Nunca pensé volver a tu lado

Prefacio

Hoy es un día muy especial, me siento muy feliz conmigo misma y le daré una noticia a mi marido, la cual creo que lo hará super feliz. He preparado su platillo favorito y organice uan cena romántica para los dos. 

Aunque al principio no estaba de acuerdo me convencí a mi misma que ya era tiempo de dar este paso. Sabía que a Ryan le encantaría la noticia, llevaba meses queriéndo decirselo pero no pude y hoy por fin sera el gran día. 

Hace ya un par de meses que no íbamos bien con nuestro matrimonio y era por mi, yo había estado muy distante con el y a consecuencia se metio de lleno en su trabajo. Tengo la esperanza de que hoy llegue temprano y vea la sorpresa que le tengo preparada. 

Coloco en la mesa las velas que compre para darle un toque especial a la cena, más encenderse cuando se acerque la hora en la que llega; Ramona me ayuda con la vajilla, coloca ambos platos vacíos junto a sus respectivos utensilios. Le doy las gracias y como hemos acordado se va junto con todo el personal «que no son muchos,» y regresarán hasta mañana por la tarde. 

Me doy un baño y me visto como a él solía gustarle cuando nos conocimos, hace un tiempo que no hacía nada de esto por lo tanto espero que le agrade. 

Cuando nos casamos no éramos el mejor matrimonio, si bien nos queríamos, nunca nos vimos como algo más que un amor adolescente. Mi padre y el suyo acordaron un matrimonio que, además de unir dos familias poderosas en el ámbito empresarial; saldría una deuda por parte de mi familia a la suya. Con 16 y 18 años acordaron que debíamos contraer matrimonio por lo menos tres años. Después del matrimonio todo empeoró, había gritos, peleas y muchísimas cosas rotas, no nos entendíamos para nada pues éramos unos niños apenas. Conforme pasó el tiempo logramos adaptarnos a la vida de casados, me enamore de mi marido y el de mi. El lapso de tiempo en el contrato está a terminado y yo estoy completamente segura de no querer terminar con esta relación tan linda que hemos construido. 

Bajo a revisar que todo este en orden, la hora se acerca y yo hago los últimos toques. Tengo planeado cenar bajo la luz de las velas así que rápido las enciendo y bajo la luz para que sea todo más lindo. Me siento en el sofá de la sala principal a esperar que llegue, miro el reloj encima de la chimenea que permanece apagada «hace 5 minutos que debería haber llegado». Me tranquilizo, ruego a Dios que hoy no sea de los días en los que llega muy tarde. 

Después de 15 minutos más esperando decido enviarle un mensaje. 

Allyson:

¿Tardarás mucho?

Estoy esperandote.

No responde, los mensajes se marcan con la doble palomita de recibido. Mirando el teléfono me pregunto que tanto estará haciendo. 

Una hora pasa y aún no llega. No me doy por vencida, simplemente apago las vela para que no se consuman y me siento a esperarlo, cuando escuche su coche las encenderse de nuevo. Recuerdo la segunda sorpresa que voy a darle y la guardo en una caja muy elegante que le entregaré cuando estemos cenando. Con todo listos de nuevo, vuelvo a sentarme en el sofá a esperarlo.  

No se en que momento me quede dormida pero cuando veo la hora de nuevo son las dos de la madrugada, todo esta como lo deje y no hay señales de que haya llegado. Rendida me recuesto en el sofa, ni siquiera ha visto mi mensaje y desisto de enviarle otro y vuelvo a quedarme dormida. 

Esta vez me despierta el ruido de una puerta, levanto la cabeza observando al hombre que mira alrededor con los ojos muy abiertos. Lleva la camisa un poco arrugada con los botones de arriba desabrochados, su saco junto con la corbata los lleva en la mano. Repara la estancia sin expresión alguna hasta que detiene su mirada en mi, enseguida me pongo de pie notando la hora e el reloj. Son cuarto para las cinco. 

—¿Dónde estabas?–la voz me sale pastosa. 

—En la oficina adelantando el trabajo de mañana—responde tranquilo. 

—¿Tan tarde?—me es inevitable no enfadarme. 

Me da un repaso con la mirada e instintivamente me tapo con mi bata cruzando e de brazos. 

—Con Demian fuimos a un bar después del trabajo—no me mira. 

Asiento. 

Me acerco unos pasos pero captó algo que me hace detenerme. Desvío la mirada rápido, doy media vuelta y vuelvo a sentarme en el sofa sin mirarlo.

—¿Qué es todo esto?—pregunta señalando lo que había preparado. 

–Nada. 

No digo nada más solo me vuelo a recostar en el sofa. El tampoco insiste y se dirige hacia las escaleras. En el tercer escalón se detiene y se vuelve hacia mi.

—¿No vienes?–cuestiona. 

No respondo y el sube. 

Prepare todo esto para nada. Mi esfuerzo ha sido en vano, todo lo que había progresado en estos días se ha ido a la basura. En lo que queda de noche no duermo para nada, el cansancio es notorio sin embargo acomodo todo lo que he preparado. Me niego a llorar eso solo me derrumba mas, así que ocupo ese tiempo lavar lo poco que ensucie, Ramona no llegara hasta medio día y mi supuesto marido se irá de nuevo en unas horas. 

Llamo a Danira para agendar una cita hoy en la tarde. Como me siento no debería quedarme en casa, eso solo me deprimiria aun más. Me confirma y justo cuando cuelgo Ryan entra en la cocina; busca mi mirada pero yo le evitó el contacto. 

«No hagas conclusiones precipitadas» me digo. 

Sin embargo no puedo evitarlo y lo ignoro. 

Llega la hora de irse y yo me enfocó en otra cosa que no me permita pesar en lo que vi anoche. Acomodando algunas de sus prendas me encontré con una tarjeta con un numero. 

Es extraño. 

Algo en mi conciencia me dice que no llame, pero la otra parte, la de la curiosidad es mas grande y termino haciéndolo. 

Pregunto de qué se trata la respuesta me deja estática. Después de obligarme a continuar con la llamada disimuladame pregunto por mi marido a lo que la señorita me responde:




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