Nunca Te Olvides De Dios

LA CITA ROMANTICA Y UNA GRAN DECEPCIÓN FAMILIAR

Estupefacta, Miriam pone sus dos manos en los hombros de Carmen, diciéndole:

— ¿Eso es verdad? Porque lo que acabas de decir es muy serio.

— Fue evidente que las ganadoras éramos nosotras con los muchachos, ¿acaso no viste que nuestro portátil estaba en el lugar que siempre ponen al ganador o cuando ponen una maqueta de número uno?

— Si, si, así vi, y por eso yo dije en mi mente que había ganado.

— Así es, nuestro proyecto era mejor que el de Ángel y compañeros.

— Necesito hablar con el jefe.

— Cuidado con eso, si el jefe se enoja nos echa.

— De todas maneras, hablaré con él.

— Ganamos bien haciendo diseños locales e internacionales, no vayas a perder el puesto, acaso no sueñas con escalar.

— Yo no sueño con eso.

— Ah, ¿no?

— Yo aspiro hacer la número uno, y ser la que mande en este lugar.

— Oh...

En ese momento en la oficina de arquitectos, Ángel y su grupo están contentos y alegres unos con los otros. Cuando Francisco les dice a todos:

— Muchachos, Armando y yo nos ocuparemos de armar la maqueta.

Pizarro les dice a Francisco y a Armando:

— Este es un grupo, todos vamos a trabajar en eso, para dejar plasmado el proyecto ganador.

Ángel les dice a todos:

— Con la venta del diseño y planos de este gran proyecto, como lo es este hospital de cuarto nivel, y sobre todo ganar; nos ha dado una muy buena experiencia como arquitectos... convénzanse, que todos somos capaces de triunfar.

Francisco le expresa a Ángel:

— Digas lo que digas, si no fuera por ti, habría ganado Miriam y su grupo.

Armando le dice a Francisco:

— Tienes razón en eso.

Pizarro también dice:

— Yo también pienso eso.

Ángel les expresa a todos:

— Yo ya les había dicho esto, formamos por primera vez un grupo de esta manera, y el logro es de todos, todos ganamos.

Armando les dice a todos:

— Muchachos, yo les confieso que vi los rostros de los otros, y casi no pude festejar como quería al verlos tristes.

Pizarro pone sus dos manos en la mesa, diciendo:

— Así son las cosas, unos ganan y otros pierden.

Ángel le expresa a Pizarro, y a los demás:

— Todos son nuestros compañeros, de mi parte; yo de lo que he ganado les daré a cada uno.

En seguida, Francisco, Armando y Pizarro, se ven las caras. Cuando Francisco le dice a Ángel:

— Yo respeto tu decisión, pero yo si no me puedo dar ese lujo, estoy apretado económicamente.

Los demás dicen lo mismo que Francisco. Cuando Ángel les dice:

— Gracias por respetar mi decisión muchachos, pero eso me nace, espero a ver que dicen los demás cuando les diga...

Minutos después, barrio Rosales, Aristóbulo se baja de su vehículo y entra en su casa, mientras el chofer cuadra bien el carro...

En ese instante, Aristóbulo se quita la chaqueta y la pone en el esquinero. Cuando Rita, su esposa; quien está hablando con una íntima amiga, deja de hablar por teléfono, y le dice a su esposo:

— ¿Y ese milagro que has llegado más temprano que las otras veces?

— Hola, mujer; yo de ti diría, hola esposo, ¿cómo estás? ¿Como te fue en tu día de trabajo?

Rita se levanta del asiento, y le da un beso a su esposo, diciéndole:

— Disculpa amor, ¿cómo estás?

— De nuevo con ese dolor de espalda, pero ya me ha quitado un poco.

— Siéntate aquí, te voy hacer un masaje en donde te duele.

— Bueno...

Aristóbulo se sienta. Cuando Rita comienza a masajearle la espalda, diciéndole:

— Dime si es en este lado.

Aristóbulo pone su mano derecha donde verdaderamente le duele, diciéndole a Rita:

— ¡Es aquí!

— Bueno...

— ¿Y Félix?

— Esta arriba trabajando en su computador.

— Necesito hablar con él.

— Primero lo primero. No te levantaras de aquí está que quedes bien de esa espalda.

— Bueno mujer...

— ¿Y cómo te fue en la empresa?

— Muy bien, mi amigo que vino de España, compró uno de los proyectos de la empresa.

— Oh, que bien, eso quiere decir que la empresa sigue creciendo cada vez más y más.

— Qué bueno que te alegra que nos vaya bien.

— Claro, ¿qué esposa quiere que a su marido le vaya mal? ¿A donde se ha visto eso?

— Bueno, espérame aquí, voy a hablar con Félix, porque necesito que comience a prepararse para que me remplace en la empresa.

Rita se ríe bastante y sin parar. Cuando Aristóbulo se levanta de la silla y la mira con mucha extrañeza, diciéndole:

— ¿De qué te ríes mujer?

Rita logra controlar su risa, y le contesta a su esposo:

— Discúlpame amor, es que se te olvido como es de terco tu hijo, y también, que él ya te dijo que no soñaba ni pensaba lidiar con los trabajadores de nuestra empresa.

— Pues, esto no es que le guste o no, esto es que le toca.

— Ve y dile, ojalá te haga caso.

— Voy para allá.

En seguida, Aristóbulo entra en la habitación de su hijo, y lo encuentra en el computador viendo videos del ejército. Cuando Aristóbulo le expresa:

— ¿Así que esto es lo que mantienes viendo?

De inmediato, Félix se quita los audífonos, y ve a su padre, quien está a su lado izquierdo, y le dice:

— Me asustaste papá.

— Pensé que estabas trabajando en diseños, no viendo esto.

— Eso es lo que quiero hablar contigo.

Aristóbulo coje una silla y se sienta al lado de su hijo, diciéndole:

— Dime...

— Estoy pensando muy seriamente en volver a prestar servicios en el ejército. Y esta vez para quedarme completamente.

Aristóbulo pone su mano derecha en su frente, y le expresa a su hijo:

— Ya vez, te dije que no me fueras a dañar el día.

— Solo te dije lo que quiero hacer.

— ¿Y quién me va a remplazar en la empresa que es tu empresa?

— Pues, debe de haber una persona destacada que pueda ser tu mano derecha, alguien en quien confíes, alguien que pueda ser tu remplazo y gerente de la empresa, yo a la verdad, no quiero.



#2128 en Otros

En el texto hay: consejos, reflexión familia , espitual

Editado: 20.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.