Nunca te olvidé

capitulo 23

Lo que nunca se fue

Jenny no reaccionó de inmediato.

Su cuerpo seguía en alerta, pero su mente… se había quedado en blanco. No por miedo. Por impacto.

Andrés estaba ahí.

Frente a ella.

Real.

Cerca.

Demasiado cerca.

Su mano aún sujetaba su brazo, firme, como si soltarla significara perderla otra vez.

—¿Ya terminaste de huir? —repitió, más bajo esta vez.

Jenny parpadeó, como si eso pudiera devolverle el control.

—No estaba huyendo… —respondió, aunque ni ella misma creyó del todo sus palabras.

Andrés no sonrió.

No suavizó la mirada.

Pero tampoco la soltó.

—Claro que sí —dijo—. Solo que no de la forma que crees.

El ruido de la ciudad volvió de golpe. Gente pasando, autos, voces… pero entre ellos dos, el mundo seguía en silencio.

Jenny bajó la mirada un segundo… y luego volvió a él.

—No deberías estar aquí.

—Y tú no deberías estar sola.

Respuesta inmediata.

Sin dudas.

Sin filtros.

Eso la golpeó más que cualquier otra cosa.

Un auto se detuvo cerca.

Eliander bajó primero, observando el entorno antes de acercarse.

—Tenemos compañía —dijo en voz baja.

Andrés no necesitó mirar para entender.

—Lo sé.

Jenny frunció el ceño.

—¿Qué está pasando?

Esta vez, Andrés sí la soltó… pero solo para colocarse ligeramente delante de ella.

Protegiéndola.

Instintivo.

—Te encontraron —dijo—. Y no vinieron a hablar.

Como confirmación, el mismo auto negro apareció al final de la calle.

El mismo.

Los vidrios oscuros.

El motor encendido.

Jenny sintió el frío recorrerle la espalda.

—Sabían que vendrías —murmuró.

Andrés la miró de reojo.

—No. Sabían que tú te moverías.

La tensión subió en segundos.

Eliander ya estaba atento, midiendo distancias, entradas, salidas.

—No es el lugar —dijo—. Demasiada gente.

Andrés asintió.

—Entonces nos vamos.

Tomó la mano de Jenny.

Esta vez, sin preguntar.

Sin dar opción.

Y la llevó con él.

Caminaron rápido.

Sin correr.

Pero sin detenerse.

Jenny sentía su pulso acelerado, no solo por el peligro… sino por él.

Su mano.

Su presencia.

Su cercanía.

Todo lo que había intentado olvidar…

volvía con más fuerza.

—Me ibas a dejar —dijo de pronto, sin mirarlo.

Andrés no respondió de inmediato.

—Te ibas sin decirme nada.

—Era la única forma de mantenerte viva —respondió finalmente.

—No era tu decisión.

Se detuvo.

Él también.

Se giró hacia ella, con esa mirada que no admitía medias verdades.

—En ese momento… sí lo era.

Silencio.

Intenso.

Doloroso.

Real.

Un motor acelerando rompió el momento.

El auto negro.

Más cerca ahora.

Demasiado cerca.

Eliander se movió de inmediato.

—Ahora no es momento.

Andrés volvió a tomar la mano de Jenny.

—Esto no ha terminado —dijo, mirándola fijamente.

Ella sostuvo su mirada.

—Nunca terminó.

Subieron al vehículo.

Puertas cerrándose.

Motor encendido.

El mundo afuera quedó atrás… por ahora.

Pero dentro…

todo estaba lejos de estar en calma.

Jenny se apoyó en el asiento, intentando procesarlo todo.

—Sabían exactamente dónde estaba.

Andrés la observó.

—No. Sabían cómo hacerte salir.

Ella lo miró.

—¿Y ahora qué?

La pregunta no era solo sobre el peligro.

Era sobre ellos.

Andrés sostuvo su mirada unos segundos más de lo necesario.

—Ahora… no vuelves a irte sola.

Jenny sintió algo romperse… o tal vez reconstruirse.

Porque en el fondo sabía:

Podía cambiar de país.

Podía cambiar de nombre.

Podía intentar empezar de nuevo.

Pero había algo que no podía cambiar.

Él.

Y lo que sentía por él.

El auto avanzó por la ciudad.

Pero esta vez…

no estaban huyendo en direcciones opuestas.

Estaban juntos.

Y eso…

lo hacía todo más peligroso.



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En el texto hay: amor mafi

Editado: 05.04.2026

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