Capítulo 74
Kai
Cuando prendí el auto, el rugido suave del motor quedó opacado por la vibración del celular conectado al tablero. La pantalla marcaba el nombre con letras grandes: "Abuelo".
Solté un suspiro, llevando una mano al auricular.
—Hola, viejo, ¿qué quiere…?
Un golpe seco en mi muslo me interrumpió. Noah me miró fijo, su expresión clara como el cristal. Me estaba recordando: "Cuidado con tus palabras, Yuki está atrás."
Me aclaré la voz.
—¿Qué pasa, abuelo?
La risa ronca de mi abuelo se coló por la bocina.
—Jajaja... el ángel controla al león. Pero no llamé para eso. Ven a la empresa. Tenemos problemas con los inversionistas. Llegaron fotos... fotos tuyas con el niño. Quisieron extorsionarnos.
Sentí cómo algo helado me recorrió la espalda. Se me endureció la mandíbula. Un nudo de furia me cerró la garganta. El corazón me palpitó en los oídos.
—¿Quién se atrevió...? —gruñí.
—Eso es lo que queremos averiguar, hijo. Vengan en este instante. También quiero conocer a mi bisnieto.
—Dos días vamos con Yuki y alguien quiere arruinarlo.
—Lo sé, por eso ven rápido.
Colgué sin despedirme. Miré a Noah. No hizo falta decir nada. Sus ojos lo entendieron todo. Me apretó fuerte el muslo, en un gesto silencioso que decía: “Nuestro hijo está aquí. Cálmate.”
Respiré hondo. Me giré hacia Yuki, que jugaba con su llavero sin enterarse de nada.
—Hijo, vamos a ir un momento a mi trabajo, ¿sí? Luego iremos a casa a terminar de armar tu cuarto, ¿vale?
—¡Vale, ya quiero mostrarle a Mochi los Stickers nuevos! —respondió animado, abrochándose el cinturón. Su sonrisa era un escudo contra la podredumbre que acechaba tras el telón.
Cada semáforo fue un castigo. Me mordía la uña del pulgar izquierdo sin darme cuenta, mientras con la otra mano aferrada a Noah. No hablábamos. Solo respirábamos el mismo aire tenso. Cuando llegamos, aparqué de golpe frente al edificio. Bajamos los tres. Tomé a Yuki en brazos.
Subimos. Todos en la empresa se reverenciaron. Hasta el silencio parecía inclinarse ante nosotros.
Frente al ascensor, dejé a Yuki en el suelo.
—Vas a conocer al abuelo —le dije—. Y después jugarás con los juguetes de tu maleta, ¿de acuerdo?
Yuki asintió, tomando la mano de Noah. Entramos.
Mi abuelo los esperaba en la sala privada, una sonrisa feroz en el rostro. Yuki se escondió detrás de mí. Lo animé con un asentimiento. El niño dio un paso adelante, tímido, y le ofreció la mano a mi abuelo. Él la tomó con suavidad.
—Ve con él, hijo. Pronto iremos nosotros —le susurré.
Antes de salir la voz del abuelo sonó como un chichillo afilado.
—Noah, has lo que tengas que hacer para proteger a tu familia. Lo mismo para ti Kai.
Ambos asentimos, podía notar cierta ira viniendo de Noah, lo cual no era muy común en él. Cuando salimos, la puerta se cerró. Y el infierno empezó.
Dos hombres arrastraron a un sujeto esposado y ensangrentado hacia el centro de la sala. Su rostro era un amasijo de miedo.
—Este es quien entregó la carpeta —informó uno de mis guardias.
Noah caminó hacia un sillón, cruzando las piernas con serenidad glacial. Yo no dije nada. Simplemente avancé y pisé el cuello del hombre.
—¡Aghh! —gritó, tratando de zafarse. No lo dejé.
No me importaba si desde afuera alguien oía. La sala tenía insonorización reforzada.
Lo miré desde arriba. Era un insecto.
—¿Quién te dio la carpeta?
—¡N-no lo sé! ¡Me la dejaron en una bolsa! ¡Solo me dijeron que la entregue a cambio de dinero!
El secretario me alcanzó una carpeta y se la di a Noah. En silencio, él comenzó a leer.
—Nombre: Cho Min-woo —murmuró Noah, la mirada gélida—. Treinta y ocho años. Arrestos por drogas, violencia doméstica, intento de fraude bancario… Tienes una joya de historial. —Dijo lo último en burla.
Noah levantó la vista. Su expresión cambió.
Se levantó de golpe, quité mi pie de su cuello, él se arrodillo en señal de clemencia. Pero Noah le dio una patada al pecho. El hombre cayó de espaldas, jadeando.
—Yo jamás he lastimado a nadie —dijo Noah con voz baja—. Pero tú... intentaste dañar a nuestro hijo. Eso no te lo perdonaré.
Le pisó una mano con fuerza.
—¡AAGH!
—A esto se refería el abuelo cuando dijo que haga lo que tenga que hacer cuando llegue el momento de proteger a mi familia. —Murmuro bajo para mí.
Yo me quedé paralizado por un segundo. Ver ese lado de Noah... ese lado oscuro, frío, protector... Me hizo amarlo aún más.
—Ya escuchaste, imbécil —añadí, reafirmando sus palabras.