Obertura

Capítulo 9

¡¿Un feliz cumpleaños?!
 

―Vengo en la madrugada a la habitación de mi hija para verla dormir, y que me encuentro, a la muy ZORRA de mi hija entrando como una ladrona.

Summer tembló y se abrazó a sí misma.

―No estabas en tu cama, ni en el baño, no estabas en la casa, te fuiste de fiesta esa puta que tienes de amiga.

Él se acercó a ella, Summer contuvo un gritó de terror, al verlo, de sentirlo tan cerca, cerró los ojos esperando un golpe lo que fuera, pero nada llego y eso sabia era peor.

Abrió los ojos y lo miró de pie frente a ella, sus ojos rojos de ira y de tanto alcohol.

―Apestas a cigarro. ―espetó. ―¿Estuviste fumando, bebiste?―Ella no podía hablar, no encontraba su voz, él la tomo del cabello con fuerza, de forma brusca y Summer chillo de dolor, se sentía como si fuera a arrancar su cabello. ―Dime ¿con que patán te revolcaste? porque de seguro eres tan suelta como tu amiguita, claro como la madre es una cualquiera, la hija tambien sigue sus pasos y de paso te lleva a ti también. ― Tiró del cabello de su hija más fuerte y esta se doblo de dolor hacia atrás, chillando.

―Pero eso no se queda así. ―la lanzo contra la cama y jadeo cuando su cuerpo choco con el comienzo de la cama. ― De rodillas. ― gritó en una orden.

Ella no podía, no sabía si era por la falta de aire o por el miedo ante lo que se venía, pero no se podía mover.

―¡Dije de rodillas! ―gritó, la tomo del pelo y tiró de ella de modo que quedo de rodillas, con el dolor atravesando su cuerpo.

Cerró los ojos y espero, mientras oía el sonido del cinturón siendo retirado, el primer golpe llego con un silbido y un alarido de dolor. Lagrimas salieron de su ojos, se mordió los labios con fuerza para no gritar, nunca le había gustado que su padre supiera de su dolor y él la había  golpeado en anteriores ocasiones más fuerte solo por gritar.

Uno tras otro los golpes llegaron no pudo ni contarlos, estaba chillando por dentro, su labio estaba sangrando de lo fuerte que lo mordió, cuando él termino y abandono la habitación, soltó el primer sollozo, su cuerpo ardía, miro sobro su hombro, él no estaba, intento moverse pero la puerta se abrió tan rápido que todos los músculos se tensaron y cada uno le dolió con fuerza.

Entró y camino a donde estaba ella, la tomó del pelo y comenzó a deshacer el peinado que llevaba.

―Mi hija no va ser una zorra, y si eso chicos te buscan por ser linda tendremos que hacer algo con eso. ― ella oyó el ruido y luego miro al suelo, su cabello caía al suelo, en largas mechas, más lagrimas salieron, calientes y húmedas.

Queria gritar, pero no podia estaba atada por su propio miedo, más mechas de su cabello llenó el piso a su alrededor. Cerró los ojos con fuerza, ver eso le dolía más.

No fue hasta que escuchó el ultimo tijeraso, que se atrevió a mirar de nuevo al suelo, su cabello llenaba el suelo.

Su cabeza se movió y la sentía más ligera y una lagrima grande y salada rodó por su mejilla, intentó esconderla pero ya se había caído, junto a su pelo.

―Creo que con eso estará bien. ― La tomo del cuello puso las tijeras sobre su garganta, Summer gimió sintiendo el filo de estas en su piel. ―Espero que entiendas con esto que no debes volver a salir de casa, no irás a fiestas. ―La soltó pero seguía junto a ella, él suspiro. ―Bueno creo que ha sido mucho desvelo por esta noche, mañana debo trabajar, y tú tienes que hacerme mi desayuno. ―comentó. ―Feliz noches cielo. ―besó su frente y salió de la habitación no si antes agregar. ―Casi lo olvido. Feliz cumpleaños.

***

Azul se paseaba de un lado a otro frente al casillero de su amiga, con una caja en sus manos, la caja era pequeña y estaba perfectamente envuelta con un papel plateado y un moño azul.

Todo mundo la miraba, ella sabía que era por dos cosas, uno era siempre era  admirada por su estilo al vestir, destacaba entre todas, aunque a ella no le importara mucho, de alguna manera no le importaba ya, ella se vestía para ella, y la segunda razón de las miradas esa mañana, era que parecía un animal enjaulado, dando vueltas, estaba comenzando a marearse a sí misma, pero no podía evitarlo, había estado preocupada por Summer, la había estado llamando a casa y parecía que la línea estaba muerta, no sabía nada de ella desde la fiesta lo cual la ponía nerviosa, su amiga no tenia un celular así que no se podía comunicar con ella.

Llego a la escuela -como cosa rara- temprano, con la esperanza de ver a su amiga antes de clase, Summer era muy puntual, pero ya casi tocaban para el primer periodo y Summer no aparecía y eso la tenia de ese modo.

Se giró, quedo parada con la espalda recostada sobre el casillero, esperando, comenzó a jugar con el moño sobre la caja, cuando oyó unos pasos y miro a su amiga caminar hacia ella.

El alivio la invadió, estaba bien.

Summer quien traía la miraba distraída en el suelo, con el capuchón de su sudadera cubriendo su cabeza, traiga unos viejo Jean que Azul le había regalo hace tiempo, pero ya que ella era tan delgada los jean parecían ser demasiado grandes, zapatillas sucias, levanto la mirada y vio a Azul.

Ese pequeño instante en que ambas se miraron, fue una punzada de dolor por que Azul lo supo todo, los ojos marones de su amiga siempre habían sido la cosa más sincera que había visto en alguien, sus ojos eran lo único que delataban a su amiga como alguien sincero y puro.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de Azul cuando los ojos marrones la miraron, ¡Fue mi culpa! pensó, analizando cada detalle de su amiga, esa ropa era una clara señal de lo que sucedido, años siendo su amiga le mostraban las señales mejor que a nadie.

Summer llego a ella y se quito la capucha y dejo al descubierto una gorra de lana de un verde musgo, que era realmente muy fea y anticuada.

―Hola. ― saludó.

―Hola, yo...― Summer la miró. ―Te traje esto. ¡Feliz cumpleaños! ―No sabia que más decir. ―Yo estuve llamando pero tu teléfono a de estar mal― comento entregaba el regalo.




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