Era la primera Navidad de Harry, Ron y Akira en Hogwarts. Aunque todavía no eran los amigos inseparables que llegarían a ser con el tiempo, algo había cambiado entre ellos. Ya no eran solo compañeros de clase; poco a poco estaban empezando a formar un lugar donde podían sentirse cómodos.
A la hora de la cena, el Gran Comedor parecía sacado de un cuento. Las mesas estaban cubiertas con un festín interminable: pavos dorados, montañas de papas preparadas de todas las formas posibles, fuentes de salchichas humeantes, soperas de arvejas con manteca y huevos sorpresa repartidos por todas partes. Las velas flotaban sobre sus cabezas y el calor del lugar hacía olvidar por completo el frío que cubría los terrenos de Hogwarts.
Mi mejor Navidad hasta ahora, pensó Akira mientras observaba la mesa llena de comida y las conversaciones a su alrededor.
No era una Navidad perfecta como las que aparecían en los cuentos, pero era la primera en la que realmente sentía que pertenecía a algún lugar.
Los gemelos Weasley bromeaban con Ron y Percy, provocando las quejas del prefecto mientras intentaba mantener algo de autoridad. Harry estaba completamente concentrado en descubrir qué sorpresa escondía cada huevo de chocolate, y Akira terminaba su plato de pavo lentamente, disfrutando de una tranquilidad que no recordaba haber sentido antes.
Después de la cena, salieron al parque de entrenamiento para una guerra de bolas de nieve que terminó exactamente como todos esperaban: con risas, ropa empapada y más de un intento de venganza. Las bufandas terminaron cubiertas de nieve y algunos regresaron al castillo quejándose de tener las manos congeladas, aunque ninguno parecía realmente molesto.
Exhaustos, volvieron a la Sala Común de Gryffindor, donde el fuego de la chimenea los recibió con una calidez reconfortante. Harry se sentó con Ron para probar sus nuevas piezas de ajedrez mágico, mientras Fred y George corrían por la habitación perseguidos por Percy después de haberle robado su insignia de prefecto.
Akira se acomodó cerca del fuego, observando la escena con una pequeña sonrisa.
Durante mucho tiempo había pensado que la Navidad era solo una fecha más del calendario.
Esa noche, por primera vez, empezó a entender que quizá no se trataba del lugar donde estabas, sino de las personas que decidían quedarse contigo.
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En medio de la noche, Akira se despertó por unos pasos. Miró alrededor y descubrió a Harry sosteniendo algo parecido a una manta. Lo observó unos segundos hasta que él notó su mirada.
ー ¿Qué haces despierta? ーpreguntó Harry, incómodo.
ー Eh, no estaba despierta, tú me has despertado. ーreplicó malhumoradaー ¿Qué haces a esta hora?
ー Tengo que buscar algo. ーrespondió, sin mucha convicción.
ー ¿Necesitas ayuda o puedo volver a dormir? ーpreguntó ella, con tono seco.
Harry dudó unos segundos, hasta que cedió.
ー ¿Conoces a Nicolas Flamel?
ー Sé un poco. ーAkira se acomodó en el sillón, con voz cansadaー Es el creador de la piedra filosofal.
Harry abrió los ojos sorprendido.
ー ¿Y eso qué sería?
ー Una sustancia extraordinaria, funciona como el elixir de la vida. Te da inmortalidad... hasta cierto punto. Flamel debe tener más de quinientos años. ーexplicó ella, bostezando.
ー Woah. ーfue lo único que Harry alcanzó a decir.
Akira lo miró con curiosidad.
ー ¿Para qué necesitabas saber eso?
Harry se sentó a su lado y comenzó a contarle sus sospechas: Snape, Quirrell, los rumores que circulaban. Luego, con voz más baja, le confesó que había encontrado un espejo en una sala desierta.
ー ¿Me estás diciendo que encontraste el espejo de Oesed? ーpreguntó Akira, asombrada. Su padre nunca le había mencionado que estuviera en Hogwarts.ー Ese espejo muestra el deseo más profundo del corazón.
ー Creo que sí... me mostró a mis padres. ーdijo Harry, con nostalgia.
Akira lo miró en silencio, comprendiendo la tristeza detrás de sus palabras.
ー ¿Dónde está ahora?
ー No lo sé. Dumbledore me encontró y lo movió de lugar.
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Las vacaciones terminaron y las clases volvieron a empezar. Con ellas, también regresó Draco Malfoy.
Akira estaba esperando verlo. Después de la Navidad, las cosas entre ellos habían cambiado de una manera difícil de explicar. Seguía siendo Draco: orgulloso, sarcástico y demasiado terco para admitir cuando algo le importaba, pero ahora ella había visto una parte de él que pocos conocían.
Lo esperó en la entrada principal entre alumnos que regresaban con maletas y regalos. Durante unos minutos no vio ninguna cabellera platinada entre la multitud, hasta que una voz conocida habló detrás de ella.
— ¿Esperando a alguien en especial?
Akira giró lentamente, encontrándose con Draco con una sonrisa de suficiencia.
— Esperaba a mi media naranja malvada.
Draco frunció el ceño.
— ¿Me estás diciendo naranja?
— Media naranja. La parte malvada es un detalle adicional.
— No estoy de acuerdo con esa descripción.
Ella sonrió antes de abrazarlo sin pensarlo demasiado. Draco se quedó quieto durante un segundo, sorprendido por el gesto, pero terminó devolviéndole el abrazo con una pequeña sonrisa que intentó ocultar.
Caminaron juntos por los pasillos mientras se ponían al día. Akira le preguntó por sus vacaciones y Draco respondió sobre su viaje a Francia para visitar a unos familiares, aunque sin entrar demasiado en detalles.
Ella tampoco necesitó preguntarle demasiado sobre la Navidad en la mansión Malfoy. Ambos sabían que había sido algo diferente a cualquier otra visita. Akira todavía recordaba la elegancia silenciosa de la casa, las conversaciones con Narcissa y la forma en que Draco parecía más nervioso por su opinión que por cualquier otra cosa.
Editado: 13.08.2026