ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 30

Capítulo 30

Kai

La paz

Eso era lo que creí haber ganado. De verdad creí que las cosas volverían a ser como antes. Pensé que, al fin, la quietud regresaba a nuestras vidas, como una marea que vuelve después de la tormenta.

Después de todo. Ahora era el líder de la organización, con escoltas en cada esquina y más poder del que alguna vez imaginé. Con una sensación de seguridad, como si no pudieran tocarme.

Por otro lado, el acuerdo con el presidente Volkov estaba firmado, por lo tanto, se finalizó el compromiso con Lyra, quien para mi sorpresa lo aceptó de buena manera.

Y mi padre… bueno, le di una última advertencia. Le prohibí cruzar el umbral de mi vida y el de la organización.

Creí, ingenuamente que el silencio duraría para siempre. Nunca pensé que en algún momento volvieran a aparecer.

Salimos a pasear con los cuatro peludos. Todos con sus collares y correas. Moviendo la cola. Aunque Daifuku no quería bajarse del lomo de Timi. Noah y yo podíamos tomarnos de la mano, no nos importaba si alguien podía mirar. Tempu y Mochi caminaban al frente, moviendo sus colitas a la par y al mismo lado.

Estuvimos fuera un largo rato, pasando nuestro momento de familia. Paro nunca pensamos que la paz se acabaría hoy.

Porque todo ocurrió en segundos.

El sonido de las cerraduras de nuestra puerta, nunca había sonado tan ajeno. Giré la cabeza, buscando el origen de esa tensión que me oprimía el pecho…

Lyra.

Sentada en nuestro sofá. Con esa sonrisa de serpiente, como si toda esta casa, nuestra vida, le perteneciera.

Mi corazón se detuvo un instante, pero el instinto me hizo moverme. Proteger a Noah, a nuestros peluditos. Pero era tarde. Demasiado tarde.

Los hombres surgieron como sombras. Lo sujetaron. Sujetaron a Noah con violencia, como si fuera mercancía, como si pudieran tocarlo.

—¡Suéltalo, malditos! —rugí, mi cuerpo ardiendo de furia. Pero otros brazos me inmovilizaron. Me forzaron al suelo. A Timi le tomó dos segundos lanzarse al ataque, pero oí su quejido ahogado. Mochi, Tempu y Daifuku bufaban, sus pequeños cuerpos peleando por protegerse entre ellos.

—¡No los toquen! —grité, la voz quebrada.

Lyra solo bebía vino en una de nuestras copas, como si estuviera viendo un espectáculo.

—Tranquilo, Kai —dijo, como si fuera una madre calmando a un niño—. No tienes por qué pelear. Esto se resolverá rápido.

La tela áspera cubrió la cabeza de Noah. Lo arrancaron de mi lado.

—¡Noah! —forcejeé, pero los golpes llegaron. Puñetazos secos en el estómago, en las costillas. Quieren que me doble, pero no lo haré.

—¡Kai, estoy aquí! —me gritó Noah, su voz siendo un ancla en medio de esta oscuridad.

Pero lo arrastraron.

Lyra me miraba con ojos de loba.

—¿Sabes? Te ves patético, Kai. Antes eras más digno.

—Eres una serpiente, Lyra. Siempre lo fuiste.

Ella sonrió. Caminó lentamente hacia mí, y me sujetó del mentón.

—Y tú eras mi serpiente favorita —susurró con veneno—. Pero luego decidiste encadenarte a un barista. Qué historia tan triste.

La ira se me subió al pecho, pero no podía hacer nada. Me tenían inmovilizado. Era como estar atado con fuego. La rabia me quemaba la piel.

—No le toques ni un cabello a Noah o juro que te destruiré, Lyra. No me importa quién te respalde. No me importa si es Rusia o el infierno mismo.

Ella se agachó, acercando sus labios a mi oído.

—¿Sabes qué me rompe el corazón, Kai? —susurró—. Que me cambiaste por alguien que ni siquiera sabe disparar un arma. Tú, el príncipe de las calles. Y mírate ahora, reducido a un perro faldero.

Levanté la cabeza, forzándome a mirarla, aunque me sujetaban.

—Noah tiene algo que tú nunca tendrás, Lyra. Un corazón.

Ella rio. Una risa aguda, cortante.

—¿Un corazón? Kai, un corazón no paga favores. Un corazón no abre las puertas del poder. Pero yo… yo te podría haber dado el mundo entero.

—Prefiero el pequeño mundo que estoy construyendo, al infierno de traiciones donde tú reinas —escupí a sus zapatos, pero con los ojos fijos en ella.

—¿Incluso si te cuesta la vida? —me retó, sus dedos apretándome la mandíbula.

—Incluso si me cuesta el alma.

Su mirada cambió. La sonrisa se desdibujó, por un segundo. Pero el veneno volvió.

—Muy bien. Pues veremos qué tan fuerte es tu amor cuando veas cómo rompo a tu barista. —Chasqueó los dedos—. Duérmanlo. Y súbanlo al barco.

—¡Lyra! —rugí.

Pero casi instantáneamente sentí un golpe en mi nuca. Miré las manos de Lyra y tenia la copa rota que antes tenía, la misma que estampó en mi cabeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.