Capítulo 39
El aire espeso, cargado de humedad y de pólvora contenida. La vieja mansión a las afueras de Vladivostok se alzaba como una fortaleza entre las sombras, rodeada de guardias armados que no sabían la tormenta que se les venía encima.
El abuelo de Kai caminaba al frente de sus hombres, cada paso resonaba con la furia contenida de un anciano que había visto demasiada muerte para temerla. Su rostro, endurecido como el acero, solo mostraba una cosa: determinación implacable.
—Nos colamos por el sótano, el punto ciego de su seguridad. —ordenó, mientras su voz resonaba fría por el auricular general—. Quiero a mis nietos vivos. Y a esos hijos de puta… muertos.
Los hombres asintieron. Sabían que cuando el jefe hablaba, el mundo temblaba.
Un grupo de seis se deslizó por el pequeño desagüe trasero de la mansión, avanzando como sombras bajo la estructura podrida del sótano. Cada paso en ese túnel húmedo era una declaración de guerra.
—Señor, visualizamos celdas. Varias abiertas, solo una cerrada. Procedemos. —susurró uno de los hombres por el auricular.
—Abran. E informen.
El sonido del metal cediendo, los cerrojos abriéndose.
—¿Quién anda ahí? —la voz temblorosa y rota de Noah resonó entre la oscuridad.
—Noah, somos hombres de tu familia. Estás a salvo. —dijo uno de los hombres mientras iluminaban su rostro con una linterna.
Noah cayó de rodillas, abrazando a los tres peluditos que se apiñaban a su lado en la jaula.
—Abuelo… abuelo gracias por venir… mataron a Tempu… Y, y… y Kai no está aquí… no sé qué planea… su mirada… era de despedida. —sollozaba Noah, hablando por el audífono—. Le pido… que lo proteja… no deje que le pase nada, se lo ruego.
Desde el otro lado, el abuelo apretó la mandíbula, cada palabra de Noah encendía su furia como gasolina ardiendo.
—No te preocupes, muchacho. Nos encargaremos de eso. Lo juro por mi apellido.
—Una cosa más… ellos saben que están cerca… entren con cuidado… por favor cuídese usted también. Si algo le pasa… Kai no podrá estar tranquilo… —la voz de Noah se quebró.
El abuelo soltó una risa ronca.
—Eso era todo lo que necesitaba escuchar. —Su tono cambó—. ¡Fase dos, entren por el perímetro! ¡No quiero sobrevivientes hostiles! —rugió por el auricular.
En cuestión de segundos, la mansión se convirtió en un campo de guerra. Explosiones controladas derribaban puertas, las balas silbaban cortando la noche, y los gritos de los enemigos resonaban en medio del caos. No era un asalto. Era un exterminio quirúrgico.
—¡Contacten a Kai! —ordenó el abuelo mientras disparaba con precisión milimétrica, derribando a dos guardias que venían por el corredor principal.
—¡Señor! Los guardias nos informaron que Kai fue llevado al ala este, está desarmado —informó uno de los soldados.
—¡Llévenme a él! ¡Ahora!
Mientras corrían, el abuelo sentía la sangre en sus venas hirviendo.
El encuentro fue brutal. Al abrir la puerta Kai estaba cubierto de sangre, peleando con un hombre, usando una barra metálica.
—¡Kai! —gritó su abuelo, lanzándole una pistola que Kai atrapó al vuelo.
—¡Abuelo! —Kai disparó sin pensarlo dos veces, matando a su oponente.
Sin perder tiempo, corrió hacia su abuelo. Se abrazaron apenas un segundo, pero fue suficiente para que la tensión se quebrara.
—¿Dónde está Noah? —preguntó Kai, jadeando.
—Lo tengo a salvo. Pero ahora tenemos que salir vivos de aquí.
Kai asintió, apretando la mandíbula.
—Ahora, terminemos con esto de una vez.
—Ese es mi nieto.
El enfrentamiento en la mansión se volvió sangrienta.
Kai y su abuelo avanzaban como un dúo imparable, cubriéndose las espaldas, derribando a cada guardia que intentaba detenerlos.
—¡Lyra está en la sala principal! —informó uno de los soldados por el auricular.
Kai sintió cómo la furia se desataba de nuevo.
—No la mates todavía. —ordenó con voz helada—. Esa zorra es mi presa.
El abuelo solo sonrió.
—Lo que tú digas, nieto. Solo asegúrate de no dejar nada pendiente.
Finalmente, irrumpieron en la sala principal. Lyra estaba de pie, intentando escapar con dos de sus hombres. Al ver a Kai supo que no tenía salida.
—¡Lyra! —rugió Kai, apuntándole con la pistola.
—Tú… siempre arruinando todo, Kai. —dijo ella, con arrogancia y disgusto.
—Vas a pagar con tu sangre haber tocad a Noah.
El abuelo dejó que fuera Kai quien diera el primer paso.
—¿Últimas palabras, mocosa? —preguntó con frialdad.
Lyra miró a Kai, y por un momento, casi parecía una súplica.