Nunca te olvidé

capitulo 38

Lo que no se ve venir

La mañana llegó tranquila.

Demasiado tranquila.

El sol entraba por los ventanales de la mansión como si nada hubiera pasado, como si el mundo no hubiera estado al borde del colapso días atrás. Todo parecía en orden. El personal trabajaba con normalidad, los guardias seguían sus rondas, y por primera vez… nadie estaba corriendo.

Pero Andrés Wilson no confiaba en las mañanas tranquilas.

Nunca lo hizo.

Estaba en su despacho, de pie frente a la pantalla principal, revisando reportes que, en apariencia, no mostraban nada fuera de lo común.

Y ese era el problema.

—Esto está demasiado limpio —murmuró.

Eliander, apoyado contra la pared, cruzó los brazos.

—Después de lo que pasó… es normal que se hayan calmado.

Andrés negó suavemente.

—No.

Se giró hacia él.

—Los hombres que pierden como ellos… no se calman.

Pausa.

—Se esconden.

Eliander no respondió de inmediato.

Porque sabía que tenía razón.

—¿Qué estás viendo? —preguntó finalmente.

Andrés amplió un mapa digital.

—Movimientos financieros pequeños… fragmentados… casi invisibles.

Señaló varios puntos.

—Esto no es retirada.

Es reorganización.

El ambiente cambió.

Sutil.

Pero suficiente.

—¿Crees que están formando algo nuevo? —preguntó Eliander.

—No lo creo —respondió Andrés con frialdad—. Lo sé.

Silencio.

—Entonces no terminó —dijo Eliander.

Andrés lo miró fijo.

—Nunca terminó.

🌿 En el jardín

Jenny caminaba descalza sobre el césped, disfrutando de una normalidad que todavía le parecía ajena.

Respiraba más ligero.

Pensaba menos.

Sentía… más.

Vanessa estaba sentada cerca, observándola con una sonrisa leve.

—Todavía no te acostumbras, ¿verdad?

Jenny negó con suavidad.

—No.

Se detuvo y miró alrededor.

—Pero quiero hacerlo.

Vanessa asintió.

—Yo también.

Hubo un silencio breve, cómodo.

—¿Crees que de verdad se acabó? —preguntó Jenny.

Vanessa no respondió de inmediato.

Miró la casa. Los guardias. El cielo.

—Creo que esta vez… tenemos una oportunidad.

Jenny sonrió apenas.

Pero no alcanzó a responder.

Porque en ese momento…

un sonido rompió la calma.

Un teléfono.

No el suyo.

El de Vanessa.

Ambas se miraron.

Algo en ese sonido… no era normal.

Vanessa contestó.

—¿Sí?

Silencio.

Su expresión cambió en segundos.

—¿Qué?

Jenny se acercó de inmediato.

—¿Qué pasó?

Vanessa bajó lentamente el teléfono.

—No sé cómo… pero alguien intentó entrar a mis cuentas personales.

Jenny frunció el ceño.

—¿Entrar?

—No lo lograron… pero dejaron algo.

—¿Qué cosa?

Vanessa levantó el teléfono, mostrando la pantalla.

Un mensaje.

Sin remitente.

Sin rastreo.

“Sabemos quién eres ahora.”

El aire se volvió pesado.

Jenny sintió un escalofrío.

—No… eso no tiene sentido.

Vanessa la miró.

Y por primera vez en días…

había miedo real en sus ojos.

—Sí lo tiene.

🔥 Dentro de la mansión

Eliander entró de golpe al despacho.

—Tenemos un problema.

Andrés no se sorprendió.

Solo lo miró.

—Dime.

Eliander dejó el teléfono sobre la mesa.

—Intentaron acceder a los datos de Vanessa.

Andrés bajó la mirada hacia la pantalla.

Leyó el mensaje.

Y su expresión… no cambió.

Pero sus ojos sí.

—No están atacando estructuras —dijo con voz baja.

—Están atacando identidades.

Eliander tensó la mandíbula.

—Eso significa que…

Andrés terminó la frase:

—Que ya no buscan destruir lo que tenemos.

Pausa.

—Buscan destruir quiénes somos.

Silencio.

Pesado.

Real.

—¿Qué hacemos? —preguntó Eliander.

Andrés tomó el teléfono.

Lo observó unos segundos.

—Ahora sí terminó la fase silenciosa.

Levantó la mirada.

Y su voz cambió.

—Porque esto…

ya es personal.

🌑 Esa noche

La mansión volvió a transformarse.

Pero esta vez…

no era defensa.

Era preparación.

Refuerzos digitales.

Cambios de identidad.

Movimientos estratégicos invisibles.

Pero algo era distinto.

No había pánico.

Había decisión.

🌙 En la habitación

Jenny estaba sentada en la cama, pensativa.

Andrés entró.

Cerró la puerta.

—Ya lo sabes —dijo él.

Ella asintió.

—Sí.

Silencio.

—Vanessa no es la única —añadió él.

Jenny levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

Andrés la miró directamente.

—Si encontraron una identidad…

pueden encontrar otras.

El corazón de Jenny se tensó.

—¿La mía?

Él no respondió.

No con palabras.

Y eso fue suficiente.

Jenny respiró hondo.

—Entonces empezó otra vez.

Andrés se acercó lentamente.

—No.

Negó suavemente.

—Esto es diferente.

Se detuvo frente a ella.

—Esta vez no están tocando lo que tenemos.

Bajó la voz.

—Están intentando llegar a lo que somos.

Jenny lo miró fijo.

Sin miedo.

Pero con claridad.

—Entonces no nos van a encontrar débiles.

Andrés sostuvo su mirada.

Y por primera vez…

sonrió levemente.

—No.

Porque esta vez…

no solo estaban luchando por poder.

Estaban luchando por su identidad.

Por su historia.

Por lo que habían construido juntos.

Y eso…

eso era mucho más peligroso.

La calma había terminado.

Pero no como antes.

Ahora…

la guerra sabía exactamente a quién atacar.

Y ellos sabían exactamente por qué no podían perder.



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En el texto hay: amor mafi

Editado: 10.04.2026

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