Obertura

Capítulo 20

Sofía 


El sol en el horizonte anunciaba un nuevo día. Azul observó a su amiga dormir acurrucada en el asiento del auto.

Azul buscó en su bolsillo y encontró el rosario que su abuela le regaló años atrás.

Azul perdió su relación con Dios mientras crecía, de niña su abuela solia llevarla a la iglesia y le enseño a rezar. Ella ya no recordaba la últimas vez que lo hizo.

Pero aquella mañana después de todo lo vívido le pareció que era un buen momento para hacer una oración.

Rezó por ella y por su amiga pidiéndo a que las ayudará en su caminó y pidió por la nueva vida que se estaba formando en su vientre.

-¿En dónde estamos? -preguntó su amiga un poco adormilada, ella solo se despertó unas horas antes para tomar su medicamento y se volvió a dormir.

-No estoy muy segura, pero estamos lo suficientemente lejos de casa, como para evitar que nos encuentren.

-Es bueno saberlo. -murmuró y se movió Azul pudo ver el gesto de dolor en su costado. -Creo que debemos descansar en algún lugar, has estado manejado toda la noche.

-Sí lo sé, por eso es que hace poco me desvié pues un letrero anunciaba un lugar donde podamos descansar.

Ambas se quedaron calladas por un momento hasta que Summer encendió la radio, una canción alegré sonaba, fue extrañó pero no fue hasta ese momento que ambas se dieron cuenta de que eran libres, que ya no tenían que volver a casa donde solo habían sufrido.

No reconocían la canción pero luego de un momento comenzaron a entonar el coro y se soltaban a reír por su mal intentó de cantar, pero solo podían reír y disfrutar de esa nueva vida que hoy comenzaba.

No tardaron mucho en llegar a un pueblo, eran alrededor de las nueve y parecía que todo el mundo en el lugar estaba ya en su labores diarias, las personas caminaban en la calles sin molestarse en verlas.

Azul estación el auto en la gasolinera, fueron a la tienda a ver qué podrían conseguir, en la tienda dos hombres mayores hablaban sobre autos.

Azul se acerco a ellos y estos le sonrieron.

-Buenos días. -saludó ella.

-Muy buenos días jovencita. -el hombre mayor la miró y sonrió de forma cálida.

-Me gusta saber si pueden ayudarme,  mi amiga y yo. -señalo a donde Summer se encontraba. -Estábamos buscando un lugar donde poder desayunar. ¿Saben usted de un lugar a dónde podamos ir?

-Sí, creo que podría ir donde Norma. -él hombre miró su reloj. -Creo que todavía pueden llegar a la hora que se sirve el desayuno.

Ambos les dieron indicaciones sobre cómo podrían llegar y ella agradeció la ayuda.

-Deja eso. -le indicó a Summer que tenia unas bolsas con comida. -Encontre un lugar donde podemos ir a comer algo más sano.

-¿Tenemos dinero para eso? -preguntó Summer, mientras salían.

-Es solo un desayuno, podemos permitirnos eso, además ambas necesitamos algo nutritivo.

-Debemos hacer que te revisen, debemos saber como está el bebé. -Subieron al auto.

-Pensaremos en eso después, primero comeremos algo.

Su amiga asintió y comenzaron a buscar el lugar.

Con las indicaciones llegaros con facilidad, el lugar era muy pintoresco, no era grande, pero tenía ese aspecto acogedor que les gustó.

Entraron tomaron asiento en un rincón, no tenían el mejor aspecto y esperaban que nos las echaran por verse como chicas problemáticas.

Revisaron el menú, todo se escuchaba delicioso para Azul, Summer no tenía muchas ganas de comer, pero la convenció que debía alimentarse, su cuerpo necesitaba eso para curar sus heridas.

Comieron en silencio, las personas que estaban ahí, conversaban y la dueña era sumamente amable con todos mientras llevaba los platos.

Azul en serio tenia hambre y no sabia si era el embarazo o el hecho de que su último comida fue doce horas atrás.

Cuando terminaron la comida llegó el momento de ponerse a planear que harían ahora.

-Tenemos el suficiente dinero para una semana o quizás menos dependiendo de que tanto tardemos en llegar a un lugar, la gasolina no es muy barata.

-En tal caso no deberíamos ir más lejos. Podemos buscar un lugar y comenzar a buscar un trabajo antes de que el dinero se acabé.

-¿Alguna idea sobre dónde podemos quedarnos?

-No lo sé, no podemos pagar un hotel todos los días y no podemos pagar un departamento, nos quedaríamos sin dinero para comida y las demás cosas necesarias.

Ambas soltaron un suspiro sin saber que hacer.

-Disculpe que me entrometa. -Una mujer que estaba sentada a unos mesas de ellas se acercó un poco dudosa. Vio a Summer y le regalo una mirada dulce.

La mujer tenia el cabello corto y rizado en tonos castaño. -No pude evitar escuchar su problema y pensé que podría ayudarlas.

Ambas chicas la vieron con un poco de duda.

-Tengo una tía abuela que vive a unos pocos kilómetros de aquí. Ella maneja una casa de huéspedes. Así que mi tía podría ayudarlas si necesitan un lugar donde vivir.

-Es usted muy amable. -Azul le sonrió. -Pero ¿usted cree que ella nos pueda ayudar?

-No veo por qué no, ella tiene un gran corazón. -la mujer sonreía.

Una niña pequeña se acercó a ella y tiró de sus pierna, ella le pidió que fuera con su hermana a la mesa que ya llegaría en un momento. La niña le sonrió a Azul antes de irse.

-Les aseguro que mi tía puede ayudarlas.  -la mujer debió notar la duda en ambas pues agregó. -Yo podría llamarla y preguntar si tiene un espacio y recomendarlas para que las reciba.

-Eso sería de mucha ayuda. -Azul le sonrió. -Por cierto, ella es Summer y yo soy Azul, es todo un gusto.

-Mucho gusto, soy Hanna, ellas son mis hijas Harmony y Paz. -Señalo a sus niñas en la mesa.

Hanna volvió a su mesa y tomó su teléfono. Estuvo unos minutos ahí hablando mientras la pequeña seguía saludando a las personas que pasaban.

Hanna volvió y les sonrió. -Hable con mi tía y tiene lugares disponibles y puede mostrarles el lugar sin ningún compromiso.




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