Nunca te he besado

Capítulo 7

Superlópez Storm

Manu se sentía como Superlópez intentando salvarla torpemente.

Mientras, entre sus brazos, descansaba la verdadera heroína.

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Superlópez Storm

—Eres una charlatana embaucadora.

—Pero si solo quería explicarte una cosa

—¿Es importante?

—Para ti, sí.

—Perfecto. Dímelo en tres palabras.

—No puedo.

—Entonces me deberás un beso.

Era buena contando... y nunca pude obtenerlo.

—Nunca te he besado. Capítulo 1. Manuel Storm.

—¿Cuánto tiempo llevan así?

—¿Cuánto tiempo llevan así?

—¡Joder, P... Menudo susto me has dado! Diría que tres cuartos de hora.

—Si pretende que Nikolái tenga una charla distendida, lo lleva clarinete.

—Bueno... de momento lleva dos gruñidos, un suspiro y esa mirada de hielo polar desde que llegó.

—¿Y cuántos quedan por venir?

—Rafa.

—Entonces, he llegado en el mejor momento del espectáculo.

Nikolái permanecía sentado frente a Manu, con los brazos cruzados sobre el pecho y aquella expresión pétrea con acento ruso. La silla crujía de vez en cuando bajo su corpulencia.
Manu, por su parte, sostenía una libreta repleta de anotaciones mientras intentaba sonsacarle información para las fichas del club.

—¿Literatura favorita?

Gruñido.

—Vale... ¿Novela histórica, quizá?

Suspiro.

—¿Música?

Mirada de hielo.

—Bien, Niko... ¿Puedo llamarte así?

Gruñido.

—Entiendo que no. Bien, pues si no hay nada más que quieras decir, hemos acabado la reunión. Nos vemos el jueves.

Cuando Manu quiso despedirse con la mano, se encontró aire.

«¿Dónde coño...? Si hace un parpadeo estaba aquí.»

Nikolái ya cruzaba la cafetería con la misma calma imperturbable con la que había soportado el interrogatorio.

—Granadas parra mi Pirrséfone... Ojalá con estas encuentrres a tu amado.

—Eres adorable, Niko, pero hasta el mismísimo Hades me cerraría el Inframundo.

—Te infralorras pequeña.

—Uy, me conozco bien, créeme, generaría el caos dentro del caos.

P cogió la bolsa con las granadas y plantó un sonoro beso en la frente del enorme ser.

Nikolái lanzó una última mirada a Manu y este la recibió como un mensaje nítido.

Escribió en su bloc:

«Nada de preguntas al Hagrid 3.0 versión rusa. Apunta maneras de saber dónde esconder mi cadáver».

Y, como advertencia, lo subrayó cuatro veces en rojo.

Apenas había dado el primer sorbo a su té cuando Rafa entró como lo que era: un tornado.

—¡Llegó la joya de la corona, mis reinas!

—Ahí lo tienes esperándote, todito para ti.

Se giró entonces hacia Manu y sonrió lentamente.

—Pues no hay que hacer impacientar a la belleza inglesa.

—Oh, sí... Creo que vais a estar en muy buena sintonía —insinuó P.

La camarera se dejó caer sobre uno de los taburetes de la barra y apoyó los codos en el mostrador mientras observaba cómo Rafa se dirigía hacia la entrevista con un entusiasmo sospechoso.

Al otro lado del local, Manu dejó el bloc sobre la mesa, se desabrochó los botones de los puños de la camisa y se remangó hasta los codos. Después de lo que se había alargado la entrevista con Nikolái, se preparó para otra sesión que intuía igual de larga.

—Ahora empieza el espectáculo.

Rosa observó unos segundos la escena y terminó negando con la cabeza.

—No. Me niego.

—¿Qué pasa ahora?

—Pero tú has visto esas venas...

P cerró lentamente los ojos.

—Rosa...

—No, míralo bien. ¿Tú sabes lo que dicen de los brazos venosos?

—Ya estamos.

—Sí, cariño. Repite conmigo: si los brazos son venosos... lo de abajo es cavernoso.

P dejó caer la cabeza hacia atrás.

—Vamos a ver... —Se incorporó del taburete y la señaló con el dedo—. Punto número uno: es gay. Punto número dos: ha venido aquí para tres meses y ya lleva casi uno. Y punto número tres: sé perfectamente por dónde vas, Rosita.

—¿Y qué ocurre porque seas feliz un rato? Sé que quizá no es el consejo que debería darte después de todo lo que pasó, pero... cariño, a veces un poco de fuego ahí abajo también te recuerda que sigues viva.

P entrecerró los ojos.

—Yo manejo mis tiempos, Rosa.

—Yo no digo que te enamores. Solo digo que, si ocurre, luego vienes y me informas, científicamente hablando, claro.

Rosa terminó alejándose para limpiar las mesas mientras los contertulios seguían parloteando como si se conocieran de toda la vida.

P resopló para sus adentros.

Lo peor era que el idiota se estaba riendo.

Un rato después, Rafa se levantó de la silla con la misma energía con la que había llegado.

—Bueno, preciosidades, me marcho, que si sigo aquí termino adoptando al inglés.



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En el texto hay: primer amor, amigos y cafe, amor humor

Editado: 07.09.2026

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