ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 62

Capítulo 62

Noah

El sol apenas comenzaba a filtrarse tímidamente por las cortinas de nuestra habitación, llenando el ambiente con un resplandor suave, cálido, que parecía abrazarnos desde el exterior.

No sabía exactamente qué hora era, pero tampoco me importaba. Lo único que importaba era sentir el pecho de Kai subiendo y bajando bajo mi mejilla, su respiración tranquila, su abrazo inconsciente durante el sueño.

Hoy era el último día antes de nuestra boda.

Me incorporé con suavidad, apoyándome sobre sus costillas. Mis piernas lo rodeaban mientras mis manos se deslizaban por su torso desnudo. Lo miré dormir por unos segundos, admirando su expresión relajada. Sonreí, llevé mi dedo índice a su nariz y comencé a hacer pequeños círculos, rozándola con ternura.

—Kai... Kai... —susurré divertido.

Su ceño se frunció apenas, su boca formó una mueca dormilona y sus ojos lentamente se abrieron, desarmando mi corazón por completo.

—¿Mmm...? —musitó, ronco, adormilado, pero con una sonrisa perezosa que me hizo reír.

—Buenos días, futuro esposo —dije, y lo besé con cariño, dejándome caer sobre sus labios.

Sus brazos se cerraron alrededor de mi cintura, abrazándome con fuerza, como si quisiera asegurarse de que no me escapara.

—Buenos días —rio contra mi boca, su voz grave, suave, tan perfecta.

Nos quedamos así, abrazados, compartiendo una risa cómplice. Apreté mi frente contra la suya, sintiendo sus dedos trazando líneas perezosas por mi espalda.

—Hoy tenemos que hacer las maletas, mi amor —le recordé, aunque odiaba romper ese momento.

—Jeju nos espera —suspiró, todavía sin soltarme—. Pero si seguimos así, nos vamos a quedar todo el día aquí, y no llevaremos ni un calcetín.

—No es como si necesitáramos mucha ropa —bromeé, alzando una ceja.

Kai soltó una carcajada que me estremeció el pecho.

Nos levantamos, o al menos lo intentamos. Cuando por fin alistamos todo bajamos juntos a la cocina.

La casa estaba inusualmente silenciosa. El abuelo se había llevado a nuestros pequeños traviesos la noche anterior. Decía que era "un regalo" para que tuviéramos la mañana para nosotros.

—¿Qué quieres desayunar, cielo? —pregunté mientras abría la nevera.

—Cualquier cosa—respondió, abrazándome por la cintura desde atrás.

Terminé haciendo tostadas con mermelada, huevos revueltos, y café con leche como nos gustaba. Nos sentamos en la isla de la cocina, uno frente al otro, sin poder dejar de sonreír.

—No puedo creerlo... —dije, mirando nuestras manos entrelazadas sobre la mesa—. Mañana vamos a casarnos, Kai.

—Y no sabes cuánto he esperado este momento, Noah —sus ojos se clavaron en los míos, cargados de emoción.

Mi corazón se aceleró.

Me jaló de la muñeca, atrayéndome sobre la mesa hasta que nuestros rostros quedaron a centímetros.

—¿Sabes qué es lo mejor de todo? —susurró contra mis labios—. Que esta vez, Kim Noah, no hay nadie que pueda detenernos.

—Así que ya soy Kim

—Si y pronto será más que oficial.

Nos fundimos en un beso suave, dulce, cargado de promesas silenciosas.

Cuando terminamos de desayunar, subimos para terminar de alistarnos.

Hoy sería nuestro último día. Porque mañana sería el primer día de nuestra vida juntos.

Kai

El zumbido del motor del avión era apenas un murmullo lejano, pero en mi pecho, los latidos eran ensordecedores. Noah dormía recostado en mi hombro, con sus dedos aferrados a mi camisa. No podía dejar de mirarlo. Su respiración tranquila, sus labios entreabiertos, la forma en que su cabello caía rebelde sobre su frente.

Mañana sería su esposo.

Pasé los dedos por su cabello con una ternura que no podía contener.

—Estamos por aterrizar—susurré junto a su oído, y su respuesta fue un suspiro que me hizo sonreír.

Cuando abrió los ojos, esos ojos brillantes que solo existían para mí, supe que jamás me cansaría de ese momento.

—¿Ya llegamos? —preguntó, todavía adormilado.

—Sí. Ya estamos en Jeju. —Apreté su mano—. Es hora de prepararnos para el día más importante de nuestras vidas.

Al bajar del avión, uno de mis hombres ya nos esperaba. El viaje hasta la villa fue tranquilo, pero cada minuto que pasaba mi pecho se llenaba más y más de una ansiedad que nunca había sentido. No era miedo. Era una mezcla explosiva de orgullo, amor, y una necesidad desesperada de que llegara ya el momento de llamarlo “mi esposo”.

Noah estaba desbordante de emoción. Sus ojos no paraban de mirar por la ventana, describiendo todo lo que veía, como si fuera la primera vez en su vida. Sus manos no soltaban las mías, jugando con mis dedos.

—Amor... —me miró de repente, con un brillo especial—. ¿Estás nervioso?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.