Nunca planeé Quererte

PRÓLOGO

Ecos de Septiembre

22 de Septiembre de 2025

Villa Rhode

Cernobbio, Lago di Como, Italia. 8:45 p.m

La primera vez que entendí que algunas cosas pueden terminar antes de empezar, estaba sentada en el borde de una piscina.

Era de noche, la brisa se sentía como un abrazo cálido.

Las luces del jardín se reflejaban sobre el agua y alguien había dejado una copa de vino junto a mi mano, aunque yo no la había tocado. A unos metros, la música de una fiesta que llevaba horas seguía sonando y las voces de nuestras familias se mezclaban con las risas de siempre.

Todo parecía exactamente como debía.

Ese era el problema.

Porque nadie más sabía que, hacía menos de una hora, Piero Ricci me había besado.

Y yo se lo había permitido.

No fue un beso de esos que ocurren en las películas, con música de fondo y el mundo desapareciendo alrededor.

Fue mucho peor.

Fue real.

Tan real que todavía podía sentir el calor de su mano en mi cintura cuando cerraba los ojos.

—Fati.

Levanté la mirada.

Lara estaba frente a mí.

Mi hermana me observaba con esa expresión que solo podía significar una cosa: estaba a punto de hacerme una pregunta para la que yo no tenía ninguna respuesta convincente.

—¿Estás bien?

Asentí.

Mentí.

Porque estaba bien.

Ese era el problema. Porque estaba demasiado bien.

Y por primera vez en mi vida, tuve la certeza de que algo que me hacía feliz también podía ser exactamente lo que terminaría destruyéndome.

Miré hacía la casa.

Piero estaba allí

Riendo con nuestros padres como si no acabara de besarme.

Como si no hubiera ocurrido nada.

Como si yo no llevara años conociéndolo.

Como si aquella noche no acabara de cambiarlo todo.

Entonces todavía no sabía cuánto iba a costarnos.

Todavía no sabia que algunas historias de amor comienzan mucho antes de que sus protagonistas se atrevan a llamarlas así.

Ni que algunas terminan mucho después de que dejan de pertenecernos.

Lo único que sabía era que Piero Ricci acababa de besarme.

Y que yo acababa de cometer el error más bonito de mi vida.

Stellina, vivi la dolce vita. Al final, son nuestros errores los que nos hace plenamente humanos.




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