Nunca te he besado

Capítulo 3

Nunca te he besado

Capítulo 3

Café entre Letras

Café Entre Letras: la fachada antigua, las luces cálidas, los libros que susurran historias. La primera vez que Manuel cruzó la puerta, no sabía que este rincón se convertiría en su propio pequeño universo.

🎧 “Time After Time” – Cyndi Lauper
Entrada a la cafetería ‘Café Entre Letras’, entre libros antiguos y recuerdos dedicados a él.

🎧 “Chas – Aparezco a Tu Lado” – Alex y Cristina
Encuentro en el sofá, primera vez que se ven cara a cara, tensión y descubrimiento.

—No es un libro ñoño… No lo es —protestaba mientras abrazaba su ejemplar de Peter Pan.

—Solo habla de niños que vuelan —respondí con falsa condescendencia.

—Recuerda, capitán Garfio, que siempre necesitarás a tu señor Smee.

—Y tanto que te necesito, mi señora Smee.

Nunca te he besado. Capítulo 1—Manuel Storm

Manuel empujó las puertas blancas y verdes del Café entre Letras. La campanilla tintineó y el olor del pan recién hecho y del café recién molido le dio en la cara como una bienvenida demasiado honesta.

A la izquierda se extendía la barra de trabajo. La cafetera industrial brillaba bajo la luz del local mientras las varillas de vapor silbaban a intervalos cortos. El molinillo molía granos sin descanso, llenando el aire de ese olor tostado y amargo que impregnaba toda la cafetería.

Sobre la encimera se acumulaban jarras metálicas, bandejas, posos de café todavía húmedos y pequeños utensilios colocados con una eficiencia casi automática.

Encima de la barra, la vitrina con pasteles y bollería brillaba bajo la luz cálida, y un pequeño horno de convección asomaba por detrás, expulsando ráfagas de calor.

Al menos allí abajo alguien parecía entender el valor del orden.

El resto del local hacía honor a su nombre: estanterías repletas de libros y, a la derecha, una pequeña sala con sofás y mesas donde la gente podía quedarse leyendo o conectar el portátil a la wifi del café.

En la estantería más visible destacaba una fotografía suya junto al cartel de la preventa de su próximo libro. La sonrisa socarrona de la imagen le arrancó otra igual, casi involuntaria.

Mientras recorría las vitrinas, Manuel fue leyendo los pequeños carteles que dividían las estanterías: fantasía, novela histórica, ciencia ficción, poesía contemporánea.

Entonces el hilo musical del local cambió suavemente.

«Time After Time».

La voz de Cyndi Lauper se deslizó entre el murmullo de la cafetería y el golpeteo lejano de las tazas.

Manuel sintió una punzada leve en el pecho.

Siempre le ocurría lo mismo con ciertas canciones: encontraban el camino exacto hacia ese rincón donde terminaban acumulándose todas las cosas que intentaba mantener bajo control.

Los libros. La música. Los recuerdos.

—Madre mía… Me he metido en el infierno de mis peores pesadillas —susurró mientras el molinillo zumbaba como un insecto impaciente.

Entonces apareció la camarera: una muchacha mulata, de mirada directa y desparpajo natural.

Manuel se giró para responder, pero sus ojos se detuvieron un instante en la chapa sujeta al delantal.

Rosa, leyó.

—Hola, cariño, ¿mesa o va a ser para llevar? —preguntó ella con un guiño rápido y una sonrisa demasiado cómoda para las siete de la mañana.

—Mesa, por favor —respondió Manuel con educación automática.

—Perfecto. Pues te tomo nota.

Manuel empezó a recorrer el local con la mirada, evaluando mesas, distancias y niveles de ruido.

—Té negro inglés, un sándwich mixto y leche, por favor —dijo sin dejar de mirar alrededor.

Rosa ya estaba apuntando.

—¿Con azúcar o sin azúcar?

Manuel se giró apenas un poco.

—¿Tenéis azúcar de caña integral?

Rosa levantó la vista lentamente con una mueca socarrona colgando de sus labios.

Manuel frunció el ceño, incapaz de saber si aquello era una burla o simple entusiasmo cafetero.

—Si no hay, da igual.

—La queremos con pedigrí, ¿eh? Creo que todavía queda.

Terminó de apuntar y dio un golpecito al bloc contra la barra.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Pues venga, elige trono y ahora te lo llevo.

Manuel empezó a buscar un lugar donde instalarse con tranquilidad. No era tanto el valor de sus pertenencias lo que le preocupaba, sino todo lo que llevaba dentro del portafolio: escritos, ideas, borradores… años enteros de trabajo acumulado.

Fue esquivando clientes con discreción, hasta encontrar un rincón a la derecha del local.



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En el texto hay: primer amor, amigos y cafe, amor humor

Editado: 15.08.2026

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