Capítulo 61
Abuelo
La boda de mis nietos en Jeju estaba a menos de un mes, y como buen abuelo de familia, sabía que, si no ponía orden, esos dos terminarían casándose en la sala de su casa, con Timi de testigo. Por eso, aquella mañana me levanté decidido a arrastrar a Kai y a Noah a las tiendas, a las florerías, a las pastelerías y a cada maldito rincón donde se necesitaba tomar una decisión para esa boda.
—Hoy se levantan temprano, niños. Tenemos una boda que planear —dije entrando a su habitación sin golpear. Timi fue el primero en saltar.
Kai refunfuñó bajo las sábanas.
—Abuelo, aún falta mucho…
—Mucho tus narices. Levántate y vístete. Noah, tú también.
Ellos sabían que cuando yo daba una orden, no había manera de evadirla.
Primero, arrastré a Noah a ver las flores. Él era quien tenía más ilusión con esos detalles, y yo no podía negar que se veía feliz caminando entre ramos de peonias, hortensias y lirios blancos. Sus ojos brillaban al imaginar el altar decorado.
—Abuelo, ¡mira estas! —me decía Noah, mostrándome unas dalias de un color crema perfecto.
—Si son las que te hacen sonreír así, son las indicadas, hijo.
Y entonces él sonreía más. Los ojos que enamoraron a Kai brillaban por cada detallito de su ramo.
Luego tocó el turno de Kai, el más complicado. Para él tenía que ser perfecto o mejor no hace nada. Con él fuimos a la tienda del catering. Sabía que la comida sería algo serio, porque Kai quería impresionar a los inversionistas que vendrían.
—Abuelo, nada muy recargado. Algo tradicional, pero elegante. —Kai decía mientras probaba el hanjeongsik.
—No te preocupes, muchacho. Elegiremos algo que cierre sus bocas, pero que Noah adore.
Ambos estaban tan concentrados en los preparativos, pero evitaban hablar de lo que escogieron o los lugares que visitaron. Era como si quisieran sorprenderse mutuamente. Ir a su casa y ver como ambos preparaban su boda juntos pero escondidos es lo mejor que he visto.
Kai
El abuelo durante todo el mes me había separado de Noah, y aunque protesté al inicio, entendí sus intenciones. Era parte de la sorpresa. Después de solucionar el tema de la comida, me arrastró a una de las sastrerías más exclusivas de Seúl.
—Hoy elegiremos el traje de tu boda, Kai. No tuvimos mucho tiempo o los hubiera arrastrado a Inglaterra y lo sabes, así que agradece. Y no quiero ver ninguna mueca de disgusto.
Suspiré. Sabía que para el abuelo este momento era importante, pero yo solo podía pensar en cómo se vería Noah caminando hacia mí.
—Quiero algo sencillo, pero que haga que Noah me vea como si fuera su único mundo, abuelo.
El abuelo sonrió, orgulloso.
—Hijo, tú eres su mundo, lo uses o no uses traje.
Probé varios cortes, hasta que encontré el indicado: un traje negro clásico con detalles en satén, perfectamente ajustado a mi figura. El abuelo asintió con satisfacción.
—Ese es, Kai. Ese es el que hará que Noah se quede sin aliento.
—Me encanta y sé que le encantará a Noah, es lo único que me importa.
Noah
Mientras Kai y el abuelo hacían cosas de hombres serios, el abuelo me llevó a un montón de tiendas de trajes. No quería algo tradicional, pero tampoco deseaba opacar la esencia de la ceremonia.
—Abuelo, quiero verme bonito para él, pero sin sentirme disfrazado.
—¡Dios mío! Hasta usan las mismas expresiones.
El abuelo me escuchó con atención, y tras varios intentos, encontramos un traje de lino blanco marfil, con detalles delicados en dorado en los bordes. Era cómodo, ligero y me hacía sentir cómodo en mi propia piel.
—Es este abuelo… Me encanta. —Sentí mi mirada borrosa al verme al espejo. Este sentimiento, como un flechazo fue lo que me dijo que era el traje indicado.
—Perfecto, hijo. Kai no va a quitarte los ojos de encima. Ahora no llores que aún es temprano para hacerlo.
Él decía eso, pero me pareció ver una lagrima en su mejilla.
Al final del día terminamos eligiendo los recuerdos de la boda. El abuelo quería que fueran algo único.
Abuelo
Verlos preparar sus partes por separado me llenaba de orgullo. Eran polos opuestos, pero en cada detalle, pensaban el uno en el otro.
Yo me aseguré de que la lista de invitados fuera impecable. Inversionistas, socios clave, pero sólo aquellos que habían demostrado lealtad. Los traidores ni siquiera pisarían Jeju.
—Abuelo, los peluditos van a tener su propio lugar, ¿verdad? —preguntó Noah.
—Claro que sí, hijo.
Faltaban detalles, pero sabía que sería una de las bodas más memorables para ellos.
En ese lapsus yo encontré mi traje. uno gris carbón con un toque tradicional coreano, patrones sutiles en la chaqueta y una corbata verde jade, mostrando elegancia y sabiduría.