ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 60

Capítulo 60

Noah

El 27 de enero amaneció con un brillo especial, como si el sol supiera que hoy era el cumpleaños de Kai. Mientras él salía temprano para resolver asuntos de la organización, yo tenía mi propio plan maestro para sorprenderlo.

Quería que fuera algo sencillo, pero lleno de amor, de esos momentos íntimos que a Kai le hacían brillar los ojos.

Lo primero fue sentarme en la mesa del comedor, con una hoja de papel y mi pluma favorita, para escribirle una carta al abuelo.

"Abuelo, hoy una personita va a cumplir un año más de vida. Me gustaría que vinieras esta noche a compartir con nosotros. Te esperamos en casa. Noah."

Doblé la carta con cuidado y llamé a uno de los hombres de Kai.

—Llévasela al abuelo, por favor, es importante.

—Con gusto, señor Song.

Una vez enviado el mensaje, me preparé para salir de compras.

—Niños, papá sale y vuelvo pronto. Cuiden la casa, ¿sí?

Timi me miró desde el sofá, moviendo la cola. Mochi y Daifuku se hacían un ovillo en la manta. Me reí bajo y salí de casa, con la lista de ingredientes en el teléfono y una emoción vibrante en el pecho.

Hoy Kai tendría su fiesta.

El supermercado estaba lleno, pero eso no me detuvo. Llené el carrito con los ingredientes que necesitaba: algas para kimbap, pollo fresco, arroz, vegetales para el bibimbap y, por supuesto, varias botellas de soju.

Kai amaba la comida coreana casera, y si podía preparársela con mis propias manos, sería el mejor regalo.

Sin embargo, la tranquilidad no me duró mucho.

—Mira quién tenemos aquí —la voz áspera y venenosa me recorrió la espalda.

Me giré lentamente y ahí estaban: mi tío y mi primo. De pie frente a mí, como si hubieran estado cazando su presa todo el día.

—Noah, la vergüenza de la familia Song. —escupió mi tío—. Por tu culpa, tus padres están muertos. Lo sabes, ¿no? ¡Ellos murieron por tu asquerosa desviación!

—¿Cuánto te pagó ese hombre para quedarte como su mascota? —añadió mi primo, con una sonrisa torcida.

—Si tu madre levantara la cabeza te escupiría.

—¡Deberías haber muerto tú en su lugar!

Estaba tan concentrado en la fiesta de Kai que no me importaba el veneno que me botaban.

—Qué asco das, Noah. Vergüenza de sangre.

—No vales ni la sombra de tu padre —gruñó mi primo.

Me incliné en una reverencia elegante, educada. Una sonrisa tranquila adornó mis labios mientras ignoraba cada maldición que escupían.

Pero no los culpo, pues no todos entienden de respeto.

Sentí la mano de mi primo agarrar mi muñeca, fuerte, intentando obligarme a girar.

Lo que no esperaba fue que, con el mismo impulso, mi mano se alzara y le diera una cachetada tan sonora que todo el pasillo se quedó en silencio.

—No vuelvas a tocarme —dije, firme, sintiendo el calor en mi palma.

Los guardias de seguridad de Kai aparecieron de inmediato, con expresión imperturbable.

—Señor Song, ¿algún problema?

—Estos hombres me están faltando el respeto.

Los guardias se posicionaron entre nosotros.

—Les pediremos que se retiren de inmediato.

—¡Noah, maldito engendro! —vociferaba mi tío, mientras los alejaban—. ¡Tú y tu sangre podrida! ¡Que caiga una maldición sobre ti!

—Señor Song —dijo uno de los guardias, con una reverencia—. Sentimos las molestias.

Asentí.

—No quiero que informen esto al presidente, no hace falta.

—Lo siento, señor, pero no podremos cumplir esa orden. El presidente fue claro, todo informe debe hacerse, incluso si usted se niega.

Suspiré con resignación, pero una pequeña sonrisa se asomó en mis labios.

—Buen trabajo, muchachos. Me siento en buenas manos.

Los guardias me reverenciaron de nuevo y se llevaron a mis familiares, que seguían gritando e insultando a lo lejos.

Pagué la compra y volví a casa dejando atrás ese mal momento. No dejaré que eso arruine este día, ni ninguno más.

—Bien, niños. Hoy probablemente papá Kai llegará tarde, así que podemos hacer la comida con tranquilidad —dije al entrar, acariciando la cabeza de Timi.

La cocina se llenó de aromas deliciosos y me sentí pleno.

De repente, sonó mi teléfono.

—Amor, ¿estás bien? —la voz de Kai sonaba alterada—. Me llegó el informe de que tuviste un encuentro con tu tío y primo. ¿Te hicieron algo?

Reí, con una tranquilidad que supe que se transmitiría a través de la llamada.

—Estoy bien, cielo. Le di una cachetada a mi primo, y tus hombres actuaron rápido. No tienes de qué preocuparte.




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