Obliviate »draco Malfoy« //completa// [ar I]

Capítulo 10: La vociferadora

Al día siguiente, sin embargo, Harry apenas sonrió. Las cosas fueron de mal en peor desde el desayuno en el Gran Comedor. Bajo el techo encantado, que ese día estaba de un triste color gris, las cuatro mesas de las casas estaban repletas de soperas con avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y tocino. Harry y Ron se sentaron en la mesa de Gryffindor junto a Hermione, que tenía abierto su ejemplar de Viajes con los vampiros apoyado contra una taza de leche. El frío "buenos días" que les dijo hizo pensar a Harry que todavía les reprochaba la forma en que habían llegado al colegio. Neville Longbottom, en cambio, los saludó alegremente. Neville era un chico de cara redonda, propenso a los accidentes, y con la peor memoria que Harry había visto en alguien.

— El correo llegará en cualquier momento —comentó Neville—. Seguro mi abuela me manda las cosas que olvidé.

Efectivamente, Harry apenas había empezado sus gachas de avena cuando un centenar de lechuzas entraron con gran estrépito, volando sobre las cabezas, dando vueltas por la sala y dejando caer cartas y paquetes sobre la multitud. Un paquete irregular rebotó en la cabeza de Neville y, un segundo después, algo gris cayó sobre la taza de Hermione, salpicando a todos con leche y plumas.

— ¡Errol! —dijo Ron, sacando por las patas a la lechuza empapada. Errol se desplomó sin sentido sobre la mesa, con las patas hacia arriba y un sobre rojo y mojado en el pico— ¡No...! —exclamó Ron.

— No te preocupes, no está muerto —dijo Hermione, tocando a Errol con la punta del dedo.

— No es por eso... es por esto.

Ron señalaba el sobre rojo. A Harry no le parecía nada especial, pero Ron y Neville lo miraban como si fuera a explotar.

— ¿Qué pasa? —preguntó Harry.

— Me mandaron un vociferador —dijo Ron con voz débil.

— Será mejor que lo abras —susurró Neville, nervioso—. Si no lo haces, es peor. Mi abuela me mandó uno una vez y no lo abrí... fue horrible.

Harry miró los rostros aterrados y luego el sobre rojo.

— ¿Qué es un vociferador? —preguntó.

Pero Ron estaba concentrado en la carta, que empezaba a humear por las esquinas.

— Ábrelo —insistió Neville—. Será rápido.

Ron, con la mano temblorosa, le quitó el sobre a Errol y lo abrió con cuidado. Neville se tapó los oídos, y Harry entendió por qué un segundo después: el salón retumbó con un bramido tan fuerte que desprendió polvo del techo.

—... ¡ROBAR EL COCHE! NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE TE EXPULSARAN; ESPERA A QUE TE AGARRE, ¿TE IMAGINAS LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...?

La voz de la señora Weasley, cien veces más fuerte de lo normal, hacía vibrar los platos y reverberaba en los muros de piedra. Todos miraban hacia la mesa de Gryffindor, y Ron se encogió tanto que apenas se le veía la frente roja.

—... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, TU PADRE SE MORÍA DE LA VERGÜENZA, NO TE CRIAMOS PARA QUE TE PORTES ASÍ, ¡HARRY Y TÚ PODRÍAN HABERSE MATADO...!

Harry se preguntaba cuándo aparecería su nombre. Intentaba fingir que no escuchaba, aunque la voz le perforaba los oídos.

—... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN INVESTIGANDO, TODO POR TU CULPA, Y SI VUELVES A HACER ALGO, POR PEQUEÑO QUE SEA, TE SACAREMOS DEL COLEGIO.

El sobre cayó al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. El silencio fue absoluto, hasta que poco a poco el murmullo volvió al comedor. Algunos se rieron, pero Ron seguía encogido en su asiento.

Hermione cerró su libro y lo miró.

— Bueno, no sé qué esperabas, Ron, pero tú...

— No me digas que me lo merezco. —La cortó Ron.

Harry apartó su plato de avena. La culpa le revolvía el estómago: el señor Weasley tendría que enfrentar una investigación en su trabajo, y todo después de lo que los padres de Ron habían hecho por él en el verano.

Desde la mesa de Slytherin, Akira levantó la vista en cuanto el Gran Comedor retumbó con la voz de la señora Weasley. El estruendo hizo que más de un alumno dejara caer los cubiertos sobre el plato y que las conversaciones se apagaran de golpe. Durante unos segundos, toda la atención del comedor se concentró en la mesa de Gryffindor. Algunos alumnos comenzaron a reír entre ellos; otros se pusieron de pie disimuladamente para observar mejor la escena. Incluso varios profesores levantaron la vista, aunque ninguno intervino.

Draco soltó una risa por lo bajo.

— Eso debió doler.

Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, señalando discretamente a Ron mientras este permanecía inmóvil, deseando que el suelo se lo tragara. Varios alumnos de Slytherin también murmuraban comentarios burlones entre ellos, disfrutando del espectáculo que acababan de presenciar.

— Los Weasley nunca dejan de hacer el ridículo.

Akira permaneció en silencio unos instantes. Su mirada se dirigió inevitablemente hacia la mesa de Gryffindor, donde Ron seguía con la cabeza gacha, incapaz de mirar a nadie. Harry parecía incómodo y Hermione observaba a su amigo con evidente preocupación. A ella no le hizo ninguna gracia ver cómo todo el colegio se reía de un error que, a esas alturas, ya había quedado bastante claro.

— No creo que esto tenga mucha gracia. —Dijo ella, frunciendo levemente el ceño.

— ¿Por qué no? —preguntó Draco, sin apartar la vista de la mesa de Gryffindor.

— Porque ya lo castigaron delante de toda la escuela.

Draco apoyó un codo sobre la mesa y siguió observando la escena con expresión pensativa. Para él, los castigos severos no eran algo extraño; había crecido viendo cómo su padre imponía disciplina sin demasiadas contemplaciones, por lo que le costaba entender el punto de vista de Akira.

— Se lo buscó.

— Probablemente.

Él giró la cabeza para mirarla, sorprendido de que no lo contradijera inmediatamente. Ya empezaba a conocerla lo suficiente como para saber que rara vez aceptaba una idea sin añadir algo más.



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En el texto hay: fanfic, hogwarts, dracomalfoy

Editado: 13.08.2026

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