ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 64 Parte II

Noah

Mi corazón no paraba de golpear mi pecho.

Las puertas estaban cerradas, pero aun así podía sentirlo al otro lado. Sabía que Kai estaba ahí. Esperándome. Sintiéndome.

Apreté el ramo entre mis manos temblorosas.

Timi, a mi lado, con ese cojín atado a su lomo, me miraba con esos ojos grandes, como si entendiera la magnitud del momento. Suspiré, agachándome para acariciar su cabeza.

—¿Estás listo, pequeño? Porque yo siento que voy a explotar.

Timi soltó un pequeño ladrido, como si me respondiera “lo estás haciendo bien”.

Y entonces, las puertas se abrieron.

El mundo se quedó en silencio.

Kai.

Parado frente al altar, vestido de negro impecable, con el broche familiar en el pecho brillando como si fuera parte de él. Pero eso no fue lo que me hizo detener la respiración.

Fue su mirada.

Sus ojos, rojos de lágrimas, temblaban al verme. No trataba de disimularlo. No apartaba la mirada. Me miraba como si yo fuera la única razón de su existencia, como si en su vida no hubiese existido nada antes de mí.

Mis piernas flaqueaban, pero Timi golpeaba mi pierna, obligándome a avanzar.

Cada paso era como un latido. Cada latido era como un golpe que decía. Kai está ahí. Kai te espera.

Sus labios temblaban, luchando por no romperse. Y entonces, sonrió. Esa sonrisa… esa sonrisa era la que me devolvía a la vida cada día.

Cuando estuve a su lado, todo se apagó. No existía nadie más. Ni las flores, ni los invitados, ni siquiera el abuelo a nuestra derecha. Solo Kai y yo.

Tomó mi mano y la beso. Un movimiento que causó un temblor en mi corazón.

La ceremonia comenzó, pero yo no escuchaba. Solo veía cómo Kai no dejaba de verme, cómo sus ojos que gritaban “te amo”.

El oficiante llamó a Kai para decir sus votos.

Kai respiró profundo, bajó la mirada unos segundos, y cuando la alzó… supe que nada volvería a ser igual.

Mis lágrimas caían como torrentes. Ya no podía contenerlas. Me llevé la mano a la boca, intentando no romperme por completo.

Kai sonrió entre lágrimas.

Antes de yo decir mis botos Kai tomó mi cara, negándose a soltarme.

Era mi turno, pero mis labios solo sabían decir una cosa.

—Kai, te amo… te amo tanto que siento que no me cabe en el pecho. Cada día contigo es como respirar por primera vez. Tú me encontraste cuando yo ni siquiera quería ser encontrado. Me salvaste. Me salvaste de mí mismo. Y ahora solo quiero ser tuyo, hasta que el mundo se caiga a pedazos… Quiero ser tu hogar y que tú seas también mi hogar para siempre. Quiero que camines a mi lado para yo poder estar a tu lado. Te prometo y juro que te amaré por lo que me resta de vida.

Mis piernas flaqueaban, pero él me sostuvo.

Cuando los anillos, fue como sellar un pacto que había estado escrito desde siempre.

—Ya puede besar al novio — dijo el oficiante, pero Kai no esperó.

Me tomó apegándome a él y me besó.

No un beso suave. No un beso de ceremonia. Fue un beso que nos desarmó a los dos.

Un beso que decía “te encontré y nunca más te soltaré”.

Cuando nos separamos, nos abrazamos como si el mundo fuese a desaparecer.

Nunca imaginé que un salón lleno de inversionistas, empresarios, y personas del mundo de Kai podría ser tan cálido. Pero ahí estaba, rodeado de ellos, con sus copas en alto, sonriendo, dándome la bienvenida con palabras que me estremecían.

—¡Felicidades, señor Kim! —dijo uno de los socios, inclinando ligeramente la cabeza—. Hoy ha conquistado a todos… incluso a los que juraban que jamás caerían ante el ángel intocable.

Esa frase me la repitieron más de cinco veces esa noche, el ángel intocable. Así me conocían en los círculos donde Kai era el rey, pero yo era la joya de cristal, la que nadie podía tocar, ni siquiera mirar por mucho tiempo.

Pero ahora, con mi anillo reluciendo, estaba parado a su lado, aceptando copas de vino, escuchando brindis, y sintiendo el respeto disfrazado de admiración en cada apretón de manos.

—Señor Kim, lo envidio. Encontrar un amor así es tener el poder absoluto —me dijo un hombre canoso, con una sonrisa sincera. —Espero con ansias trabajar con usted.

Reí, alzando la copa en su dirección.

Vi a Kai desde lejos, sonriéndome con esa expresión de “estoy orgulloso de ti”. Él también estaba rodeado de socios, pero siempre encontraba un momento para mirarme, para buscarme.

—¡Noah! —gritó el abuelo desde la mesa principal—. ¡Ven aquí, hijo!

Corrí hasta él.

—Eres una celebridad esta noche —dijo el abuelo, riendo mientras me pasaba un brazo por los hombros—. Nunca vi a estos lobos reírse tanto por alguien que no les llena los bolsillos.

—Supongo que soy rentable a largo plazo —bromeé, sacándole una carcajada tan fuerte que los demás se unieron sin entender.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.