Capítulo 31
Kai
Noah estaba gritando mi nombre, su voz desgarrada atravesando el aire como cuchillas, pero los hombres de Lyra lo acallaron con un golpe. No vi de dónde vino. Solo vi su cuerpo encogerse, su respiración forzada. Timi gruñía salvaje, Mochi, Daifuku y Tempu bufaban, encorvados, pero eran cuatro contra un enjambre de hienas.
Quise correr. Quise partirle la cara a cada uno de esos bastardos, pero antes de dar un paso, sentí el frío de un cañón en mi nuca.
—Ni un maldito movimiento, Kai —dijo Lyra, su voz tan dulce como la primera vez que me sonrió, pero con veneno rezumando en cada sílaba.
Noah gritó de nuevo. Mi cuerpo reaccionó solo, queriendo correr hacia él, pero me empujaron al suelo.
—Tú te lo buscaste, Kai —Lyra se agachó a mi altura, tomando mi barbilla con sus dedos de garra—. Pudiste tenerlo todo conmigo. Pero preferiste jugar a ser un barista. ¿Qué se siente ser tan patético?
—Déjalo ir, Lyra. Él no tiene nada que ver con esto —mi voz salió más grave de lo que esperaba.
—Oh, no, amor mío —susurró cerca de mi oído—. Él tiene TODO que ver.
La sangre me hervía. Mis hombres… tenía que haber una manera. Pero Lyra había sido meticulosa. Estudió todo de mi vida. Y no sabía desde cuando me vigilaba.
Nos arrastraron, a Noah y a mí, hacia un furgón. Tempu, Timi, Mochi y Daifuku fueron encerrados en un solo trasportín estrecho. Noah gritaba, suplicaba por ellos, y yo… yo me rompía en pedazos al no poder protegerlo.
Antes de que me taparan la cabeza, lo vi. Noah siendo arrastrado como si fuera un trozo de carne.
Noah… aguanta… te sacaré de esto.
La oscuridad me tragó y recibí un golpe con la culata de un arma. Causando mi desmayo.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente. El balanceo del suelo me despertó. El olor a sal, a óxido, a encierro. Me dejaron en una celda metálica, las manos esposadas, la cabeza latiéndome de dolor.
El primer pensamiento fue para Noah. ¿Estaba bien? ¿Dónde estaba?
Me levanté, tambaleante, gritando su nombre. Las paredes respondían con silencio. Golpeé la puerta hasta que mis nudillos sangraron. No podía soportarlo. No saber si estaba vivo, si lo estaban golpeando, si...
—Kai, querido —la voz de Lyra rebotó desde el pasillo—. Relájate. Está vivito y coleando… Por ahora.
—¡Lyra, maldita sea, esto no es un juego! —rugí, lanzándome contra la puerta.
La cerradura chirrió y Lyra apareció, vestida como si estuviera en una pasarela, con esa sonrisa retorcida.
—Por supuesto que es un juego. Y tú perderás, Kai.
—¿Qué quieres de mí? —escupí.
Se acercó, tomó mi rostro con ambas manos.
—Quiero que recuerdes lo que eras. Lo que podías ser. Ese mundo blando que has creado con Noah… no es para ti. Tú naciste para las sombras. Para el poder.
—Noah es mi mundo —le dije, con una convicción que la hizo fruncir el ceño—. Y haré lo que sea por sacarlo de aquí.
Lyra se inclinó, sus labios rozando mi oreja.
—Veremos cuánto te dura esa promesa.
Antes de salir, me susurró:
—Mañana tendrás tu primera oportunidad de verlo… pero solo si me obedeces.
La noche fue larga, pero no cerré mis ojos, rogando que Noah y lo peludos estén bien y estén juntos.
El día siguiente fue una tortura. Me liberaron las manos, pero mis movimientos estaban vigilados por dos gorilas a cada lado. Me llevaron a lo que parecía un almacén improvisado en la cubierta.
Allí estaba él.
Noah, sentado en el suelo, esposado, sus muñecas enrojecidas, pero su mirada… su mirada seguía intacta. Fuerte. Valiente.
Nuestros ojos se encontraron y todo el peso en mi pecho se aflojó. Solo unos segundos.
—Kai… —susurró.
—Noah… —di un paso, pero me encañonaron.
—No intentes nada por el bien de tu querido —dijo Lyra, disfrutando cada segundo.
—¿Estás bien? —le pregunté, ignorando a todos.
—Sí… Timi, Tempu, Mochi y Daifuku también, ellos están conmigo —sus labios temblaban, pero mantenía la cabeza en alto.
Quise correr, pero las armas me detuvieron.
Lyra se sentó en un barril, cruzando las piernas con teatralidad.
—¿Ves? Te dije que lo verías. Es todo por ahora. Llévenselo.
Me llevaron de vuelta a la celda. Golpeé las paredes, maldiciendo mi impotencia. Pero en esos segundos… en esos segundos donde vi a Noah, supe que él no se rompería. Y yo tampoco.
El sonido del metal crujiendo bajo mis pies recordándome donde estaba, pero lo único que me importa es Noah.
—¿Cómo te sientes, Kai? —La voz de Lyra se filtró desde los altavoces, dulce como el veneno—. ¿Es divertido ser una rata en un laberinto donde yo controlo todas las salidas?