Capítulo 42
Kai
La noche nos envolvía con su silencio. Noah estaba en mis brazos. Las dos se mostró en el reloj.
—Kai… —susurró, acariciando mi mandíbula con sus dedos—. ¿Sabes cuánto te extrañé?
Le besé la palma de la mano, cerrando mis ojos, empapándome de su olor, de su esencia.
—Noah… la única fuerza que me mantenía en pie era la imagen de tu sonrisa. Y ahora que te tengo aquí, no voy a soltarte jamás.
Timi gimió suavemente a nuestros pies, como si aprobara cada palabra.
—Kai… —susurró Noah, sus labios rozando los míos—. Hay una herida en mi espalda que me molesta podrías revisarla por favor.
—Eso haré, mi amor. —Lo abracé más fuerte, besando su frente.
Tomé la caja de primeros auxilios que había traído. Me senté junto a él,
—Puede doler un poco…
—Estaré bien… —me dijo con una sonrisa suave, haciendo que el corazón se me derritiera y se aplastó a la vez.
Retiré su pijama con sumo cuidado. La herida era fea, rojiza, pero estaba limpia. Acaricié la zona con la yema de mis dedos, apenas rozando su piel.
—Eres tan valiente, Noah… Y tan hermoso—susurré, besando suavemente su cuello.
—Kai… —su voz era un susurro ahogado—. No me mires así…
—Es tu culpa por ser hermoso.
—Sabes que no me refiero a esa cara.
—Es solo que… es mi culpa que te hayan lastimado… No quiero ponerte en riesgo…
Limpie la herida en silencio y con un paño húmedo, mis movimientos eran suaves, como si tocara cristal. Cada vez que Noah cerraba los ojos por la molestia, yo lo reconfortaba con un beso en sus mejillas.
Nos quedamos así, respirando juntos, mientras yo aplicaba la venda.
—Ahora tú, Kai… —dijo notando los cortes y moretones en mis brazos—. No voy a ser el único que reciba mimos esta noche.
—Noah… —le sonreí, pero sus manos ya estaban en acción.
Con una delicadeza que me hizo contener la respiración, comenzó a limpiar mis heridas. Con el cariño único de Noah.
Cuando terminamos de curarnos, nos recostamos juntos, envueltos en las mantas.
—Buenas noches, Noah… —susurré contra sus labios.
—Buenas noches, Kai.