Capítulo 43
Kai
El sol apenas rozaba los cristales cuando mis párpados comenzaron a ceder. Aún envuelto en la calidez de las sábanas, sentía el peso suave de Noah acurrucado contra mi pecho, respirando tranquilo, como si por fin, después de días, su cuerpo recordara lo que era descansar. Mi brazo estaba firmemente rodeando su cintura.
Sus ojos se entreabrieron, perezosos, y lo primero que vi fue esa chispa de miel dorada que me dejaba sin aliento cada mañana.
—Buenos días, Kai... —susurró, su voz era apenas un soplo.
No respondí de inmediato. Acaricié su mejilla, rozando su piel con la yema de mis dedos, y besé la comisura de sus labios.
—Buenos días—respondí con la voz ronca de recién levantado.
Afuera, escuchamos un bostezo sonoro: Timi ya estaba despierto y probablemente planeaba reclamar su desayuno a gritos.
—Nuestro pequeño ya se despertaron —dije, logrando arrancar una risita suave de Noah.
—Será mejor levantarnos —respondió, estirándose como gato perezoso.
Preparamos el desayuno como lo hacíamos antes de que esto pasara. El desayuno fue reconfortante, nuestra primera comida después de tanto tiempo.
Saqué mi teléfono para llamar al médico y veterinario de la familia. Confirmaron que vendrían en una hora. Ayudé a Noah a cambiarse de ropa a algo más ligero para que el médico lo revise con facilidad.
Tocaron el timbre. Mis hombres aparecieron detrás de la puerta, con ellos trajeron la urna tradicional pequeño con las cenizas de Tempu.
Noah apareció junto a mí y tomó con cariño y cuidado la urna. Caminó abrazándolo hasta llegar al patio trasero, detrás de él estaban los peludos para darle una despedida digna. No dudé ni un segundo en ir tras ellos.
En el patio Timi entendió que tenía que hacer un hueco. Lo hizo con cuidado de no esparcir la tierra por donde sea.
—Este perro es demasiado inteligente. —Dije sentándome detrás de Noah y rodeándolo con mis brazos.
—Lo sé es muy inteligente, entiende todo.
Al terminar de escarbar Timi y los mininos se sentaron frente a nosotros. Lamieron la urna y se recostaron con pequeños lloriqueos. Noah comenzó a sollozar aferrándose a la urna. Coloqué mis manos sobre las suyas.
—Noah, es hora de dejarlo ir.
Asintió entre lágrimas inclinándose para ponerlo dentro del hueco, lo dejó allí con cuidado. Y juntos lo tapamos.
Nos quedamos juntos abrazados hasta calmarnos un poco, nunca olvidaremos a nuestro pequeño.
Cuando entramos no pasó mucho tiempo hasta que el veterinario llegó. Se llevaron a los peludos para hacerles exámenes, revisar y curar sus heridas y por supuesto darles un buen baño que les hacía falta por la sangre y polvo que acumularon en sus pelajes.
El médico de la familia comenzó a analizar todas las heridas de Noah en el cuarto y me podía ansioso al no estar presente porque el médico no lo permitió.
Cuando salió tenía una cara de preocupación, pero también de alivio.
—Señor Kim, el joven Song no tiene heridas superficiales que necesiten atención… pero, talvez sería bueno ir al hospital para que le revisen las costillas, muestra dolor al respirar.
—Entiendo, lo llevaré en seguida. Gracias por venir.
Estaba despidiendo al médico cuando Noah salió del cuarto acomodándose la camiseta y lo detuvo en seco.
—Espere un momento.
Sudé frío, conozco sus intenciones
—Podría revisar a Kim. Recibió varios golpes en la cabeza y tiene varias heridas que necesitan ser tratadas.
—Noah, estoy bien. No tienes de que preocuparte. Ahora lo importante eres tú.
—Ni una palabra ve al cuarto a que te revise.
Solo me quedó obedecer, subí al cuarto junto al médico. Realizó varios exámenes y mis heridas no eran graves. Antes de irse se llevó muestras de sangre mía y de Noah para verificar que no nos hayan drogado.
Después de eso Noah quedo más tranquilo.
Por fortuna todo estaba bien. Ese día fue tranquilo y relajado.
—Noah ahora nos toca ir al hospital a que te revisen.
—Estoy bien no necesito ir a un hospital.
—Por favor.
—Está bien, solo para que estés tranquilo.
—Gracias. —Dije acariciando sus mejillas.
Y así fuimos al hospital. Durante todo el camino Noah no paró de quejarse al negarse a ir al hospital, decía que con lo que le revisó el médico era más que suficiente.
Pero allí le hicieron estudios más profundos, como rayos X, donde confirmaron que todo estaba bien. Y solo le mandaron medicina para bajar la hinchazón y quitarse los moretones.
Me miró con mala cara por haberlo llevado, pero llevándolo yo también me quedé tranquilo sabiendo que estaba bien.
Volvimos a casa a descansar. Ir al hospital fue trámite de todo el día. Lo importante es que ambos estamos bien. En cuanto a los peludos el veterinario los traerá pronto.