Con mucha indecisión, Adreu se pone a un más nervioso al pensar que va a entrar en ese lugar. Cuando Ángel lo ve, y le dice:
— ¡Ven acá!
En seguida, Adreu va a donde esta Ángel y Eduardo, el dueño del centro de rehabilitación, y les pregunta:
— ¿Cuánto tiempo hay que estar acá?
Eduardo le responde:
— Hasta el tiempo que te hayas recuperado.
Ángel le expresa a Adreu:
— No tengas miedo, esto es para tu recuperación.
Ángel vuelve a convencer a Adreu, para que entre al lugar de rehabilitación, y este acepta nuevamente...
En seguida, Ángel y Karla se despiden de Adreu, y confían de que este no va a vender el teléfono y que va a estar rehabilitándose...
Dentro del carro, Ángel le expresa a su esposa:
— Antes de regresar a Bogotá, pasemos al lugar donde fui sanado y de paso veo de nuevo el mar.
— Bueno, sí, que buena idea, yo también quiero ir a la playa.
— Vamos entonces...
Minutos después, Ángel y Karla llegan a la playa donde fue sanado Ángel, y este camina por donde cayó...
En ese instante, Ángel recuerda su sanación, y piensa:
"Nunca olvidaré esto, gracias Dios"
Karla ve a su esposo demasiado concentrado, y le pregunta:
— ¿Qué piensas?
— Estaba agradeciéndole a Dios.
— ¿Quieres meter tus pies en el agua?
— Claro, vamos.
En ese momento, Karla y Ángel se quitan sus calzados y van a la orilla, y meten sus pies en el agua. Cuando Ángel le dice a su esposa:
— Se siente muy bien, que bueno.
— Si, no estuviera pensando en regresar para el caso de Vilma, te diría que nos quedáramos un poco más...
Ángel y Karla disfrutan del mar por más de una hora, y luego de eso compran comida para llevar, y se van a Bogotá...
El día siguiente, a dos horas de llegar a Bogotá, Karla ve en su celular que son las tres y cuarenta y dos, y le pregunta a su esposo, quien está muy concentrado en la carretera:
— ¿Cómo te sientes?
— Amor, ya me has preguntado cuatro veces lo mismo.
— Es que me da miedo que te vayas a enfermar.
— Te repito de nuevo, estoy bien. Dios me sanó, y fue definitivo, no siento nada.
— Eso que vomitaste fue muy extraño.
— Si, yo al ver eso me asuste mucho, pero gracias a la mano de Dios estoy bien.
— Estoy muy alegre de verte así, porque te digo a la verdad; yo pensaba que ibas a morir allá.
— Pues, no te equivocabas, yo también pensaba eso, pero Dios me dio otra oportunidad, y mírame; estoy manejando tranquilamente.
— Cuando tus padres te vean así, ya recuperado.
— Ya me imagino, se van a poner muy contentos, espera...
— ¿Qué pasa?
— Voy a detenerme en ese establecimiento de comidas rápidas, y voy a llamarlos para avisarles que estamos a unas horas de llegar a Bogotá.
— Bueno...
En seguida, Ángel detiene su carro en un establecimiento de comida rápida, y llama a sus padres, diciéndoles nuevamente que esta curado y que está a dos horas de llegar...
Después de hablar con sus padres, Ángel se acerca a donde está su esposa, y le pregunta:
— ¿Qué te gustaría llevar de comer para el camino?
— Me antojé de unas papas rellenas y unas empanadas.
— Que bien, yo también quiero, ¡cómpralas!
— Bueno... ¿cuántas papas o empanadas quieres?
— Dos de cada una.
— Bueno...
De inmediato, Karla le dice a la vendedora de comida rápida:
— Buenas.
— Buenas señorita.
— ¿A como son las papas y las empanadas?
— Las papas a tres mil quinientos, y las empanadas a dos mil quinientos.
— Deme cuatro papas y cuatro empanadas para llevar.
— Ya se las doy.
Sentado, Ángel ve a su esposa de espaldas comprando la comida, y dice en voz baja:
— Nuevamente te doy gracias, Dios, por esta esposa que me has dado...
En ese instante, Karla paga las empanadas y va a donde está su esposo, diciéndole:
— ¿No las comemos sentados aquí, o por el camino para no llegar tan de noche?
— Por el camino.
— Entonces vamos al carro.
— Bueno...
Ángel y Karla se suben al carro, y se van de ese lugar, y por el camino prueban lo que compraron, y a los dos les gusta...
Karla se acuerda de Adreu, y le expresa a su esposo:
— ¿Crees que Adreu va a cumplir?
— Eso lo veremos mañana que lo llamé.
— ¿Pero crees?
— Si creo, tenía temor de entrar, pero va a entrar, él quiere recuperarse.
— Ojalá y entre al centro de rehabilitación.
— Si quiere salirse de ese mundo lo hará...
Horas después, Ángel y Karla llegan al edificio donde viven, y se bajan muy cansados del carro. Cuando se encuentran algunos vecinos, quienes al ver a Ángel normal se sorprenden.
Los vecinos saludan a Ángel preguntándole si está bien, y este les cuenta el milagro, pero los vecinos no le creen, y se van. Cuando Karla le dice a su esposo:
— Mejor subamos a descansar, necesito recostarme.
— Vaya, estos vecinos no me creyeron.
— Pero yo si te creo, subamos.
— Si.
En ese instante, Ángel y Karla suben a su apartamento, y se encuentran con Ilma y Clemente, quienes los abrazan...
Ilma le dice a su hijo:
— ¡Oye! Es verdad todo lo que nos dijiste por teléfono, te ves reluciente hijo, no eres el mismo de antes.
— Dios me sanó.
— Te creo absolutamente.
Clemente le expresa a su hijo:
— Saliste de aquí moribundo, y tu madre y yo pensábamos que ibas a morir en ese lugar, pero ahora que te veo, ya creo en los milagros, te ves como si no te fuera pasado nada.
— Gracias papá.
Ilma les pregunta a su hijo y a su nuera:
— ¿Ya comieron? Porque hay bastante comida en la cocina.
Karla le responde a su suegra:
— En el camino comimos algo, pero más tarde probaré lo que hizo.
Ángel también dice:
— Yo también comeré ahora más tarde.
Clemente mira una y otra vez a su hijo, diciéndole:
— Hijo, verdaderamente que Dios te toco, yo... te confieso, que yo pensaba ya en enterrarte.