En ese instante, Ángel y Karla se ven las caras al escuchar eso de Adreu. Cuando Karla, que sigue atemorizada y nerviosa, le pregunta a su esposo:
— ¿Crees que en un restaurante lo van a dejar entrar así?
— Si, y si no, nosotros tan poco entraremos.
— Nos van aponer problemas.
En seguida, Ángel le expresa a Adreu:
— Vamos a comer, ven con nosotros.
Adreu está con la ansiedad de tranquilizarse, pero le hace caso a Ángel, diciéndole:
— Bueno...
Ángel busca un restaurante por el sector, y ve uno llamado Ouzo Santa Marta, y le dice a Karla:
— ¡Vamos allá!
— Como tu digas, pero sigo diciendo que no los van a atender.
Ángel le expresa a Adreu:
— Ven, no te quedes atrás...
Adreu sigue a Ángel y a Karla hasta llegar al restaurante Ouzo Santa Marta, y un mesero detiene a Adreu, para no dejarlo sentar, pero Ángel le dice al mesero:
— El viene con nosotros, y si él no puede entrar, pues; nosotros tan poco.
El mesero mira a Adreu, y luego le dice a Ángel:
— Esperen, ya vuelvo...
El mesero entra a donde está el dueño, y habla con él. Cuando Karla le dice a Ángel:
— Te lo dije, están poniendo problemas, vámonos de aquí.
— Espera amor, vamos a ver que dicen.
Abreu le dice a Karla y a Ángel:
— A ellos no les gusto para nada, yo ya me acostumbré a que la gente me tenga miedo.
El mesero se regresa a onde esta Ángel y compañía, y les dice a todos:
— Pueden sentarse.
Ángel le agrádese al mesero, y todos se sientan, y el mesero les da el menú, y se retira a atender a otras personas, mientras estos miran que comer...
En seguida, Ángel le pregunta a Adreu:
— ¿Qué has escogido para comer?
Con movimientos extraños en sus manos, Abreu está un poco intranquilo, y le responde a Ángel:
— Cualquier cosa, solo tengo hambre.
Karla le dice a su esposo:
— ¿Qué te parece, si para empezar pedimos sopa de pescado para todos?
A Ángel le gusta la idea, y le responde a su esposa:
— Si, pidámosla.
En seguida, llaman al mesero y piden la sopa para todos, y el mesero se va a traerlas. Ángel le pregunta a Adreu:
— Adreu. ¿Tienes familia?
— Si, pero como si no la tuviera, porque nadie me ayudó.
Dejando un poco el temor, Karla le pregunta a Adreu:
— ¿Por qué dices que nadie te ayudó? ¿Qué te ha pasado?
Adreu deja quietas sus dos manos, y le responde a Karla:
— Yo, cuando más joven, me reuní con unos amigos, que me llevaron por el camino de sustancias ilegales, y mi familia se dio cuenta de eso, y me echaron de la casa, pero a las dos semanas, me dieron la oportunidad de volver, y hasta entre a una Iglesia.
El mesero trae las sopas de pescado, y todos comienzan aprobar la sopa. Cuando Ángel le pregunta a Adreu:
— ¿Qué sucedió después?
Adreu queda encantado por lo que está comiendo, que dice:
— Esto está muy rico.
Ángel y Karla también dicen que la sopa esta rica, y reconocen que cocinan muy bien allí. Cuando Adreu les dice:
— Yo me dejé de convencer de amigos, los cuales me llevaron otra vez a la calle, y me salí de la Iglesia.
Ángel le pregunta a Adreu:
— ¿Quién te llevó a la Iglesia?
— Un tío, pero yo me salí, y robé en la casa de mis padres para comprar esas sustancias, y al final; me quedo gustando la calle, que no esperé que me echaran nuevamente.
Ángel ve y nota, que en realidad Adreu quiere cambiar, y le expresa:
— Yo te voy ayudar...
— ¿Tú tienes lo que yo necesito?
— No, no, no, ya te dije Adreu; que yo no te voy a dar dinero para vicio, yo te voy ayudar a dejar eso, y también en tu alimentación.
Karla mira a su esposo, y le pregunta:
— ¿Y cómo piensas hacer todo eso, si tenemos que devolvernos a Bogotá?
— Pues, nos quedaremos más días de lo pensado, amor, es por una buena causa.
— Yo lo sé, pero acuérdate que tengo que seguir en el caso de Vilma.
— Llámala y habla con ella, tengo muchos deseos de ayudar a este hombre.
Adreu termina de tomarse toda la sopa. Cuando Karla le dice a Ángel:
— Bueno, ahora llamo a Vilma...
De inmediato, Ángel le pregunta a Adreu:
— ¿En dónde vives?
— Vivo en un lote del barrio el Prado.
— Quiero conocer allá.
Karla le dice a su esposo que no. Cuando Adreu le expresa a Ángel:
— Yo no vivo solo, vivo con varios amigos de la calle.
En seguida, Karla pone su pie izquierdo en el pie derecho de su esposo, diciéndole:
— ¡Es peligroso! Yo no quiero ir por allá.
El mesero trae más comida. Cuando Ángel le hace caso a su esposa, y le dice a Adreu:
— Voy hacer para que vivas en otra parte.
Adreu come carne desmechada con gran ganas. Cuando Karla le pregunta a Ángel:
— ¿Qué vas hacer con él?
— Ya verás...
Minutos después, Ángel habla con el dueño del restaurante, diciéndole que pagará lo que consuma Adreu e intercambian información para que desde Bogotá reciba el pago.
Ángel también le compra un celular a Adreu, para asegurarse de que reciba la alimentación, y llegan a un establecimiento de ropa llamado: Tierra Santa.
Adreu se pone contento. Cuando Ángel y la vendedora lo mandan a quitarse toda esa ropa sucia, y ponerse ropa nueva.
Karla se sonríe al ver el rostro de Adreu, y le dice en voz baja y al oído a su esposo:
— Has hecho que este hombre este muy feliz, de verdad la ropa lo hizo alegrarse.
— Si, y falta otra cosa para él.
Karla se pone al frente de Ángel, y le expresa:
— Ten presente que nos queda un largo camino que recorrer y no podemos quedarnos sin dinero.
— ¿Cuánto nos queda?
— Todavía tenemos, pero como estas gastando demasiado, me da miedo que nos vayamos a quedar sin nada para devolvernos.
— No te preocupes mi amor, nos va a alcanzar, estamos haciendo una buena causa, porque Dios me sanó, él lo hizo al verme allí tirado, ahora quiero que este hombre salga adelante y se recupere de su problema adictivo.