ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 21

Capítulo 21

Kai

Nuestra primera noche de reencuentro fue interrumpida por luces y sonidos que venían del cielo. La lluvia comenzó como un susurro en las ventanas, un golpeteo suave que, en cualquier otra noche, habría pasado desapercibido. Pero no para Timi.

Era su primera tormenta en casa.

Estábamos en la sala, Noah leyendo un libro de recetas con las piernas estiradas sobre mis muslos, mientras yo navegaba entre los nuevos juegos de las consolas. Timi dormitaba en su camita, justo a nuestros pies, hasta que el primer trueno rompió el aire con un rugido profundo.

El pobre alzó la cabeza de golpe, sus orejitas temblorosas, los ojos muy abiertos.

—Oh no… —murmuró Noah, cerrando el libro.

Otro trueno, más fuerte, hizo eco en la casa. Y como un rayo, Timi salió disparado, saltando al sofá y metiéndose entre nosotros dos, buscando refugio.

—Tranquilo —dije, acariciándole la cabeza—. Solo es la lluvia.

Pero Timi seguía temblando, pegado a mí como si quisiera fundirse en mi pecho.

—Creo que tenemos que hacer algo más para proteger a nuestro pequeño cachorro —dijo Noah, con una chispa traviesa en los ojos.

—Como qué.

—No lo sé… talvez un escondite de mantas —Dijo sonriendo.

—¿Una fortaleza?

—Una cabaña de mantas.

Nos miramos y, sin decir más sacamos todas las mantas posibles: las suaves, las de peluche, incluso la vieja manta de cuadros que Noah se había traído de su officetel.

—Esta es la manta mágica —dijo Noah, extendiéndola con solemnidad—. Me protegió de todas las tormentas. Ahora va a protegernos a los tres.

Armamos una estructura improvisada con sillas, cojines y muchas risas. La manta mágica se convirtió en el techo de nuestra cabaña, colgando como un cielo de colores cálidos para Timi.

—Entra aquí Timi —dije, señalando la abertura.

Timi, como si entendiera, se metió de inmediato, acurrucándose en mi pecho, mientras Noah traía una bandeja con tazas recién hechas de chocolate caliente.

—No sé si el chocolate espanta las tormentas, pero seguro espanta las penas —dijo Noah, entregándome una taza.

El viento sacudía las ventanas, pero dentro de nuestra cabaña de mantas. Timi estaba en el medio, recibiendo caricias. Noah le murmuraba cosas dulces al oído.

—¿Sabes, Timi? Los truenos son como monstruos de mentira. Solo hacen ruido, pero no pueden tocarte si estás en casa.

Apoyé mi frente contra la de Noah.

La tormenta rugía afuera. Las luces de la casa estaban apagadas, excepto por la tenue lámpara de pie y la televisión que dejaba sombras suaves. Noah sacó su teléfono y puso una playlist de música lenta para calma a Timi.

—Kai… —dijo Noah de repente, con ese tono que usaba cuando estaba por decir algo desde el corazón—. Nunca pensé que un día estaría así, en una cabaña de mantas, compartiendo el sonido de la lluvia con alguien que me mira como tú me miras. Y con un cachorro destructivo —Acarició a Timi, que aún temblaba, pero esta vez menos.

—¿Cómo te miro? —pregunté, acercándome más.

—Como si yo fuera tu hogar. Y eso es algo que nunca creí merecer.

Le besé la mejilla, con suavidad, como si tuviera miedo de romper ese momento.

—Noah, tú fuiste hogar mucho antes de que me diera cuenta.

Timi, decidió interrumpirnos metiendo su hocico en medio, dando un lengüetazo a nuestras mejillas a la vez.

—¡Ataque sorpresa! —dijo Noah, riendo, abrazando a Timi contra su pecho.

Nos tumbamos los tres, Timi en el medio, como el guardián oficial de la cabaña. Cada trueno se sentía menos fuerte, menos importante.

—¿Sabes qué creo? —dije, acariciando el lomo de Timi.

—¿Qué? —preguntó Noah.

—Que las tormentas solo existen para que aprendamos a construir refugios como este.

—Entonces que llueva todo lo que quiera —susurró Noah.

Y así pasaron las horas, con la lluvia marcando el ritmo. Timi enterrado en su pequeño paraíso de mantas. Por fin se había quedado dormido por las caricias. Y nosotros aprendiendo, poco a poco, que la felicidad no es un lugar al que se llega, sino algo que se construye… a veces con clavos y madera, y otras veces, con risas, abrazos y chocolate caliente bajo la lluvia.

Ya era tarde así que lleve a Timi en mis brazos a nuestra cama, lo coloqué en su lado de la cama y Noah se acomodó en mi pecho negándose en ninguna circunstancia a separarse de mí.




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