No es aliado
El hombre no entró.
Jenny tampoco lo dejó pasar.
Se quedaron ahí.
En la puerta.
Midiéndose.
—Si vas a ayudar… habla —dijo ella.
—No ayudo —respondió él—. Interfiero.
Eso la hizo fruncir el ceño.
—Peor.
—Depende de para quién.
Silencio.
—Hay más de un grupo buscándote —continuó—. Y no todos quieren lo mismo.
Jenny cruzó los brazos.
—¿Y tú qué quieres?
Él la observó unos segundos.
Demasiado.
—Que sigas viva.
—¿Por qué?
Pequeña pausa.
—Porque eres útil.
Ahí estaba.
La verdad.
Sin adornos.
Jenny asintió lentamente.
—Entonces no eres diferente a ellos.
—No —admitió—. Solo soy más honesto.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
era claro.
No podía confiar.
Pero tampoco podía ignorarlo.
—¿Y qué sugieres? —preguntó.
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—Muévete. Hoy.
—¿A dónde?
—Lejos de donde creen que estás.
Jenny lo miró fijamente.
—¿Y por qué debería creerte?
Él dio un paso atrás.
—No deberías.
Se giró.
Y comenzó a irse.
—Pero si te quedas… —añadió sin mirarla— no tendrás otra oportunidad.
Jenny cerró la puerta.
Y por primera vez…
dudó de su propio plan.