Obertura

Capítulo 1

Primer día


Miraba desde la ventana de su casa como su padre se iba a trabajar, este  se fue sin decir adiós, nunca lo hacía. Eso era algo a lo que aquella pequeña de niña de cabello castaño ya estar acostumbrada.

– Abuela, ¿por qué papá no me quiere? – No era una pregunta, era una afirmación.

–Claro que te quiere dulzura, él te quiere. Lo que pasa es que él está... bueno, está dolido por la muerte de tu madre. Todos lo estamos, por eso él no te dice que te quiere.

– Abuela ¿yo mate a mamá? – sus ojos grandes de color café miraban a la mujer mayor.

–No, claro que no dulzura, tú no mataste a tu mamá. ¿Quién te ha dicho eso?

–Papá. –contestó con un gesto. –me lo dice siempre.

– Cariño, eso no es cierto. Tu madre murió porque estaba muy enferma y Dios la quería con él. Se la llevo para que te cuide; para que nos cuide.

El silencio se hizo en la pequeña habitación.

–La extraño mucho. – Las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas regordetas y rosadas.

–¡Oh dulzura! No deberías, sabes perfectamente que ella está contigo, en tu corazón. – abrazó a la pequeña y  le sonrió –Ahora deberías comer para ir a la escuela. Hoy es tu primer día y no puedes llegar tarde.

Regina pensaba que Belisa murió, antes de tiempo, esa mujer debía estar aquí viendo a su hija crecer. Estarías tan feliz de verla se parecían mucho, podía reconocer ese espíritu de comprensión y esa enorme capacidad para saber lo que los demás piensan.

Lo único que preocupa a la mujer era que, ese conocimiento pudiera herir a su nieta por las palabras de su hijo.

No podía hacer nada y eso hizo que Regina suspirara con pesar.

Summer estaba en su habitación mientras se miraba en el espejo. Era su primer día en la escuela, eso hacía que imaginara otro tipo de historia una donde su mamá estuviera con ella, estaría tan feliz como se veía en la foto que tenía guardada; foto que su abuela Regina le había dado, hace unos cuantos meses atrás.

Su abuela la llevo a la escuela, con tristeza, se dio cuenta que ella no tendría algo que lo demás niños si, no recibiría el beso cálido de despedida por parte de su madre antes de entrar a la escuela; no le diría adiós.

Su abuela al ver el rostro ausente y triste de la niña, pensó en el mal que hacía su hijo al no hacer un espacio  para traer a su hija a la escuela. Estaba molesta con él por eso, no le era suficiente con culpar a una inocente de una muerte, sino que, era incapaz de apoyarla en un momento como ese.

La maestra de los niños pequeños de primer ingreso. Una mujer con una sonrisa en los labios, con ropa de colores alegres, una experta en el cuidado de niños, sin hijos aun, veía al pequeño grupo que se le encargaba ese año para que les enseñara.

La escena era exactamente como la niña castaña la imaginaba. Las madres, incluso algunos padres, llevaban de la mano a sus hijos. Los despedían antes de que la maestra los hiciera entrar a clase.

Su abuela le dijo adiós y la dejo con aquella maestra que dio la bienvenida a la pequeña. Regina se sintió un poco más confiada al ver el rostro de la maestra, al dirigir a los alumnos a su clase.

Aquella anciana sabía lo que debía hacer ahora. Ir al único lugar donde quería ir en ese momento.

El cementerio, de la ciudad era un lugar frio y desolado esa mañana. Camino en silencio a la tumba de su nuera, pero algo le llamo la atención, un hombre estaba frente aquel lugar.

Regina lo supo, no era cualquier hombre, era alguien que la amaba demasiado y la muerte lo llenó de dolor.

El sostenía un ramo de flores amarillas, las favoritas de su esposa, por su loca amor a aquella canción que habla de ellas. Belisa era soñadora y dulce, una mujer perfecta para él. Nadie podía negar que él la amaba, pero la vida se la quitó. Ellos aún eran jóvenes, debían vivir mucho más tiempo juntos. Donde había quedado el juntos por siempre si ella se había ido.

–¿Por qué te has ido? ¿Porque sin mí? Yo te amaba. Sabes que no puedo seguir viviendo con este dolor. Yo no quiero seguir sin ti. No hay nada en este mundo que consiga hacerme seguir con vida. Quiero correr a tu lado. Sin ti, no tengo nada. –escucho los lamentos de su hijo.

–¿Y tú hija? – Regina le preguntó. –¿Acaso tu hija no es importante? Summer merece tener al menos a su padre.

– ¿Para qué lo quiere? Ella te tiene a ti.

–No seré eterna. Además, solo soy su abuela. ¿No crees que es más importante que tengo a su padre? Es pequeña y te necesita, como hoy por ejemplo.

–No me necesita. – Él miro a su madre y Regina vio las lágrimas en su rostro.

–Claro que te necesita, ¡Es una niña! Toda niña quiere un padre que la cuide. Necesita que la quieras, que la protejan, te quiere y...

– No, ella no sabe lo que es querer. Si lo supiera, no hubiera matado a la mujer que yo amaba.

–Summer no tuvo la culpa de la muerte de Belisa, lo sabes. – Muy pocas veces Regina se atrevía a subir la voz –. Tú y yo sabemos que estaba muy mal, el embrazo era muy arriesgado.

–Pero aun así, decidió que debía tener a esa... niña.

–¿Cómo puedes hablar así de tu hija? Más aun cuando estas en su tumba. Sabes perfectamente que lo único que quería era darte un hijo y hacerte feliz.

–No, ella no quería verme feliz. Si me hubiera querido, me hubiera hecho caso y seguiría viva. Debió sacarse a ese estorbo para seguir a mi lado, esa niña la mato, ella lo hizo.

Regina estaba molesta sintiendo la sangre calentarse, dirigió su mano a la mejilla de su hijo y le dio una bofetada.

–No tienes derecho a culpar a tu hija y menos decírselo a ella. ¡Es una niña! No sabes lo que dices ¿Sabes por qué?

Miro a su hijo, él cual estaba sosteniendo su mejilla con su mano.

–Porque desde que se fue, no eres capaz de aguantar un día sin beber. Eso te hace decir cosas que no debes. Quiero que te comportes como el hombre que crié y te pongas los pantalones y te hagas cargo de una vez por todas de tu hija, porque, te guste o no, ella está viva. Belisa, que Dios la tenga en su gloria, así lo quería.
–miro a su hijo–Ella quería darte un hijo y dio su vida para que pasara, así que por el amor que le juras tener, te vas hacer cargo de tu hija.




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