El nombre detrás de todo
El regreso al refugio no trajo calma.
El silencio que los rodeaba no era tranquilidad, era análisis. Cada uno estaba procesando lo mismo: el ataque no había sido para eliminar… había sido para medir.
Andrés caminaba de un lado a otro, revisando información en su teléfono mientras Eliander organizaba a los hombres. Jenny permanecía cerca, observando, conectando piezas.
—No fueron improvisados —dijo ella finalmente—. Sabían exactamente cómo moverse.
Andrés asintió sin mirarla.
—Y sabían dónde estaríamos.
Eso cambió todo.
Eliander levantó la mirada.
—Entonces alguien habló.
El aire se tensó.
No era una sospecha ligera.
Era una posibilidad real.
—No cualquiera —añadió Andrés—. Alguien que conoce mis movimientos.
Jenny sintió un nudo en el estómago.
—¿Alguien de adentro?
El silencio fue respuesta suficiente.
Minutos después, uno de los analistas entró apresurado.
—Señor… encontramos algo.
Colocó una tablet sobre la mesa.
Una imagen.
Un rostro.
Un nombre.
Andrés se quedó quieto al verlo.
—No puede ser…
Eliander frunció el ceño.
—¿Lo conoces?
Andrés no respondió de inmediato.
Pero su mirada se endureció.
—Demasiado.
Jenny se acercó un poco más.
—¿Quién es?
Andrés levantó la vista.
Y por primera vez…
hubo algo personal en su voz.
—Es alguien que ya intenté eliminar una vez.