ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 25

Capítulo 25

Noah

Nunca imaginé que preparar maletas podría ser tan complicado … Timi no quería salir de la maleta. Cada vez que intentaba cerrarla, el pequeño bribón saltaba dentro, mirándome con esos ojitos de “llévame contigo o llévame contigo”.

—Kai, te juro que no puedo doblar esta camisa si Timi sigue usando la maleta de cama —reí, mirando a mi novio que estaba en el suelo, intentando meter sus medias y juguetes de los gatos en una maleta de mano.

—A ver, príncipe —dijo Kai, cargándolo en brazos—. A ti te toca ir en primera clase con papá y mamá, no dentro de la maleta, ¿entiendes?

El pequeño, en respuesta, le dio un lametón en la mejilla y comenzó a mover la cola con furia.

—Eso es un sí, ¿no? —Kai me guiñó un ojo y yo no pude hacer más que suspirar con una sonrisa.

Mochi, Daifuku y Tempu, por su parte, eran un caos silencioso. Mochi se había metido en el cajón de las medias y Daifuku… bueno, Daifuku había trepado al respaldo del sofá, observando todo como el emperador que era. Y mi pequeño Tempu jugaba patas arriba con el filo de la cobija que colgaba de la cama.

—¿Tú crees que es buena idea irnos tan lejos con esta tropa? —pregunté, mientras cerraba finalmente la maleta.

—Noah, amor mío —Kai se acercó a mí, rodeando mi cintura con sus brazos y apoyó su frente en la mía—, ¿acaso existe un lugar en el mundo donde no quiera estar contigo… y con ellos?

Me derretí.

—Cuando hablas así me dan ganas de cancelar el viaje y quedarme en casa, solo para seguir escuchándote.

—Imposible, ya reservé la mejor suite en Busan. Nos espera arena, sol y un Timi correteando en la playa como loco.

Y así comenzó nuestro primer viaje familiar.

Visitaríamos varios lugares dentro de Corea del Sur. Pequeños paraísos escondidos, con bellas vistas y paisajes totalmente naturales. Lugares donde los peludos pueden correr y divertirse con nosotros.

Busan

Apenas llegamos al resort, Timi corrió por los jardines como si le hubieran dado cuerda. Kai lo perseguía, mientras yo bajaba con cuidado las transportadoras de Mochi, Tempu y Daifuku, quienes salieron después.

Kai se acercó por detrás, abrazándome mientras observábamos a nuestros pequeños explorar su nuevo hogar temporal.

—¿Sabes qué? —dijo—. Creo que este es mi paraíso.

—¿Por las playas? —pregunté.

—Por ti —me respondió, besándome detrás de la oreja—. Y por ver a estos cuatro haciendo de las suyas.

Pasamos el día bajo una sombrilla, con Timi cavando agujeros en la arena enterrando a Tempu, Daifuku persiguiendo cangrejos que lanzaban ataques con sus tenazas y Mochi… bueno, se quedó dormido en mi regazo, como si fuera la criatura más mimada del mundo.

Damyang

Después de días de sol en Busan, aterrizamos en Damyang con el cielo cubierto de nubes, pero ni siquiera eso pudo apagarnos la emoción.

—¿Crees que Timi se emocione por correr por los bosques? —le pregunté, mientras lo cargaba en brazos, cubriéndolo con su pequeño impermeable.

—Amor, este chico puede con todo —Kai respondió, cargando a los gatitos en su transportadora.

Recorrimos el camino del bosque de bambú. Entramos a un restaurante para probar el Daetongbap —arroz cocido en bambú, se sirve con tteokgalbi— probamos el famoso helado de bambú que me hicieron dudar de los helados de Seúl. Y, en cada rincón, Kai no dejaba de recordarme cuánto me amaba.

También visitamos Gwanbangjerim

—Mira esos árboles, Noah. Un día tendremos que plantar árboles así de grandes en casa. Solo tenemos que averiguar cómo cuidarlo.

Reía de sus palabras tontas.

Por la tarde, fuimos a Gamagol.

—¿Sabes, Kai? —dije, deteniéndome a ver cascada—. Si no fuera tan alto me tirara al agua.

—Noah, amor mío… —Kai me tomó de la mano—. Yo saltaría contigo.

En el hotel, terminábamos siempre en la cama, los seis juntos. Timi entre Kai y yo, Mochi enredado en mis pies y Daifuku acaparando la almohada de Kai y Tempu sobre mi cuello.

—Creo que nunca volveremos a dormir solos, amor —susurré, abrazándolo.

—Yo quiero nuestras noches especiales —respondió pícaramente, besándome suavemente.

Rei por sus palabras que me sonrojaron. Nos quedamos en silencio, con la respiración de nuestros pequeños formando la banda sonora más perfecta.




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