ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ

Capítulo 66

Capítulo 66

Kai

Nuestra luna de miel había sido perfecta. Los días más hermosos de nuestras vidas, donde no existía nada más que Noah y yo.

Ahora, mientras íbamos en el avión de regreso, Noah estaba acurrucado en mi pecho, jugando con mi anillo, sus dedos deslizándose perezosamente como si fuera un juguete.

Aterrizamos sin problemas. Teníamos asuntos en la oficina así que allí nos dirigimos.

En cuanto cruzamos la puerta principal, el sonido de las reverencias resonó a nuestro paso.

—Kim Kai-ssi, Kim Noah-ssi —decían en perfecto orden.

—Noah —susurré, con un orgullo desbordante—, bienvenido a NUESTRA organización.

—Esforcémonos juntos —me respondió.

Cuando llegamos a la oficina, el abuelo estaba sentado junto a tres inversionistas y el abogado de la familia. El ambiente era solemne.

—Siéntense. —El abuelo nos indicó las sillas frente a la mesa—. Hoy es un día importante, pero quiero que lean cada palabra. No quiero que dejen un solo punto al aire.

—No lo haremos, abuelo —dije, y miré a Noah—. Amor, tú primero. Tu primera misión en la organización.

Noah tomó los documentos con ambas manos, con ese gesto tan suyo, de cuidado y precisión.

—Quiero entender todo antes de firmar. —Sus ojos repasaban cada línea.

Estaba orgulloso de él. Noah no dejaba que nadie lo subestimara.

—Amor… —le dije en un susurro—. Si hay algo que no te gusta, lo cambiamos.

Cuando terminó de leer, dibujó una sonrisa que me hizo sentir como si el mundo se detuviera.

—¿Estás listo para firmar?

—Si estoy listo —Dijo con ojos brillantes.

Firmamos juntos, y el peso de nuestra historia cayó sobre nosotros, pero no como una carga, sino como una herencia que se sentía como una promesa.

Ya a solas, el abuelo nos miró con esa media sonrisa que lo caracterizaba.

—Niños tengo buenas noticias.

—¿Si abuelo? —Dijo Noah.

—Ahora que viejo.

—He comprado la casa frente a la de ustedes. No piensen que van a librarse de mí tan fácil.

—Es en serio. Adiós privacidad entonces.

Noah interrumpió mis quejidos.

—Con una condición, abuelo —dijo Noah, poniéndose serio—. Si la cortina de la sala está cerrada, no entra. Si está abierta, puede pasar.

—Hecho.

—Si ahora entrega la llave que tienes. —Extendí mi mano

El abuelo refunfuñando sacó la llave de su bolsillo y me la entrego. Salió por la puerta diciendo que le avisemos cualquier cosa.

Esa noche, en la tranquilidad de nuestra habitación, los peludos se quedaron dormidos en sus camitas, Noah y yo nos recostamos en la cama, nuestras manos entrelazadas, mirando nuestros anillos como si fueran la primera vez.

—Amor…

—¿Kai?… —dijo Noah, su voz suave, cálida, como un susurro.

—Mañana, si te parece bien, iremos al centro de adopción. Quiero encontrar a nuestro pequeño ángel.

Noah se incorporó de un salto, como si fuera un niño la noche antes de Navidad.

—¿De verdad? ¿Kai, de verdad? —se puso de rodillas sobre la cama, las manos en su pecho, como si su corazón fuera a estallar.

—Se que solo ha pasado una semana de que hablamos sobre esto, pero estoy muy entusiasmado de tener una familia contigo.

—Yo también estoy muy emocionado de comenzar nuestra familia con un niño.

—De verdad. Quiero ver a un pequeño que sea como tú, que brille en donde sea que vaya. Quiero tener a alguien a quien llamemos “hijo” —crucé los brazos, disfrutando de su alegría, grabándola en mi memoria.

Se abalanzó sobre mí, derribándome en la cama, riendo como un niño.

—Ya quiero malcriarlo. —Susurré en su oído.

—Seguro que lo harás. —Respondió riendo.

Lo abracé fuerte, sabiendo que sí, ese era nuestro destino.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.