ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 20

Capítulo 20

Noah

La mañana inició con el sol filtrándose entre las cortinas. Estiré mi brazo en busca de Kai, pero no lo encontré. Me incorporé sentándome.

—Es cierto Kai tenía que viajar a Rusia.

Me froté los ojos para volver a la realidad. Me levanté y bajé al primer piso. Para mi sorpresa Timi estaba comiendo un hueso que de seguro Kai le compró. Fui a la cocina y había un desayuno ya preparado era un sándwich de jamón y queso y en la cafetera agua caliente lista para preparar café instantáneo. Había una nota.

—No quise irme sin despedirme, pero tampoco quería despertarte. Así que te dejo hecho el desayuno. Llámame cuando despiertes, no te preocupes por la hora, esperaré tu llamada.

Reí al leer la nota. Mientras preparaba el café lo llamé.

—Buenos días príncipe durmiente —Dijo desde el otro lado.

—Buena tardes señor presidente.

—¿Recién te levantas?

—Si, de hecho, gracias por el desayuno, lo estoy comiendo justo ahora. Y tú ¿Ya almorzaste?

—Me alegra que te haya gustado y si justo ahora estoy almorzado.

—… Te extraño, se que solo vamos unas horas separados.

Una risa desde el otro lado—. Yo también te extraño mucho. Pero no te preocupes haremos llamadas cada vez que me extrañes y quieras hablar… Perdón tengo que irme. Te llamaré después.

—Está bien, cuídate por favor. Adiós.

—Adiós, te amo.

—Yo más.

El resto de la semana pasó tranquilo. Entre ir al veterinario con Timi, más las reacciones a las vacunas, le dio fiebre, vomito, estuve muy preocupado por mi pequeño, pero se recuperó pronto.

Iba seguido al Rincón del Expresso, después de todo en casa no había nadie, llevaba a Timi conmigo.

En la cafetería junto a los hombres de Kai, atendía a los clientes y modificaba mis recetas para cuando Kai volverá, solo imaginar su cara al probarlos hacia que se me forme una sonrisa.

La distancia era significativa, pero hacíamos llamadas tres veces al día, me contaba como iba con su negociación, o que el presidente estaba a punto de aceptar el fin del compromiso con su hija. Lo cuál era un alivio para ambos.

Le contaba como iba mi día, los clientes que trataban de pasarse de listos, pero sus hombres controlaban la situación. O incluso había veces en las que con tal de oír su respiración me bastaba.

Sin darnos cuenta la semana pasó rápido. Esa mañana me levanté a limpiar la casa, saqué la aspiradora y recorrí cada cuarto con precisión. Saqué a Timi al patio, el entendió que tenía que ser un baño rápido así que no hizo ninguna travesura, se dejó bañar, secar y cepillar. Se acostó en su camita esperando a Kai. Yo por mi parte me fui a bañar rápido, me puse su camiseta y unos pantalones. Corrí a la cocina donde comencé a preparar uno de mis postres nuevos.

Y entonces sonó la perta abriéndose. Timi corrió ladrando y saltando a la puerta. Me miré al espejo, arreglé mi cabello y corrí a la entrada. Kai tenía varias bolsas en sus manos, en cuanto me vio las dejó caer y corrió hacia mí. Me levantó entre sus brazos y me abrazó fuerte. Correspondí ese abrazo que tanto había anhelado.

Nos separamos y me besó acariciando mi mejilla con cariño. Su otra mano en mi cintura. Mis dos manos rodearon su cuello. Sin querer separarnos, ni por falta de aliento.

El momento era hermoso, pero Timi salto sobre nosotros, nos separamos. Entre risas Kai sacó un hueso para Timi, el lo tomó y fue a su camita.

—Esa ropa hace que te veas tentador para mí —Dijo mirándome de pies a cabeza.

—No seas tonto —Me tapé la cara.

—Te traje regalos que podrían gustarte.

—No era necesario, solo quería que tú volvieras.

Rio un poco y fue a tomar las bolsas que había traído y noté que el olía algo en el aire, comenzó a seguirlo, pero me interpuse en el medio.

—Prohibido entrar hasta que te llame, ¿entendido? —le advertí, cruzándome de brazos en el umbral de la cocina.

—¿Ni siquiera para robar un poquito de masa?, porque huele a vainilla —preguntó, alzando la ceja.

—Especialmente para eso no. Tú lo probarás al final, señor impaciente.

—Esto es tortura emocional, acabo de volver y ya me estas prohibiendo cosas —replicó, retrocediendo dramáticamente hacia el sofá.

Timi, que había presenciado la escena desde su lugar favorito junto a la ventana, fue donde Kai y puso sus patitas en mis rodillas, como si lo consolara.

—Lo sé, Timi. Nosotros, los relegados a la sala, sufrimos en silencio.

Reí—. Pueden quejarse todo lo que quieran, pero cuando prueben esto… me darán las gracias.

—¡Timi, te necesito! —llamé de pronto, era hora de su vitamina.

Timi, mi pequeño, corrió hacia mí moviendo la cola a toda velocidad.

—¿Me estás reemplazando por un husky? —gritó desde la sala.




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