ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 55

Capítulo 55

Noah

—No, no, no. Esa cinta naranja NO combina con las esferas blancas, Kai —dije, alzando una ceja mientras sostenía mi taza de café con ambas manos.

—¿Por qué no? Rojo, naranja, blanco, es clásico, Navidad pura —replicó Kai, recargado en el respaldo de la silla, moviendo una esfera con su dedo.

—¿Clásico? ¿Desde cuándo hay naranja en lugar de verde? —interrumpió el abuelo, dando un sorbo a su expresso mientras me guiñaba el ojo—. Deberíamos poner esferas doradas, algo elegante.

Suspiré, apoyando la taza en la mesa.

—Escuchen. Quiero que el árbol sea perfecto. Así que el árbol va en tonos crema, dorado mate, con luces cálidas y algunas decoraciones artesanales.

Kai me miró con esa sonrisa pícara que siempre me desarma.

—Lo que digas, se hará. Abuelo, ahora estamos en dictadura.

El abuelo se rio, golpeando suavemente la mesa con los nudillos.

Pero entonces, se me encendió una alarma en la cabeza.

—Oigan… cambiando de tema —dije, enderezándome—, ¿qué les van a regalar a los socios?

El abuelo arqueó una ceja. Kai simplemente se congeló con la taza en los labios.

—Ejem… ¿regalos? —Kai murmuró, haciéndose el desentendido.

—¡No me digan que no han pensado en eso!

Ambos se miraron como niños atrapados robando galletas.

—Yo… pensaba que con invitarlos a la fiesta bastaba —dijo el abuelo, rascándose la nuca con una sonrisita culpable.

—Yo… estaba pensando en enviarles algún bono o algo —Kai siguió el ejemplo de su abuelo, rascándose la nuca también, como si fuera un maldito tic familiar.

Los fulminé con la mirada, cruzándome de brazos.

—Dios mío… de verdad, ustedes solos no sobreviven —resoplé—. ¿Qué tal unos whiskys? Algo elegante, sobrio y masculino.

—Eso… suena jodidamente perfecto —Kai sonrió, y el abuelo le asintió como si hubiera tenido la mejor idea del mundo.

—¿Ves por qué me voy a casar contigo, amor? —Kai me lanzó un beso al aire.

—¿Recién te das cuenta? —Pregunté con sarcasmo.

Estábamos en plena discusión de qué sabor sería el whisky

Y de repente, unas voces a mis espaldas congelaron mi respiración y aceleraron mi pulso.

—Noah.

La voz resonó como un disparo en mi oído. Sentí cómo el latido de mi corazón se detuvo abruptamente. Mi cuerpo se tensó de inmediato.

No… no podía ser.

Me giré lentamente, como si el tiempo se hubiera puesto en cámara lenta.

Allí estaban.

Mis tíos. Mis primos. Mis abuelos maternos. Todos. Como buitres en ronda, como si hubieran estado acechándome durante todo este tiempo.

Esa familia que hacía años había dejado de ser “mi familia”.

Palidecí al instante. La sangre me abandonó el rostro y mis manos comenzaron a temblar sin permiso.

—Mira nomás —soltó mi tío, con esa sonrisa de asco que tantas veces me lanzó antes—. El bastardo que destruyó esta familia.

Las palabras cortaron el aire. Se notaba; el odio, el veneno acumulado que disparaban con cada sílaba.

—Sabía que tarde o temprano ibas a salir de la cloaca donde te escondías —añadió otro de mis tíos, con un brillo cruel en la mirada—. ¿Sigues disfrutando de la vida, como si no llevaras la muerte de tus padres en tus manos?

Sentí la presión en mi mano. Kai, siempre a mi lado, aferrándome, intentando contener la tempestad que se venía.

—Noah… —susurró Kai.

—Si hubieras cerrado la boca, si no hubieras distraído a tu padre con tus porquerías… ¡Ellos estarían vivos! —gritó mi abuela, temblando de rabia.

—¡Y vienes aquí con esa cara! ¡Como si fueras inocente! —espetó mi prima, acercándose con pasos decididos.

Mi cuerpo se tensó, pero no me moví. Estaba paralizado. Hasta que una bofetada cayó.

Un golpe seco, brutal, que me hizo girar la cabeza. Sentí el ardor en la mejilla, el zumbido en el oído.

—¡Tú mataste a mi tía! —gritó mi prima, fuera de sí—. ¡Deberías estar muerto, no ella!

Kai avanzó, como un rayo, con los puños cerrados, pero el abuelo lo detuvo.

—Tú moriste con ella, ¿lo sabías? Pero tú, disfrutando la vida mientras tu familia quedó destrozada —mi prima añadió, como si quisiera escupirme las entrañas.

—¡No fue mi culpa! —Repliqué temblando.

—¡Fue TÚ culpa por decir que eres maricón, por tu culpa tuvieron el accidente! Tu debiste morir. ¡El árbol debió matarte solo a ti! —Gritó mi tía con mueca de ira y asco.

Las palabras caían sobre mí. Mi corazón latía en mis oídos, mis manos temblaban descontroladamente. Quise responder, defenderme, pero no podía.

Kai no lo permitió más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.