No lo olvida
La noche era el peor momento.
Siempre.
Porque no había distracciones.
No había ruido.
No había excusas.
Jenny estaba sentada en el borde de la cama, mirando su teléfono.
La pantalla vacía.
Sin mensajes.
Sin llamadas.
Nada.
Y aun así…
no podía dejar de mirarlo.
—Ni siquiera intentas… —susurró.
No sabía si hablaba con él…
o consigo misma.
Apoyó el teléfono boca abajo.
Pero no lo soltó.
Porque en el fondo…
seguía esperando.
Y eso era lo peor.