Obertura

Capítulo 2

Regina
 

Las primeras vacaciones de ambas niñas juntas fueron una maravilla. Aunque Regina no las dejaba salir mucho, ellas encontraban el modo de divertirse dentro de la casa.

Las pocas ocasiones en que salían, corrían libres y sin preocupaciones por el parque, un lugar completamente hermoso, donde el cielo podía ser contemplado sin ninguna distracción.


Los árboles eran grandes e intimidaban a las pequeñas, que miraban como otros niños intrépidos se subían sobre estos, se mecían en sus ramas.

Encontraron muchos corazones tallados en los troncos de los árboles, pero no entendían que decían, reconocían la vocales.

En una ocasión mientras estaban sentadas bajo un árbol, hablando de los días de descanso que les quedaban, sonriendo y mirando todo lo que las rodeaba, contemplando el atardecer.

Escucharon ruidos en la copa del árbol y ambas miraron hacia arriba para ver a un chico, que nunca habían visto antes en el parque, tenía su vista puesta en el puente que se localizaba a unas calles del parque, ambas solian verlo mucho, sobre todo al atardecer y no les sorprendía que el chico tuviera su vista puesta en ese punto.

El chico se mecía en a las ramas, sin miedo a terminar en el suelo, ellas solo lo miraban y él lo noto luego de un instante, bajo la mirada, era una mira verde profunda, que se clavo en ambas, tuvieron miedo de que les hiciera algo ya que era un chico mayor.

Bajaron su mirada para hacerle pesar que no lo estaban mirando, pensaron que no las miró pues él se quedo sobre el árbol.

Habían olvidado el incidente por completo, cuando con un "Boo" el chico las asusto, haciéndolas gritar asustadas, el se rio de las niñas.

―¡Eres un malo! ― gritó Azul molesta mirando al chico detrás del árbol.

―Ustedes se lo buscaron por ser unas chismosas.

―Nosotras no somos chismosas.

―No les creo, ambas estaban hablando de mí.

―No lo hacíamos― Summer miro a los ojos de el chico se sintió intimada, no estaba acostumbrada a ver a los demás a los ojos, por el temor a ver lo mismo que veía en los ojos de su padre.

Pero los ojos verdes del niño y el rostro simpático con pequeños hoyuelos que se le disimulaban por la situación que se estaba desarrollando.

―Sí lo hacían, estaban hablando de mí y me miraban.

―No es cierto, nosotras mirábamos el puente. ― Azul estaba un poco molesta.

―¿Y qué tiene de lindo el puente?― el chico pregunto un poco molesto al igual que Azul.

―Es lindo porque siempre al final del puente ahí un lugar nuevo que nos gustaría conocer.

―Pues que niñería tan tonta. ―dijo el niño frunciendo el seño ―Mejor me voy porque se me pueden pegar los piojos de un par de niñas odiosas.

―Nosotras no tenemos piojos, pero tú de seguro que tienes pulgas, niño feo. ― Azul tenia las mejillas rojas de puro enojo.

Ambas sacaron la lengua y se la mostraron al niño que se iba al otro lado del parque.

―Azul, Summer vamos que ya es hora de volver a casa.

―Sí, Abu.

La abuela siempre les prepara comida y cuando ambas enfermaban, ―por que se contagiaban la gripe la una a la otra, ya que no había nada que las separa ―ella cuidaba de ambas, Azul la quería y la miraba como la abuela que nunca conoció, dulce, buena y consentidora, así describían ambas a su abuela.

...

Azul no tenía una vida perfecta como todos suponían, pues adentro de su casa, vivía con unos padres que se gritaban entre ellos, que se recriminaban sus errores, que muchas veces terminaban por herirse, de las peleas tan feas que tenían, que no dejaban muchas veces descansar a Azul. Ella prefería pasar su día con alguien más que con los dos encargados de darle la vida, que rara vez se preocupaban por ella.

Ni siquiera cuando tenía problemas en la escuela por pelarse con sus compañeras ―por defender a Summer ― ni siquiera en eso momento ellos la notaban, nunca supieron cuando se enfermaba, siempre estaba feliz en la casa de su amiga.

―Me gusta esto.

―¿Qué cosa Azul?

―Tú casa. ― sonrió ―Es muy linda.

―No tanto como tu casa, la tuya es muy linda.

―Sí, pero la tuya es más tranquila, mi casa es una locura y lo sabes pero tu casa es linda callada, tu abuela es tan amorosa que desearía que así fuera mi mami. ―sus ojos se pusieron cristalinos anunciando unas lagrimas.

―No llores amiga.

―Mi mamá no me quiere.― lloro un poco Azul.

―Claro que si te quiere y es por eso que trabaja tanto.

―Yo la quiero mucho pero ella nunca está en casa, la quiero conmigo, Su la quiero.

―Traigo sus galletas y un vaso con leche. ― Regina entro a la sala y Azul se limpio con la manga de su blusa las lágrimas que se le salieron.

―¿Qué te pasa, Azul porque lloras?

―Mi mama no me quiere.

―¡Oh hermosas!―Regina con esfuerzo se puso a la altura de las niñas y miro a Azul ―No llores, tu mami te quiere ella te adora.

―¿Usted cree?

―Sí, amor eso creo.

Azul y Regina se había puesto a hablar y  Summer estaba llorando ahora.

―¿Summer? ¿Estás bien?― Regina miro a su nieta al oírla soltar un pequeño sollozo.―Amor ¿qué te pasa?

―¡Quiero a mi mamá!― chillo corriendo a los brazos de su abuela y refugiarse en ellos.

―¡Oh querida!― Regina sintió un deseo incontrolable por ponerse a llorar con su nieta, pero no lo hizo se dio ánimo para seguir serena y poder calmar a su nieta.

―Summer, mírame― alejo a la niña de su brazos lo suficiente para que esta la viera. ―No tienes que extrañar a tu mami, porque está contigo siempre, aquí. ― señalo el corazón la niña.

Summer sonrió débilmente y miro a su abuela.

―Ya se, tengo una idea porque no vamos a sentarnos al sillón se comen sus galletas y su leche mientras yo les cuento sobre tu mami. ― toco la punta de la nariz de Summer quien sonrió con los ojos iluminados.

Su abuela y su papá nunca hablan de su mamá desde que murió, pero para Regina recordar a la mujer que se había robado el corazón de su hijo y lo había hecho tan feliz en sus años juntos era difícil a veces.




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