Capítulo 40
Abuelo
Nunca olvidaré el instante en que salimos de esa maldita mansión.
Noah estaba apenas en pie, sus piernas temblaban con cada paso, pero su brazo no soltaba ni por un segundo a Mochi y Daifuku, ambos escondidos en su pecho, mientras Timi, se mantenía a su lado, herido, pero en guardia.
Kai corrió hacia él, arrodillándose, abrazándolo con fuerza.
—Lo siento, lo siento, amor. Ya todo acabó. Estoy aquí.
—Prometiste… —sollozaba Noah—. Prometiste que me protegerías… y lo hiciste…
Kai, al frente, como el verdadero escudo de su familia, avanzaba con la mirada encendida en furia. Yo iba tras ellos, mis hombres cubriendo cada flanco, pero sabía que aquello no había terminado.
—Vámonos a casa, muchachos. Ya hemos tenido suficiente infierno por hoy.
El amanecer comenzó a teñir el cielo.
—¡Preparados! —Mi voz retumbó en los auriculares, seca, cortante como un disparo.
—Abuelo… gracias por venir… —la voz de Noah sonaba viva, seguro.
—Muchacho, me hiciste cruzar medio maldito continente para buscarte. Espero que estés listo para la reprimenda cuando salgamos de aquí. —quise sonar severo, pero la garganta me traicionaba.
Cuando la puerta principal de la mansión cedió, el infierno nos esperaba afuera.
El padre de Lyra, con más de una veintena de hombres armados, nos bloqueaba el camino. La sonrisa en su rostro me revolvió las entrañas. Bastardo arrogante, creyó que podría aplastarnos en su terreno.
—Parece que la sangre traicionera corre fuerte en esta familia —dijo, apuntando su rifle hacia nosotros—. No aprenderás jamás a quedarte en tu lugar, viejo.
Vi cómo Kai empujó a Noah suavemente hacia atrás, protegiéndolo con su cuerpo.
—Noah, no te sueltes de Timi, pase lo que pase —le susurró.
No tenía tiempo de pensar en estrategias complejas. Sabía que Kai y yo teníamos el mismo pensamiento: abrirnos paso, aunque fuera a balazos.
—Adelante, intenten pasar —gruñó el bastardo.
Y entonces, la primera detonación resonó.
Fuego. Gritos. El infierno mismo cayó sobre la entrada de la mansión. Mis hombres disparaban, cubriendo a Kai y a Noah. Las balas zumbaban por encima de nuestras cabezas, astillando columnas y destrozando los jarrones de porcelana.
Vi a Noah agachado, con Timi delante suyo, los brazos cubriendo a Mochi y Daifuku. Su mirada era tranquila, confiada. Entonces lo vi entrar corriendo nuevamente a la mansión. Me quedé preocupado, pero en este momento no podía distraerme.
Kai no dudó un segundo, corrió hacia el lado opuesto, arrastrando la atención de los tiradores. Su cuerpo se deslizaba entre las sombras, usando cada rincón, cada escombro, como escudo. Esa ferocidad, esa maldita terquedad suya me arrancó una sonrisa amarga. Era su madre otra vez.
La situación era crítica. Nos tenían rodeados. Pero entonces, el susurro en mi auricular fue la melodía más hermosa que podía escuchar.
—Patriarca, los hombres de Kai han llegado. Están entrando por la parte trasera.
—Perfecto —dije, la sonrisa creciendo en mis labios.
En cuestión de segundos, el sonido de disparos se multiplicó. Uno a uno, los hombres del bastardo caían, desarmados por las sombras que surgieron desde la parte trasera de la propiedad.
El padre de Lyra, ahora con la mueca torcida, comenzó a retroceder, pero Kai ya estaba frente a él.
—Tu juego terminó —le escupió, apuntándole con su propia arma. Y el gatillo se activó. El silencio fue absoluto durante un segundo eterno.
Kai
—Abuelo —dije mirando al abuelo con una sonrisa—, gracias por venir.
—No fue nada nieto, me alegra que estés casi vivo.
Rei con negación, entonces lo noté… No está Noah con nosotros.
—A-Abuelo, ¿Dónde está Noah? —Miré a todos lados.
—Lo vi entrar a la mansión de nuevo.
Mi sangre se heló, corrí a la entrada y me paré en seco cuando vi a Noah saliendo con un pequeño bulto en sus manos envuelto con su saco y sus ojos inundados de lágrimas.
Mi corazón se rompió. Y lo hizo a un más al conectar nuestras miradas.
Me acerqué y lo abracé con fuerza caímos al piso Noah se desahogó. Mi cabeza no paraba de decir que esto era mi culpa.
—Perdóname Noah, todo esto es mi culpa, perdimos a mi pequeño por mi culpa…
Noah no respondió, solo negaba con la cabeza.
—Talvez… —Tragué en seco—. Lo mejor sería dejarlo aquí. Es lo mejor para ti. Alejarte de mí, del peligro que es mi familia.
Me miró con temor, su cuerpo tembló más al mío.
—No, por- por favor no lo hagas. Yo acepto esta vida, desde ahora tendremos más cuidado, juntos defenderemos esta familia. No dejaré que cargues con todo esto solo, pero por favor no digas eso.