Nunca te he besado

Capítulo 6

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Una friki. Un pringao. Y una tregua

🎧 Recomendado para leer este capítulo: "No controles" – Ole Ole.

🎧 Bonus track "Girls Just Want to Have Fun"– Cyndi Lauper

—¿Qué es?

—Lo vi y me acordé de ti.

«A la mejor amiga», rezaba la peana de la pequeña estatuilla dorada.

—Es la frase más bonita que nadie me ha dicho —susurró emocionada.

Me abrazó tan fuerte que por un momento me faltó el aire.

Nunca le dije que estuve buscando como un loco desesperado por toda la ciudad otra que cambiara la palabra «amiga» por «novia».

Éramos unos críos jugando a entender el primer amor.

Nunca te he besado. Capítulo 1. Manuel Storm

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Aquella mañana Manu estaba incómodo.

El té, bien.

El sándwich... mejorable.

Finales de octubre y el frío comenzaba a colarse desde la ensenada del muelle.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Rosa, podrías cerrar la puerta? Desde aquí noto el aire.

—El biruji de estas fechas no perdona. Espera al mes que viene y no vas a querer salir de la cama por las mañanas —resopló divertida.

—No soy de vaguear entre sábanas si tengo trabajo.

—Vaguear, dice...

La risa de la camarera rebotó por la sala medio vacía.

El tintineo de la puerta la hizo girarse.

Susana entró sacudiéndose el frío de los hombros mientras dejaba el bolso junto a la cafetera.

—¡Llegó la tardona! —exclamó dirigiéndose a la recién llegada.

—Se retrasó la ecografía, pero ya he llegado. No sufras.

Un pequeño chasquido eléctrico azotó el techo de la barra de servicio.

Las luces se apagaron de golpe.

—¿Las chicas de la oficina saben que la luz se paga?

—JA. JA. JA. Una bromita más así y acabas bebiendo el recuelo de la cafetera en vez de tu té inglés, listillo.

Manu no respondió, pero una sonrisa torpe amagó en la comisura de sus labios.

Un nuevo intento de luz.

Otro chasquido.

—¿Saltaron los plomos? —insinuó Susana mientras se dirigía hacia el cuadro eléctrico.

—Anda, aparta. Lo que menos necesito es que le dé un yuyu a mi sobrina.

—Oh, sí claro. ¿Y yo? Te recuerdo que soy la incubadora oficial de tu tesoro.

—¿Celosa de mi chica en ciernes?

—Una más y te quedas sola para el siguiente servicio.

—Qué poquito aguante tienes.

—Y dale...

—Vale, vale. Ya lo dejo.

Rosa se inclinó hacia el vientre de Susana.

—Tú tranquila. En cuanto salgas, aquí tienes a tu tita Rose. De momento, quédate ahí calentita y disimula, que no se note.

Levantó la vista hacia Susana.

Se entendieron al instante.

Así que, sin ningún disimulo, empezó a limpiar una mesa cercana a Manu mientras hablaba en voz alta.

—Creo que la bombilla del falso techo está haciendo corte con algo. —Hubo un breve silencio. Volvió a alzar la voz—. Supongo que habrá que cambiarla. Debe de haber una de repuesto en el almacén.

Cri cri.

Cri cri.

Esta vez puso todavía más entusiasmo.

—Y juraría que también hay una escalera laaaarga... blanca, de aluminio... justo al lado.

Nada.

—Y claro, ahora sin luz, como venga alguien, no hay servicio. Y P se va a cabrear muchísimo como se entere de que Susana quiere arreglarlo, sola, embarazada...

Manu se levantó de golpe.

—Eres pésima para las indirectas, ¿lo sabías?

—Almacén, lado izquierdo. Caja de herramientas. Bombilla. ¿Así mejor, licenciado?

Manu llevaba veinte minutos subido a una escalera que temblaba por inestable, intentando localizar el fallo. Al estirarse un poco más, la camiseta se subió unos centímetros de su vientre mientras maldecía en silencio.

«De puta madre, colega. No tienes ni zorra idea de electricidad y ahora depende de ti que esta cafetería siga funcionando, por culpa de un simple y jodido cable».

—¿Encuentras la avería?

—Mira al techo, hermana... al techo —susurró Susana.

—Eso intento, pero la vista se me tropieza con la tabla de lavar que tiene este hombre.

Rosa suspiró dramáticamente.

—Cómo me gustaría restregar aquí mis bragas.

—Rosa...



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En el texto hay: primer amor, amigos y cafe, amor humor

Editado: 07.09.2026

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