Ángel y Karla quedan muy sorprendidos. Cuando la vendedora mira los calzados viejos que lleva Adreu, y dice:
— Solo le queda cambiar las tenis.
En seguida, Ángel le expresa a Adreu:
— No te vayas a preocupar por los calzados, que también vas a tener nuevos.
Adreu mira sus tenis, y le dice a Ángel:
— Con estos he vivido muchas cosas.
Karla le expresa a Adreu:
— Pero con los nuevos vas a tener nuevas vivencias, ¿acaso no quieres cambiar?
— Si, pero no; yo me quiero quedar con estas, y también quiero tranquilizarme.
De inmediato, Ángel se va asolas con Adreu, y hablan por más de cinco minutos, hasta que Ángel logra convencer a Adreu de dejarse ayudar...
Horas después, Ángel y Karla vuelven al hotel Caribe Real Inn, y entran a la habitación. Cuando Karla le pregunta a su esposo:
— ¿Tú tienes la confianza de que Adreu no vaya a vender el celular que le acabas de comprar, para comprar esas cosas que lo tranquilizan?
— Estaba dudando en comprarlo por eso, tenía una batalla mental.
— ¿Y porque se lo compraste si estabas así?
— Porque quiero estar en contacto con el cuando regresemos a la capital.
— Llámalo ahora.
— Buena idea...
En seguida, Ángel coge su teléfono y le marca al teléfono que le compró a Adreu, pero este no contesta, y vuelve Ángel a marcarle en repetidas ocasiones, pero tampoco contesta. Cuando Karla le expresa a su esposo:
— Lo que me imaginaba.
— Espera amor, puede ser que no lo sepa contestar.
— Estas siendo muy optimista, yo más creo que Adreu vendió el teléfono para comprar esas cosas.
— ¿Sera?
— Uf, yo sí creo... ¿que vas hacer? ¿Dónde lo vamos a encontrar?
Ángel camina de un lado a otro, y luego le responde a su esposa:
— Él va a tener que ir a comer al restaurante, allí lo encontraremos.
— Ojalá, él puede estar en cualquier parte.
— Adreu ya sabe que tiene comida gratis allí, él es inteligente; el regresará al restaurante.
Karla sigue dudando bastante, y le expresa a su esposo:
— Esperemos a mañana...
El día siguiente, Ángel y Karla no desayunan en el hotel que están, sino que salen y se van a buscar a Adreu, y llegan al restaurante Ouzo Santa Marta...
En ese instante, Ángel saluda al dueño del restaurante y al mesero y pide un desayuno para su esposa y otro para el, y se quedan sentados de frente el uno con el otro...
El mesero les trae el desayuno a la mesa. Cuando Karla le dice a su esposo:
— ¿Cuánto tiempo vamos a estar esperando?
Ángel le pregunta al mesero:
— ¿El hombre que estuvo con nosotros ayer, ha venido ahora?
— No señor, pero como usted ya quedo encargado de pagarle todo lo que se coma aquí, yo creo que no demora en venir.
— Ayer me olvide de preguntarte tu nombre.
— Mi nombre es Luango.
— ¿Y el de tu jefe?
— Mi jefe se llama Luis Ferran, el ayer le dijo el nombre.
— No lo había escuchado bien.
El mesero se va atender a otras personas. Cuando Ángel le responde a su esposa:
— Amor, vamos a quedarnos un buen rato, porque no nos podemos ir, sin llevar a Adreu a un lugar donde le ayuden con su problema de adicción, o buscar un familiar.
— Suena bien amor, esperemos entonces que Adreu aparezca, y que este quiera entrar a un lugar de esos...
En ese instante, Karla se preocupa y piensa:
"Esto pinta a que nos vamos a quedar aquí, ese lugar de rehabilitación debe de ser muy costoso"
En otra parte de la ciudad, Adreu esta reunido con dos de sus amigos, y le da mucha hambre, y se acuerda del restaurante, y se despide de sus amigos con gran afan...
En el restaurante, Ángel ve el rostro de preocupación de su esposa, y le pregunta:
— ¿Qué te sucede amor? ¿Por qué tienes esa cara?
— Porque pienso en lo que costará ese lugar de rehabilitación, y nos queda poco efectivo.
— En efectivo, pero tenemos en tarjetas y en Bogotá.
— Realmente estas decidido a todo con Adreu.
— Si, quiero ayudarlo, no te preocupes amor por el dinero, ahora que ya estoy bien gracias a Dios, voy a volver a la empresa de arquitectos y nos va ir mucho mejor que antes.
Karla se alegra de escuchar eso, y le dice a su esposo tocando sus dos manos:
— Este es mi arquitecto preferido.
— Y tú eres mi abogada preferida.
En seguida, Ángel y Karla se dan un beso, y son vistos por varias personas que van pasando...
Minutos después, Adreu llega al restaurante, y ve a Ángel y a Karla sentados y cogidos de la mano como nuevos enamorados...
Adreu siente pena de buscar comida. Cuando Ángel lo ve, y dice con voz alta:
— ¡ADREU! ¡VEN ACÁ!
De inmediato, Karla se da vuelta, y mira a Adreu y se sorprende al verlo de nuevo...
En seguida, Adreu llega a donde esta Ángel y su esposa, diciéndoles:
— Pensé que ya se habían ido a su ciudad.
Karla le expresa a Adreu:
— Siéntate.
— Bueno...
— Te estuvimos llamando ayer al teléfono que mi esposo te compro, pero nunca respondiste.
Ángel le dice también a Adreu:
— ¿Vendiste el teléfono?
Adreu se sienta, y saca el teléfono de su bolsillo, y les dice a los dos:
— No les negaré que estuve muy tentado de venderlo, hasta llegue a un lugar para cambiarlo por algo para tranquilizarme, pero paso algo que no pude venderlo, o intercambiarlo por cosas...
Ángel mira su esposa, y luego le pregunta a Adreu:
— ¿Qué fue eso que te paso, que no te permitió venderlo?
— Fue como una lucha interna, noles sabría explicar bien.
Karla le dice a Adre:
— Lo importante es que no lo vendiste, ¿pero porque no contestaste el teléfono?
— No lo supe contestar.
A Ángel le entra un deseo aún más profundo de buscar de Dios, y siente irse a Bogotá...
En ese instante, Ángel le pide desayuno a Adreu y le enseña a contestar ese teléfono...
Minutos después, Adreu termina de desayunar. Cuando Ángel y Karla le hablan de buscar un lugar de rehabilitación, y logran convencerlo...