El silencio de Andrés
La mansión seguía funcionando.
Órdenes.
Reuniones.
Movimientos.
Todo en su lugar.
Todo bajo control.
Menos él.
Andrés Wilson estaba de pie frente a la ventana, observando la ciudad como si pudiera encontrar respuestas en ella.
No había llamado.
No había preguntado.
No había buscado.
Pero sabía exactamente dónde estaba.
Siempre lo sabía.
—¿Alguna novedad? —preguntó Eliander.
—No.
Respuesta corta.
Precisa.
Mentira.
Eliander lo observó unos segundos.
—Estás dejando que esto se alargue demasiado.
Andrés giró lentamente.
—Estoy dejando que crean que tienen ventaja.
Silencio.
—¿Y si la tocan primero? —insistió Eliander.
Esa pregunta…
fue un error.
El aire cambió.
—No lo harán —respondió Andrés, con una calma que no era calma—. Porque si lo hacen…
Se acercó.
Lo suficiente para que el mensaje no necesitara completarse.
Eliander entendió.
No insistió.
Porque ambos sabían la verdad:
Esta vez…
no sería una guerra estratégica.
Sería personal.