Decisión interna
Esa noche no lloró.
No se quebró.
No dudó.
Se sentó en la cama.
La foto frente a ella.
Y pensó.
Fríamente.
—Si me encuentran… no voy a correr otra vez.
Sus ojos cambiaron.
Ya no eran los de alguien que huye.
Eran los de alguien que se prepara.
—Y si tengo que volver… —susurró— no será como antes.
El problema no era el enemigo.
Era lo que ella estaba empezando a convertirse.