organización de los juegos deportivos para los cachimbos.

Para mi mala suerte, me habían nombrado secretaria.

Llevaba más de una hora anotando nombres, registrando pagos y resolviendo problemas ajenos cuando alguien se acercó a mi mesa.

—Yo también participaré, compañera.

Levanté la vista apenas un segundo.

Llevaba una polera oscura y una mochila colgada de un solo hombro. Tenía el cabello ligeramente despeinado, como si hubiera salido de casa sin preocuparse demasiado por su apariencia.

—Está bien. ¿Tu nombre?

—Luriel. Mi nombre es Luriel.

Busqué mi cuaderno.

No lo encontré.

Suspiré.

Me daba demasiada flojera sacar mis cosas otra vez.

Así que tomé un lapicero y escribí su nombre en la palma de mi mano izquierda.

—Se coordinará todo en el grupo.

—De acuerdo.

Y eso fue todo.

Ni una conversación memorable.

Ni una impresión especial.

Ni siquiera recuerdo si volvió a decir algo después.

Para mí solo era otro compañero más.

Uno que además tenía la curiosa costumbre de faltar a clases.

Durante semanas apenas lo vi.

Y cuando aparecía, solía estar rodeado de gente.

Por eso me sorprendió volver a encontrarlo meses después.

Yo estaba guardando mis apuntes cuando escuché a Yana y Miriam insistiendo para convencer a alguien de asistir a una fiesta privada que Mateo, uno de nuestros compañeros, estaba organizando.

—¿Acaso la compañera va a ir?

Reconocí la voz antes de verlo.

—¡Raisa! —me llamó Yana.

Me acerqué.

—¿Qué pasó?

—¿Verdad que irás a la fiesta de Mateo? —preguntó Miriam.

—Sí. Solo un rato.

Entonces vi a Luriel.

Estaba sentado sobre una carpeta, con los brazos cruzados y una expresión tranquila.

Como si toda aquella discusión no tuviera nada que ver con él.

—¿Ves? Ella irá —dijo Yana.

—Dile algo para que vaya —insistió Miriam.

No entendía por qué aquello dependía de mí.

Miré a Luriel.

—Deberías ir, compañero.

Me encogí de hombros.

—Si no te gusta, te vas temprano.

—Lo pensaré.

Asentí.

Y me fui.

No le di más importancia.

O al menos eso creí.

La fiesta de Mateo termino temprano, asi que aquella noche terminé entrando por primera vez a una discoteca.

"El Oasis".

El lugar favorito de todo universitario, solían llamarla "la segunda casa de estudios", era mucho más grande de lo que imaginaba.

Las luces cambiaban constantemente de color y la música era tan fuerte que sentía las vibraciones incluso en el pecho.

Por un momento me pregunté cómo la gente podía disfrutar algo así durante horas.

Aun así, intenté relajarme.

Estaba con mis compañeros.

No tenía motivos para sentirme incómoda.

Mientras grababa un video de la pista de baile para enviárselo a una amiga, alguien apareció a mi lado.

—No grabes.

Giré la cabeza.

Luriel.

Vestía un polo blanco, una casaca gris y unos joggers oscuros.

Parecía mucho más cómodo que yo en aquel ambiente.

—¿Por qué?

—No quiero salir en tu video.

Miré la pantalla.

Ni siquiera estaba enfocándolo.

—No estás saliendo.

—Mejor asegúrate.

—Lo estoy haciendo.

Por un instante pensé que diría algo más.

Pero no lo hizo.

Solo sonrió ligeramente.

—Solo un ratito, ¿verdad?

Lo observé alejarse sin entender qué acababa de pasar.

No sabía por qué se había acercado.

Ni por qué parecía conocer a medio local.

Ni por qué tenía la extraña costumbre de aparecer cuando menos lo esperaba.

Cuando volvió con su grupo, seguí con lo mío.

Sin embargo, varias veces durante la noche lo vi pasar de un lado a otro del local.

Hablando.

Riendo.

Saludando personas.

Parecía pertenecer a aquel lugar.

Yo no.

Y quizá por eso me resultaba tan extraño.

Cuando regresé a casa, no pensé demasiado en él.

Era solo un compañero.

Uno bastante diferente a mí.

Uno que no debería entrar a mi mundo. Jamás....

~Luriel~

Si alguien me preguntara cuándo conocí a Raisa, probablemente mencionaría el día de las inscripciones.

Aunque la verdad es que apenas recuerdo ese momento.

Lo único que se me quedó grabado fue que escribió mi nombre en la palma de su mano.

No en una hoja.

No en un cuaderno.

En su propia mano.

Como si sacar sus apuntes fuera demasiado trabajo.

Pensé que era rara, incluso algo odiosa.

Y seguí con mi vida.

Hasta entonces, Comunicaciones era solo eso: una nueva carrera, nuevos compañeros y demasiadas actividades para alguien que todavía no estaba seguro de qué hacía ahí.

La siguiente vez que realmente le presté atención fue varios meses después.

Yana y Miriam llevaban casi diez minutos intentando convencerme de asistir a una fiesta.

Yo ya estaba cansado de repetir que no.

Entonces pregunté:

—¿Acaso la compañera va a ir?

No sé muy bien por qué lo hice.

Tal vez porque era la única persona del salón que parecía completamente indiferente a todo.

Cuando la llamaron, apareció con una carpeta bajo el brazo.

Era más pequeña de lo que recordaba.

Mucho más.

Y aun así caminaba con una seguridad que hacía parecer que medía veinte centímetros más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.