Nunca te olvidé

capitulo 34

Sin huir

La mañana llegó sin avisar.

La luz atravesó las ventanas de la mansión como si nada hubiera cambiado…
pero todo era distinto.

La amenaza seguía ahí.
El enemigo también.

Pero dentro de la casa…

algo se había acomodado.

Vanessa estaba en el jardín.

No por costumbre.

Por necesidad.

El aire fresco le ayudaba a pensar, a ordenar todo lo que había pasado en los últimos días. Había cruzado una línea… y lo sabía.

Ya no era la chica que observaba desde lejos.

Ahora estaba dentro.

—No has dormido —dijo una voz detrás de ella.

No necesitó girarse.

—Tú tampoco.

Eliander se acercó despacio, deteniéndose a su lado.

—Tenemos que hablar.

Vanessa soltó una pequeña sonrisa.

—Eso nunca es buena señal.

—Depende de cómo lo mires.

Silencio.

Pero no incómodo.

Vanessa finalmente se giró hacia él.

—Dilo.

Eliander la observó unos segundos, como si estuviera midiendo cada palabra.

—Ayer cruzaste una línea.

Ella no se sorprendió.

—Lo sé.

—Y no hay vuelta atrás.

Vanessa sostuvo su mirada.

—Nunca quise que la hubiera.

Eliander exhaló lentamente.

—Esto no es solo estar conmigo —dijo—. Es entrar en todo lo que soy… en todo lo que hago.

—Ya lo estoy —respondió ella.

Sin titubeos.

El viento movió ligeramente las hojas a su alrededor.

Pero ellos no se movieron.

—Vanessa —añadió él—, si te quedas… no voy a poder protegerte de la misma manera.

Ella dio un paso hacia él.

—No quiero que me protejas así.

Eliander frunció levemente el ceño.

—¿Entonces cómo?

Vanessa levantó la mirada, firme.

—Quiero que estés conmigo… no delante de mí.

Esa frase lo golpeó.

Porque era simple.

Pero cambiaba todo.

—No soy alguien que se queda atrás —continuó ella—. No después de todo lo que he visto.

Se acercó un poco más.

—Y no después de elegirte.

El silencio se volvió más profundo.

Eliander la miró como si en ese momento entendiera algo que había estado evitando.

—Elegirme… también significa aceptar lo que viene —dijo en voz baja.

—Entonces deja de intentarlo solo.

No hubo discusión.

No hubo resistencia.

Porque ambos sabían que esto no era una pelea.

Era una decisión.

Eliander dio un paso más.

Ahora estaban frente a frente.

Sin espacio.

Sin distancia.

—Si te quedas —dijo—, no voy a soltarte.

Vanessa no apartó la mirada.

—No te lo estoy pidiendo.

El aire cambió.

No por tensión.

Sino por certeza.

Eliander llevó su mano al rostro de ella, sosteniéndolo con una firmeza que no era posesiva… era real.

Vanessa cerró los ojos apenas un segundo.

Y luego lo miró de nuevo.

—Entonces deja de dudar.

Esa fue la última barrera.

Eliander la acercó a él.

Y la besó.

No fue suave.

No fue contenido.

Fue intenso.

Como todo lo que habían estado evitando.

Vanessa respondió sin miedo.

Sin dudas.

Como si ese momento hubiera estado esperando desde el inicio.

Cuando se separaron, sus respiraciones estaban mezcladas.

Pero no había caos.

Había claridad.

—No vamos a huir —dijo ella.

Eliander apoyó su frente contra la de ella.

—Nunca más.

Desde la entrada de la casa, Jenny los observaba en silencio.

No con incomodidad.

Con entendimiento.

Andrés apareció a su lado.

—Parece que ya decidieron.

Jenny asintió suavemente.

—Todos lo hicimos.

Andrés cruzó los brazos, mirando hacia el jardín.

—Entonces esto cambia las reglas.

Jenny lo miró de reojo.

—No.

Pequeña pausa.

—Esto define las reglas.

El silencio volvió a la mansión.

Pero esta vez…

no era incertidumbre.

Era decisión.

Porque ya no se trataba de protegerse del mundo.

Ni de escapar del peligro.

Se trataba de quedarse.

De enfrentarlo juntos.

Y eso…

era mucho más fuerte que cualquier amenaza.



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En el texto hay: amor mafi

Editado: 10.04.2026

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