Nunca planeé Quererte

Capítulo 1: Cuenta Regresiva

Fati

Los sábados por la mañana deberían ser intocables. Hay algo demasiado reconfortante en despertar sin prisas, cuando el mundo todavía parece ir a un ritmo más lento y lo único que alcanzo a sentir es el calor atrapado entre las sábanas, la suavidad de la almohada bajo mi mejilla y ese peso agradable del sueño que todavía se resiste a abandonarme. No hay alarmas, ni ninguna razón lo suficientemente importante como para obligarme a salir de aquí. Solo yo, mi cama y la deliciosa certeza de que no tengo que hacer nada. Me acomodo un poco más entre las sábanas, escondiendo la cara en la almohada mientras dejo escapar un suspiro satisfecho. Cinco minutos más. Estoy convencida de que cinco minutos más no le hacen daño a nadie. Bueno... quizá diez.

AAAAAAAAAAAA!!!!!

Un grito ensordecedor impacta contra mi sueño, bajo de la cama tan deprisa que mis pies descalzos chocan contra el piso frío, demasiado frío para ser una mañana de verano. En serio, ¿quién decidió que los pisos tenían que sentirse así incluso en verano? Aún medio dormida, salgo a toda prisa de mi habitación y, al abrir la puerta, veo a mi hermana mayor salir disparada de la suya.

Recorre el pasillo dando brincos mientras grita a todo pulmón, como si acabaran de anunciar el regreso de One Direction. Pensándolo bien... creo que ni eso justificaría semejante escándalo.

—¡Regresan mañana! —grita Hadley.

La noticia me cae como un balde de agua fría.

Siento el frío recorrerme de golpe, desde la nunca hasta la punta de los dedos. Toda la expresión de sueño que había en mi cara desaparece en cuestión de segundos. Me quedo quieta, mirándola, intentando procesar lo que acaba de decir.

Hadley sigue brincando por el pasillo como si acabara de recibir la mejor noticia de su vida, pero continúa sin ser capaz de explicarnos nada de manera coherente. Cruzo miradas con mis padres y después con Lara. Por nuestras caras, diría que Lara y yo entendemos más o menos un setenta por ciento de lo que está pasando. Mis padres, en cambio, parecen haber entendido mucho más que nosotras.

Se miran entre ellos durante apenas un segundo. Mi papá levanta ligeramente las cejas y mi mamá sonríe, como si acabaran de confirmar algo que ambos ya sabían. No necesitan decir una sola palabra. Simplemente comparten esa mirada que tienen las parejas que llevan tantos años juntas y, sin más, se dan media vuelta para regresar a su habitación, dejándonos a Lara y a mí con el caos de Hadley.

Solo quedamos Lara y yo. Y esta vez ambas sabemos lo mismo, en Italia es mediodía.

Supongo que esta es la famosa conexión entre gemelas de la que todos hablan. Esa extraña habilidad de saber exactamente lo que la otra está pensando sin necesidad de decir nada.

—¿Te puedes callar? —suelta Lara, cruzándose de brazos mientras le lanza una mirada retadora a Hadley.

Con la cara que trae, me sorprende que el gorro de satén siga en su cabeza y no haya salido volando.

—¡Son las seis de la mañana! —grita—. ¡Respeta el sueño de los demás! Hay personas que sí apreciamos dormir.

—Lari, no seas amargada. Si tú sigues con esa cara, este día tan bonito dejará de serlo. Además, tú solo consumes mi energía —dice Hadley acercándose a ella para moverle los hombros de un lado a otro, intentando sacarle una sonrisa.

—Si tanto te preocupa tu energía, podrías dejar de gastarla molestándome a las seis de la mañana —se queja Lara mientras aparta las manos Hadley de sus hombros.

Hadley hace un puchero exagerado, como si Lara acabara de decirle la peor ofensa del mundo.

—Qué cruel eres conmigo. Yo solo quería compartir mi felicidad.

—Tu felicidad tiene demasiado volumen —responde Lara.

No puedo evitar sonreír al verlas. Hadley tenía esa capacidad de convertir cualquier momento tranquilo en un caos, mientras que Lara parecía haber nacido con una paciencia limitada para soportarla.Pero, aunque se quejara, sabía que le encantaba verla así de feliz.

Siempre me había parecido tierno verla emocionarse tanto por Lorenzo. Esta forma suya de vivir cada momento como si fuera el más importante del mundo era una de las cosas que más quería de ella. Aunque hoy me costaba apreciarlo. Su felicidad se sentía más como un atentado contra mi sueño. Era sábado y lo único que quería era volver a abrazar mi almohada.

Quizá los gritos de Hadley son exagerados... pero eso no es lo que me preocupa.

Me preocupa ese "regresan mañana".

Y eso me agobia porque si eso es lo que creo que es... el aire de la casa acaba de cambiar con acento Italiano.

****

Unos minutos después, Lara y yo estamos tumbadas en mi cama, boca arriba, mirando el techo con los ojos cerrados. La casa ha recuperado por fin algo parecido al silencio. Después de los gritos de Hadley, hasta el zumbido lejano del aire acondicionado parece demasiado tranquilo.

Durante un rato ninguna dice nada.

Hasta que Lara rompe el silencio.

—Fati...

—¿Mmm?

—Esto va a ser raro.

Abro los ojos, pero ella sigue mirando el techo.

—¿Qué cosa?

—Todo.

Llevamos meses sin ver a los Ricci. Este verano no estuvimos juntos en Italia. Después de tantos años pasando parte de las vacaciones allá, supongo que se siente extraño que vayan a volver.

Frunzo un poco el ceño.

—¿Extraño? ¿Por qué?

Los Ricci llevan seis años viviendo en Canadá, igual que nosotros desde que regresamos de Italia. Italia sigue siendo su casa de alguna manera; allí está gran parte de su familia y, además, uno de sus hijos estudia allá. No tiene nada de raro que quieran pasar unos meses con ellos. De hecho, lo raro sería que no lo hicieran.

—No me refiero a eso —aclara Lara acomodándose un poco sobre la almohada —. Claro que es normal que hayan querido ir. Solo digo que llevamos un tiempo sin verlos y que ahora van a estar otra vez por aquí. Eso es todo.




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