Nunca sabrás cuánto te amé.

Prefiero arrancarme el corazón

"—No te acerques… me das asco. —Mark me miró de una forma que jamás lo había hecho. —No me vuelvas a buscar. Toda la escuela nos miraba, pero no me importaban los demás; la mirada de él era la única que dolía. Sentí asco por mí y mis sentimientos; me sentía humillado. Salí corriendo a toda velocidad; corrí tanto que me perdí. Al entrar en razón, me di cuenta de que me encontraba en casa, me dirigí a mi habitación mientras miraba por la ventana; creo que sabía la razón de por qué había terminado aquí...”

Me desperté agitado y sudando frío. —¿Qué acababa de suceder? Todo fue un sueño. Una pesadilla. Estaba muy alterado; el sentimiento aún me perseguía; aquella pesadilla se sintió tan real. —Mark nunca me miraría así —me dije—, pero ¿por qué me miraría así? Entonces me di cuenta. Recordé todo el sueño. —Yo también me daría asco. Miré el reloj; apenas iban a dar las 4 a.m. Aún era muy temprano, pero me era imposible volver a dormir. Me quedé sobrepensando por un largo tiempo, hasta que el despertador sonó y me sacó de mis pensamientos.

En aquel momento decidí arrancarme el corazón; ya no lo necesitaría. Preferiría morir antes de que Mark me odiara. Guardé cualquier rastro de aquel vergonzoso sentimiento, lo enterré en lo más adentro de mi ser.

Me preparé para ir a la escuela; iba a fingir que nada había sucedido en aquella madrugada; al fin y al cabo yo era el único que lo sabía. Me fui a la escuela después de tanto meditar; mientras patinaba decidí ponerme los audífonos. Hace poco había comprado el nuevo álbum de The Smiths, “Louder than bombs”, que me hizo reflexionar sobre mi existencia.

Llegando a la escuela, lo primero que vi fue a Mark y Samantha esperándome en la entrada.

—Llegas tarde. —dijo Mark. Su mirada reflejaba cansancio. Parecía no estar de buen humor.

—Perdón… mi despertador no ha sonado. —Mentí. Lo dije lo más real que hasta yo me lo creí. —No debieron esperar.

—Lo hacemos todos los días, no es molestia. —intervino Samantha. —No te preocupes. Aunque… parece como si ninguno de los dos hubiera dormido.

— Solo vamos. Ya es tarde.—Mark nos dió una mirada para que entráramos al salón. Se veía demacrado como si no hubiera podido pegar el ojo al igual que yo.

No es como si hubiera tenido la misma pesadilla que yo, eso sería absurdo. De tan solo pensarlo me carcomía el alma. ¡Ja! Qué ridiculez, el no dormir me había dejado un poco loco.

Me dirigí hacia mi pupitre, sin dejar de pensar en cualquier locura que se metiera en mi mente. Sin darme cuenta, me había quedado completamente dormido durante toda la clase. Lo único que pude escuchar fue la salida del profesor de cálculo.

—Ni siquiera parece que llegaste tarde por dormir de más. —Me dijo Samantha desde el pupitre de enfrente. —Pensé que Mark sería el que se quedaría dormido.

—Creo que… Me faltó desayunar. —Al menos, eso era verdad. —Sí, creo que por eso me he quedado dormido.

Mark solo se limitaba a mirarnos y eso causó en mí un gran remordimiento. Me sentía culpable. Ni siquiera podía mirarlo o preguntarle cualquier cosa aunque estuviera sentado a mi lado.

—Bueno, iré a comprar algo para comer. —Me levanté esperando ir solo. —¿Quieren que les compre algo?

-Voy contigo.. —Mark se levantó de su asiento. —Vamos.

El camino del salón a la tienda se me hizo eterno y lleno de incomodidad. De ser los mejores amigos llenos de confianza, pasamos a no decir ni pío. Me preguntaba qué era lo que ocurrirá en su cabeza. Hoy realmente no parecía ser él. Su aura no emanaba alegría, se veía apagado.

—¿No vas a preguntar? —hizo su andar más lento.

Miré hacia él notando que esperaba mi respuesta.

—¿Sobre qué? —Ciertamente sabía sobre qué, pero no quería parecer demasiado obvio.

No necesité respuesta; él señaló su rostro haciéndome ver a qué se refería. Al mirarlo bien, pude notar un pequeño rasguño en su mejilla.

—Me peleé con mi padre… creo que se enojó un poco. —Me dio una mirada rendida. —Pero lo esquivé, bueno… casi. —Me señaló su mejilla mientras sonreía con orgullo.

—No deberías seguir peleando con tu padre —dije—. Solo deberías seguirle la corriente.

—Esta vez fue demasiado lejos —mostró molestia. —Sus comentarios cada vez son más hirientes e incómodos.

—Lo siento, no quise… —No pude terminar la oración.

—No te disculpes, mi padre siempre ha sido un imbécil, pero creo que ya debería conocer qué límites no se deben cruzar. En fin, gracias por escucharme. —Me regaló una sonrisa y siguió su paso.

Hablar con Mark me relajó un poco; ahora tenía una preocupación menos. Realmente hablar con él me generaba paz y todo se hacía más fácil de ver. La vida con él era más satisfactoria; cuando estábamos juntos siempre podíamos ser nosotros mismos. Cada problema que teníamos era más fácil de sobrellevar porque

estábamos el uno para el otro.



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En el texto hay: lgbt, frienship, lgbt+

Editado: 25.01.2026

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