Nunca te olvidé

capitulo 21

La sombra que no se fue

La noche no era tranquila. Solo parecía serlo.

Desde la ventana del apartamento, Jenny observaba la ciudad en silencio. Las luces, el ruido lejano, la gente viviendo vidas normales… todo seguía su curso. Menos ella. Había aprendido a moverse sin llamar la atención, a hablar lo justo, a no mirar dos veces a nadie. A desaparecer sin desaparecer del todo.

Pero esa noche algo no encajaba.

Lo sintió primero en la piel. Esa incomodidad sin forma, ese aviso que no necesita palabras. No estaba sola. No realmente.

Se giró lentamente, recorriendo el apartamento con la mirada. No había nada fuera de lugar. Todo estaba en su sitio: la puerta cerrada, las ventanas aseguradas, el silencio intacto.

—Estás imaginando cosas… —susurró, más para convencerse que por seguridad.

Pero su cuerpo no le creía.

Caminó hasta la puerta y revisó el seguro. Cerrado. Probó la manija una vez más, como si necesitara confirmarlo. Luego retrocedió, sin apartar la mirada.

Y entonces ocurrió.

El golpe en la puerta la hizo congelarse.

Fue seco. Firme. No desesperado… pero tampoco casual.

Jenny dejó de respirar por un instante.

—¿Quién es? —preguntó, intentando mantener la voz firme.

No hubo respuesta.

El silencio del otro lado se volvió más pesado que cualquier palabra.

Otro golpe.

Más fuerte esta vez.

—Señorita Elena, sabemos que está ahí.

El mundo se detuvo.

Ese nombre… ya no era seguro.

Jenny dio un paso atrás. Su mente comenzó a correr, buscando salidas, opciones, cualquier ventaja que pudiera tener. Pero sabía la verdad: si estaban ahí, no era coincidencia.

—Abra la puerta —dijo la voz, calmada—. Solo queremos hablar.

Mentían.

Lo sentía.

Caminó despacio hacia la cocina, sin hacer ruido, y tomó lo primero que encontró con peso suficiente en la mano. No para atacar… sino para ganar tiempo.

—No voy a abrir —respondió.

Hubo un silencio breve.

Y luego, una risa baja.

—Eso no cambia nada.

El picaporte se movió.

Una vez.

Dos.

Intentaban entrar.

El corazón de Jenny comenzó a latir con fuerza, pero su mirada no tembló. Retrocedió otro paso, aferrándose a lo poco que tenía: control.

No iba a ceder.

No esta vez.

De repente, todo se detuvo.

Los golpes cesaron.

El picaporte dejó de moverse.

El silencio volvió… pero no era el mismo.

Era demasiado absoluto.

Pasaron segundos largos, pesados, interminables.

Y luego, pasos.

Alejándose.

Jenny no se movió.

No bajó la guardia.

No respiró con normalidad hasta que el silencio volvió a sentirse real.

Pero incluso entonces… no se acercó a la puerta.

Porque entendió algo con una claridad brutal:

No habían fallado.

No habían entrado.

No porque no pudieran.

Sino porque no querían.

Aún.

Era un mensaje.

Sabían dónde estaba.

Y la próxima vez…

no iban a tocar la puerta.



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En el texto hay: amor mafi

Editado: 05.04.2026

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