Nunca te olvidé

capitulo 25

Lo que viene después

La mañana no fue tranquila.

Nunca lo era.

Pero esta vez… era diferente.

La luz entraba por la ventana, suave, casi engañosa. Por un momento, todo parecía normal. Silencioso. Seguro.

Jenny abrió los ojos lentamente.

Tardó unos segundos en recordar dónde estaba… y luego todo volvió de golpe.

La noche.

Él.

Lo que habían cruzado.

Giró el rostro.

Andrés ya estaba despierto.

Sentado al borde de la cama, de espaldas a ella, con el teléfono en la mano.

No hablaba.

Pero su postura lo decía todo.

Algo estaba mal.

—¿Qué pasa? —preguntó Jenny, incorporándose un poco.

Andrés no respondió de inmediato.

Eso fue suficiente para tensarlo todo.

Finalmente, habló.

—Nos encontraron otra vez.

El aire cambió.

De inmediato.

Jenny se quedó en silencio, procesando.

—¿Aquí?

—No exactamente —respondió él—. Pero saben que estoy en la ciudad… y eso los acerca a ti.

Ella bajó la mirada.

—Entonces fue un error.

Andrés se giró hacia ella.

—No.

Respuesta firme.

Sin dudar.

—Lo único que sería un error… es volver a separarnos creyendo que eso te protege.

Jenny sostuvo su mirada.

—¿Y si no es suficiente?

Silencio.

Porque esa pregunta…

no tenía una respuesta fácil.

Un golpe en la puerta interrumpió el momento.

Eliander.

—Tenemos un problema —dijo desde afuera.

Andrés se levantó de inmediato.

—Habla.

—No están esperando esta vez —añadió—. Se están moviendo.

Jenny sintió el pulso acelerarse.

—¿Qué significa eso?

Andrés abrió la puerta.

Eliander los miró a ambos… entendiendo más de lo que decían.

—Significa que ya no quieren asustar —respondió—. Quieren terminarlo.

El silencio cayó como un peso.

Pesado.

Real.

Minutos después, todo volvió a moverse.

Rápido.

Preciso.

Preparado.

Pero esta vez había una diferencia.

Jenny no se quedó atrás.

Se vistió sin que nadie se lo pidiera.

Salió de la habitación.

Y cuando Andrés la vio, no dijo “quédate”.

Solo la observó.

Evaluando.

Aceptando.

—Te quedas a mi lado —dijo finalmente.

No como orden.

Como acuerdo.

Jenny asintió.

—No vine hasta aquí para volver a esconderme.

Afuera, la ciudad ya no parecía normal.

Ahora era territorio.

Cada calle, cada esquina, cada movimiento… podía ser una trampa.

Subieron al vehículo.

Pero esta vez no había escape.

Había enfrentamiento.

Mientras avanzaban, Eliander habló:

—Interceptamos una comunicación. No vienen por negocios.

Andrés no apartó la mirada del frente.

—Entonces vienen por mí.

—No —dijo Eliander, mirando a Jenny—. Vienen por lo que no puedes controlar.

El silencio dentro del auto se volvió denso.

Porque todos sabían la verdad.

Jenny no dijo nada.

Pero apretó las manos.

No iba a huir.

No otra vez.

El vehículo se detuvo.

Un almacén abandonado.

Demasiado silencioso.

Demasiado perfecto.

—Es una trampa —murmuró Jenny.

Andrés abrió la puerta.

—Lo sé.

Y aun así…

salió.

El aire era frío.

Pesado.

Como si algo estuviera esperando.

Eliander se posicionó.

Alerta.

Listo.

Jenny bajó después.

Su corazón latía fuerte.

Pero no retrocedió.

Y entonces…

una voz.

Desde las sombras.

—Pensé que tardarías más.

Una figura salió lentamente.

No era un desconocido.

Andrés lo reconoció al instante.

Su expresión no cambió.

Pero sus ojos sí.

—Tú…

El hombre sonrió.

—Siempre es más fácil destruir a alguien… cuando sabes exactamente qué le importa.

Su mirada fue directa hacia Jenny.

Sin disimulo.

Sin duda.

El mundo se redujo a ese instante.

A esa mirada.

A esa verdad.

Andrés dio un paso al frente.

—Te equivocaste de objetivo.

El hombre negó lentamente.

—No.

Sonrió.

Frío.

Calculado.

—Elegí el correcto.

Y en ese momento…

todo quedó claro.

Esto ya no era una amenaza.

No era un juego.

No era estrategia.

Era guerra.

De verdad.

Y esta vez…

no iba a terminar sin que alguien lo perdiera todo.



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En el texto hay: amor mafi

Editado: 10.04.2026

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