ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 29

Capítulo 29

Kai

La mañana siguiente.
Desperté sobresaltado.
Por confusión y pánico.
Noah no estaba a mi lado.

El frío en las sábanas me golpeó como un balde de agua helada. Mi mano tanteó el vacío, buscando desesperadamente su calor, pero no había rastro de él. Solo el suave sonido de Timi roncando a los pies de la cama me mantuvo en pie, pero mi corazón ya latía con violencia.

—Noah… —susurré, mientras me levantaba de un salto.

—Noah. —Mi voz se hizo más fuerte, recorriendo la casa con pasos acelerados.

Atravesé el pasillo, la sala vacía, el comedor… hasta que el aroma dulce del pan recién hecho y el café invadió mis sentidos.

Me detuve.
Ahí estaba.

De espaldas, en la cocina, con el cabello despeinado, usando solo una camiseta vieja mía que le caía hasta los muslos. Movía la cuchara distraído, tarareando bajito.

No pensé.

Mis piernas se movieron solas.

Lo tomé por la cintura, lo jalé con fuerza, atrapándolo entre mi cuerpo y la pared más cercana. Su espalda chocó suave contra ella, y mi abrazo lo encerró, desesperado, necesitado.

—Kai… —soltó en un susurro sorprendido, pero sus brazos se enredaron en mi cuello de inmediato—. Buenos días.

—No hagas eso nunca más. —Mis labios se aferraron a su cuello, respirando el aroma de su piel—. No vuelvas a dejar la cama sin avisarme.

—Lo siento, amor… —acarició mi cabello, sabiendo exactamente cómo calmar la tormenta—. Solo quería prepararte el desayuno. Pensé que hoy podríamos quedarnos en casa… ¿sabes?

—Noah… casi me da un infarto. —Apreté más el abrazo, como si pudiera fundirnos en uno—. No me dejes solo al despertar. No después haber disparado un arma y no matar al idiota.

—No lo haré. Lo prometo. —Sus labios rozaron mi frente—. Pero tú tampoco me vas a dejar, ¿verdad?

—Nunca. —Mis palabras salieron entrelazadas con un beso profundo.

—Ayer también me diste un infarto Kai. —Dijo Noah con cara seria.

Nos quedamos abrazados unos segundos eternos.

—¿Sabes? —susurró Noah, sonriendo con ternura—. Si sigues así de intenso, la comida se va a quemar.

—Que se queme. —Reí bajo, besando su cuello—. Me importa más el sabor de tu piel.

—Al menos déjame apagar el fuego.

—No te voy a soltar.

—Kai… los peluditos nos están mirando. —Se rio, dándose la vuelta para señalar a Timi, Tempu, Mochi y Daifuku, que estaban sentados en la puerta.

—¿En serio te da vergüenza?

—¡Pues claro que me da vergüenza! Desvergonzado.

Terminamos de preparar el desayuno juntos.

Noah cocinaba y yo lo molestaba, robándole besos en la mejilla cada vez que intentaba concentrarse. Timi nos seguía con su cola feliz, mientras Mochi y Daifuku se peleaban por trepar a la encimera. Era un caos adorable. Tempu nos miraba desde su camita.

—Mira, Kai. Mochi va a aprender a hacer café. —Noah bromeó mientras el pequeño felino intentaba cazar el vapor de la cafetera.

—¡Hey, Mochi no me quites mi trabajo!, ¡así consiento a papá Noah! —Le pellizqué la cintura.

—Eres más consentidor de lo que creía.

—Tu eres el culpable Noah.

—No me heches la culpa… Aunque admito que me gusta ser consentido.

Noah me sacó la lengua, pero luego se acercó y me besó la punta de la nariz. Le devolví el beso, esta vez en los labios.

Después del desayuno, nos tiramos en el sofá, enredados en una manta gigante.

Timi y Tempu se acurrucaron en nuestros pies, mientras Mochi y Daifuku se instalaban sobre nuestros pechos, como dos peluches vivientes.

Ese día, no hicimos nada más que abrazarnos, acurrucarnos entre mantas, ver películas tontas, acariciar a nuestros peluditos.

Aunque la verdad no mirábamos la tele. Noah revisaba apuntes de sus clases.

Y yo revisaba algunos documentos pendientes de la oficina o tomaba el teléfono prendiendo la cámara para sacar fotos de Noah concentrado con la lengua afuera, como si resolviera el problema más difícil de matemáticas de la universidad, cuando en realidad tan solo calculaba cuanta azúcar tenía que aumentar a su receta.




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